Volviste (cinco y tn)

Capítulo 2 Entre sombras y secretos

Narra T/N

Estaba terminando mi almuerzo cuando la puerta de mi habitación —si es que se le puede llamar así a este búnker— se abrió. Era Pogo.

—¿Por qué tan feliz hoy, ocho? —me preguntó con esa curiosidad amable que siempre lo caracterizaba.

—Porque es mi cumpleaños. ¿No es razón suficiente? —respondí intentando cambiar de tema. Él sabía perfectamente cuándo estaba ocultando algo.

—Claro, pequeña. ¿Quieres que te traiga algo especial? —dijo, acariciando mi cabello con ternura.

—¿Galletas de chispas de chocolate? Son mis favoritas —pedí con una sonrisa.

—Ahora vuelvo. Enseguida te las traigo —prometió antes de salir.

Apenas se cerró la puerta, Cinco apareció frente a mí con un parpadeo espacial, sobresaltándome tanto que di un brinco.

—¡Ay! ¡Me asustaste! —exclamé, llevándome la mano al pecho, sintiendo mi corazón desbocado.

—Lo siento mucho, linda —dijo Cinco, acercándose para envolverme en un abrazo.

Su cercanía hizo que mi piel se erizara y que mi corazón se acelerara por una razón muy distinta al susto inicial. Me perdí en el aroma de su perfume y le correspondí con fuerza.

—Te perdono, solo porque te quiero demasiado —susurré contra su hombro.

Cinco se separó un poco y me tendió una pequeña caja roja con un listón. —¡Feliz cumpleaños, hermosa! Esto es para ti.

—Gracias... yo también tengo algo para ti —dije, señalando la caja negra con listón blanco que descansaba en mi cama.

—Gracias por el detalle. Sabes lo mucho que te quiero, ¿cierto? —dijo tomándome de las manos. Sentí como el calor subía por mis mejillas, tiñéndolas de rojo.

—Yo igual te quiero mucho —logré responder.

—Oye, en la noche... ¿me ayudarías con las ecuaciones para el salto temporal? —preguntó, rascándose la nuca, visiblemente apenado.

—¡Claro que sí! —respondí con entusiasmo.

—Creo que debo irme antes de que noten mi ausencia —dijo antes de besar mi mejilla. Mi corazón volvió a saltar. Iba a decirle algo más, pero un ruido en el pasillo nos puso en alerta y Cinco desapareció al instante.

Pogo entró justo después con el plato de galletas. —¿Qué hacías, ocho?

—Nada, solo pensaba... estoy harta de vivir aquí, Pogo. No tengo vida —dije con un deje de tristeza.

—Sé paciente. ¿Has avanzado con tus poderes?

—Sí, ya puedo controlar dos —dije, recordando las noches secretas de práctica con Cinco.

Le mostré: elevé el florero de la mesita, lo regresé con suavidad y luego me volví invisible, reapareciendo justo frente a él. Pogo sonrió, aunque sus ojos mostraban preocupación.

—Es un gran avance, pero te faltan seis más... —suspiró.

—Lo sé.

Pogo dejó las galletas y se retiró. Me quedé sola, practicando el control de mis elementos: agua, fuego, aire, tierra y hielo. Sin embargo, el más complejo era la electricidad; la última vez que intenté dominarla, dejé a toda la Academia a oscuras durante semanas. El cansancio me venció pronto y caí en un sueño profundo, del cual solo desperté al sentir unas caricias suaves en mi cabello.

Narra Cinco

Me aburrí de estar en mi cuarto. Nadie notaría mi ausencia, así que decidí bajar a ver a Ocho. Me teletransporté directamente al interior de su habitación.

Cuando ella me vio, dio un salto. —¡Ay! ¡Me asustaste!

—Lo siento mucho, linda —dije, abrazándola. Cuando ella me dijo que me quería, sentí que mi mundo se detenía. Me hacía sentir especial, algo que nadie más en esta estúpida academia lograba.

Después de intercambiar nuestros regalos, me sentí en paz. Verla sonreír era lo único que daba sentido a mis días. Sin embargo, el tiempo corría en mi contra. Al salir del sótano, me topé con Vanya.

—¿Qué hacías ahí abajo? —preguntó.

—Nada, no te metas en mis asuntos —respondí cortante, dirigiéndome a la biblioteca. Necesitaba conseguir un libro nuevo para Ocho.

—¿Por qué eres tan amargado? —insistió, bloqueándome el paso.

—¡No soy amargado, solo me fastidias! —la aparté con brusquedad.

—¡Cinco, yo te quiero mucho! —gritó detrás de mí.

—Yo también te quiero... como a una hermana —respondí antes de teletransportarme a mi habitación. Klaus intentó interrogarme poco después, pero no estaba de humor para sus juegos.

Tras un entrenamiento agotador bajo las órdenes de papá, logré escabullirme. Tomé el libro y mis apuntes y salté al sótano. Ocho estaba profundamente dormida. Me senté a su lado, observando la paz en su rostro, algo tan ajeno a nuestra realidad. Me incliné lentamente, acercándome a sus labios, cuando de pronto...




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