Volviste (cinco y tn)

Capítulo 4: El sabor de lo prohibido

𝐔𝐧 𝗮𝗻̃𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀

𝐔𝐧 𝗮𝗻̃𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀

Narra T/N

Un año había pasado desde que nuestra relación se consolidó en la sombra. Las paredes de la bóveda ya no se sentían tan frías porque él estaba aquí, rompiendo la monotonía del aislamiento. Estaba concentrada, moviendo pequeñas partículas de aire con un suave movimiento de dedos, cuando sentí unos brazos familiares rodeando mi cintura por detrás.

—Me asustaste, Cinco —dije, aunque mi sonrisa me delataba.

—Lo siento, hermosa —susurró él, dejando un beso lento y deliberado en mi mejilla. Me giré para quedar frente a frente.

—Oye, creo que por fin lo logré. Las ecuaciones del salto temporal están casi terminadas —le dije, mostrándole mi cuaderno de notas.

Cinco me miró con esa intensidad que siempre lograba desarmarme. —Además de hermosa, eres una genio —dijo, cerrando la distancia entre nosotros. Nuestras respiraciones empezaron a mezclarse, creando un campo magnético que me hacía olvidar dónde terminaba yo y dónde empezaba él.

—Lo sé —respondí, sintiéndome audaz.

Él acortó el espacio, sus ojos fijos en mis labios. —No tienes idea de cuánto me muero por verte —dijo con voz ronca.

Solté una carcajada, rompiendo el hechizo. —¿Perdón? ¿Me estás viendo ahora mismo, Cinco? —me burlé.

Él frunció el ceño, claramente frustrado por mi falta de seriedad. —¿De qué te ríes?

—Te equivocaste de palabra, gruñón —le dije, suavizando mi tono mientras lo atraía hacia mí.

—Me muero por besarte —corrigió él, ahora con una sinceridad que me dejó sin aliento—. Es que me pones tan nervioso cuando estás cerca... no puedo ni pensar con claridad.

—Tú también me pones así —confesé, dejando caer la guardia.

Él sonrió, esa sonrisa que solo reservaba para mí, y me tomó de la cintura. Estábamos a centímetros de besarnos, pero recordé lo de ayer: ese comentario estúpido sobre mi "que linda...cama" que me hizo sentir tan ignorada pensando que me lo había dicho a mi. Decidí que era hora de cobrar la factura.

—Me muero por besarte —repitió él—. Y no sabes cuánto.

—Lástima —susurré, y antes de que pudiera reaccionar, me volví invisible y me desvanecí en el aire.

Escuché su gruñido de frustración. —¡Ocho! ¡No juegues así!

Aparecí detrás de él, susurrándole al oído: —¿Qué pasa?

Él se giró, sobresaltado, haciendo un puchero que, aunque intentara ocultar, lo hacía verse ridículamente tierno. —Eres mala conmigo. Me la debías, ¿verdad?

—Me la debía y me la cobré —dije, dirigiéndome hacia mis cosas para prepararme para la ducha. Él me siguió, abrazándome de nuevo.

—Sabes que me gustas demasiado, ¿cierto? No quería ser un idiota ayer. ¿Me perdonas? —insistió.

Ceder fue fácil. Era imposible mantenerle el rencor cuando sus ojos reflejaban una vulnerabilidad que nadie más conocía. —Está bien, te perdono. Pero no lo vuelvas a hacer. Sé directo.

Él asintió, pero cuando me dirigí al baño, se teletransportó bloqueando mi camino. Su presencia se volvió pesada, cargada de una electricidad que me hizo temblar. —¿Y ahora qué? —pregunté, con la voz un poco más aguda de lo normal.

Él se inclinó hasta que su frente tocó la mía. —¿Nunca te han dicho que es malo quedarse con el antojo? —murmuró cerca de mis labios.

—¿De qué ha...?

No pude terminar. Sus labios se encontraron con los míos, primero con una timidez que se transformó rápidamente en una urgencia desesperada. Era un beso que sabía a años de encierro, a secretos compartidos y a una devoción profunda. Nos separamos por falta de aire, solo para buscarnos de nuevo, como si nos quedara poco tiempo en este mundo. Cuando finalmente nos detuvimos, apoyó su frente contra la mía, con los ojos cerrados.

—No sabes cuánto tiempo esperé por esto. Te amo, T/N.

—Yo también te amo, Cinco —logré decir, sintiéndome más roja que nunca.

Me robó un último beso antes de teletransportarse. Me quedé sola en la bóveda, con la piel ardiendo y el corazón latiendo a un ritmo que no conocía. Esa noche, el sueño no llegó; solo mis recuerdos, que ya tenían el sabor de sus labios.

Narra Cinco

Llegar a la bóveda es el único momento en que siento que realmente vivo. T/N es mi centro, mi ancla en este mundo lleno de gente vacía. Después de ese beso, después de escucharla decir que me amaba, sentí que la Academia Umbrella dejaba de ser una cárcel. Por primera vez, el futuro no me parecía algo aterrador, sino una promesa.

Verla sonreír, verla esforzarse por dominar esos poderes que ni siquiera mi padre comprende... ella es la única que me hace querer ser mejor.

Mañana volveré. Mañana seguiremos con las ecuaciones. Y mañana, quizás, encontremos la forma de salir de aquí juntos. Porque ella es mi mejor amiga, mi confidente, mi primer amor y, si tengo suerte, mi única salvación.

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