Volviste (cinco y tn)

Capítulo 16: Sombras en el parque y el peso de una mentira

Narra Vanya

La humillación ardía más que cualquier herida física. Las palabras de Cinco —un maldito estorbo— no eran solo frases; eran estacas que se clavaban directamente en mi corazón. Me quedé en medio del apartamento, rodeada por el silencio que dejó su partida, mientras un vaso sobre la mesa de centro explotaba en mil pedazos, víctima de mi propia angustia.

Mis manos temblaban, pero no por el frío, sino por una ira ciega que no reconocía. Corrí hacia el baño, buscando desesperadamente mi frasco de antidepresivos. Papá siempre decía que eran para controlarme, para "mantener la armonía", pero en ese momento, las pastillas se sentían como la única red de seguridad que me impedía lanzarme al abismo. Me tragué varias, con la esperanza de que el químico silenciara las voces, el recuerdo de sus manos entrelazadas y la sensación de haber sido reemplazada por una chica que parecía salida de una pesadilla helada.

Esa maldita pagará, pensé mientras el agua de la ducha corría sobre mi piel. Cinco no es mío, pero si él no puede ser mío, entonces nadie será capaz de tocarlo. Mi venganza será una nota que nadie podrá ignorar.

Narra T/N

El parque estaba sumido en un silencio que se sentía como una tregua en medio de una guerra. Me senté en una banca de madera astillada, tratando de respirar, de convencerme de que el mundo no se estaba desmoronando, a pesar de que el apocalipsis estaba a la vuelta de la esquina y el chico que amaba acababa de dudar de mi lealtad.

—¿Qué hace una chica tan linda sola en un parque a estas horas?

La voz era nueva, suave, carente de la carga emocional que destilaban todos en la Academia Umbrella. Levanté la vista. Un chico de tez blanca y cabello rubio, con una sonrisa que parecía genuinamente amable, me observaba con curiosidad.

—Pensar —respondí, mi voz sonando apenas como un murmullo melancólico.

—¿Y se puede saber el nombre de la bella dama?

—T/N. ¿Y tú?

—Soy Mark —respondió él, sentándose a una distancia prudente—. Y tienes un nombre precioso, T/N. Dime, ¿qué es lo que te tiene tan pensativa? ¿Algún chico?

Me reí por instinto, una risa seca que nació en mi pecho. —¿Se nota tanto? No lo sé... no estoy segura de lo que somos. Me gusta, supongo, pero la situación es... complicada. Hubo una discusión, desconfianza, y mucho dolor de por medio.

Mark me observó con una empatía que me tomó por sorpresa. —Ven conmigo. Conozco un lugar que te ayudará a despejar la mente.

Dudé. Cinco siempre me había advertido sobre los extraños, pero Cinco ya no estaba. O al menos, no era la persona que yo conocía en ese momento. Extendí mi mano hacia la suya, dejando que el destino decidiera por mí.

Caminamos durante un buen rato, dejando atrás las luces del centro. Mark se detuvo en un puesto de helados pequeño y pintoresco, iluminado por luces de neón que parpadeaban.

—¿De qué sabor quieres? —preguntó, mirándome con esa sonrisa radiante que no parecía borrarse.

—No lo sé. ¿Qué me recomiendas?

—Chocolate con chispas. Es el mejor de la ciudad.

Pedimos los helados y nos sentamos en una mesa pequeña al aire libre. La conversación fluyó con una ligereza que me resultaba extraña. Mark era capitán de fútbol, tenía problemas familiares y acababa de terminar con su novia, Emelie, después de que ella lo engañara con su mejor amigo.

—¡Qué zorra! —solté sin pensar.

Las personas en las mesas cercanas se giraron para mirarme. Me sonrojé hasta las raíces del pelo, agachando la cabeza, pero Mark soltó una carcajada sonora, limpia y genuina.

—¡Oye, no es gracioso! —le reclamé, dándole un zape en el brazo.

—Lo es, T/N. Tu cara de indignación vale oro. Pero ya, basta de mi vida. ¿Y tú? ¿Cuál es tu historia?

Suspiré, y por un momento, me permití ser sincera con un extraño. —Tuve un padre que nunca me quiso, una madre que solo podía seguir órdenes y un chico que amé desde pequeña. Pero el destino es cruel; su hermana adoptiva está obsesionada con él. Discutimos por culpa de las mentiras que ella le contó sobre mí, y terminé sola, caminando por la calle sin saber a dónde ir.

Mark me miró con los ojos muy abiertos. —Wow. Eso es mucha carga para una sola persona. Pero, ¿sabes qué? A veces, el destino te pone a prueba solo para ver cuánto vales.

Una chica se acercó para cobrarnos. —¿Disculpen, son pareja?

Iba a negar con la cabeza, pero Mark se adelantó: —Sí, somos pareja.

Le lancé una mirada asesina, pero él me hizo un gesto para que guardara silencio.

—Entonces los helados están a mitad de precio para las parejas —dijo la chica antes de retirarse.

Cuando estuvimos solos, comencé a reír. Mark era un alivio, una interrupción necesaria en mi vida de secretos y poderes incontrolables. Al terminar, el cielo empezó a cubrirse y, al notar que no tenía un hogar al cual volver —la Academia no era un hogar, era una jaula—, él me propuso quedarme en su casa.

—Tranquila, no es lo que imaginas. Tenemos una habitación de invitados y mis padres estarán en casa. Estarás segura.

Acepté, sumida en una fatiga que me pesaba en los párpados. Al llegar, la casa de Mark era un refugio cálido, lleno de fotografías familiares y el olor a hogar que nunca tuve. Saludé a sus padres y a su pequeña hermana, quien me observó con curiosidad.

—Hola —le dije.

—¿No me vas a gritar como las otras novias de Mark? —susurró ella.

Me sorprendió su franqueza. La abracé y ella respondió al abrazo con una calidez que me hizo sentir, por un breve momento, que quizás, después de todo, podía ser alguien normal.

Narra Cinco

La ciudad me parecía una cárcel sin barrotes. Había buscado en cada rincón, preguntando a los vagabundos, a los dueños de negocios, a cualquiera que pudiera haber visto a una chica con la mirada de T/N. Nada.

La culpa me devoraba. Vanya me había manipulado como a un principiante, y yo, el hombre que había sobrevivido al apocalipsis, había caído en su trampa. Mis saltos espaciales se volvían cada vez más erráticos debido a la falta de energía. Sabía que la Comisión no tardaría en rastrear mi firma de energía.




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