Volviste (cinco y tn)

Capítulo 17: El capitán y la chica sin dirección

Narra Mark

El aire de la tarde pesaba. Emelie, mi exnovia, me había citado en el Parque Central. No iba a mentir: mi corazón todavía daba un vuelco al verla, pero las heridas que me dejó su traición con mi mejor amigo seguían frescas. Decidí no decirle nada a mi madre; ella nunca soportó a Emelie y, si le mencionaba que salía a verla, me habría encerrado bajo llave.

Caminé con las manos en los bolsillos, ensayando en mi mente palabras que sonaran frías y distantes. Cuando llegué, ella estaba allí, impecable, con esa sonrisa que solía ser mi salvación.

—Qué bueno que ya estás aquí —dijo, intentando romper la distancia con un abrazo. Me hice a un lado. Su expresión pasó del entusiasmo a la sorpresa, y luego a una indignación mal disimulada.

—¿De qué quieres hablar? No tenemos nada pendiente, Emelie.

—Creí que podríamos hablar del baile de graduación —respondió, ignorando mi rechazo—. Necesito saber de qué color será tu traje para coordinar mi vestido.

La miré con incredulidad. ¿En serio creía que todo seguía igual? —Esa propuesta expiró en el momento en que decidiste romper lo nuestro.

—Pero Mark, podemos seguir juntos. Sé que aún me amas, yo también lo hago —dijo, acercándose de nuevo. Su perfume, antes mi favorito, ahora me resultaba empalagoso, una máscara para ocultar su falta de lealtad.

Me alejé con brusquedad. —Déjame. Ya no estamos juntos. Si eso era todo, me largo.

Ella empezó a sollozar, un espectáculo que ya conocía demasiado bien. —¡Te vas a arrepentir! ¡Te acordarás de mí! —gritó mientras corría hacia la salida.

Me desplomé en una banca, exhausto. La quería, sí, pero el amor no puede sostenerse sobre la base de la mentira. Fue entonces cuando escuché el llanto. No era el llanto melodramático de Emelie; era un sollozo ahogado, profundo, lleno de una soledad que me caló los huesos.

Divisé a una chica sentada unos metros más allá. Era hermosa, pero su belleza estaba ensombrecida por una melancolía que me resultó magnética. Me acerqué, dudando en cada paso, pero cuando levantó la vista, quedé hipnotizado. Sus ojos tenían una profundidad que no pertenecía a este parque.

—Hola —dije, sintiendo que mi propia angustia se disipaba.

Ella me miró, confundida, y luego desvió la vista hacia los árboles. —Hola —respondió cortante.

Me senté a su lado, buscando una apertura. —¿Qué hace una chica tan linda sola en un parque?

Ella sonrió un poco, una sonrisa frágil. —Pensar.

—¿Puedo saber el nombre de la bella dama?

—Soy T/N. ¿Y tú?

—Mark. Es un nombre lindo el tuyo, T/N. ¿Qué te tiene tan pensativa?

—Me enojé con... —se detuvo, como si no supiera cómo definir a esa persona.

—¿Con tu novio? —pregunté.

—No lo sé. Ni siquiera sé qué somos. Me gusta, pero nunca me pidió nada.

Escucharla hablar con tanta honestidad sobre sus sentimientos me hizo sentir una conexión inmediata. Decidí que el parque no era lugar para alguien como ella. —Ven, te llevaré a un lugar que te hará sentir mejor.

Al principio dudó, pero terminó tomando mi mano. La llevé a mi puesto de helados favorito. Mientras comíamos chocolate con chispas, le pedí que me contara sobre ella. Y T/N, a pesar de ser una desconocida, se abrió conmigo. Me habló de un padre ausente, de una madre distante y de un chico al que amaba desde pequeña, alguien cuya hermana adoptiva estaba obsesionada con él hasta el punto de la locura.

Cuando la chica del puesto nos preguntó si éramos pareja, me adelanté y dije que sí. Fue la única forma de obtener un descuento, pero al ver la expresión confundida de T/N, me eché a reír.

—Tranquila, solo lo hice para que el helado fuera más barato —le dije, probando el mío. Estaba delicioso, pero su risa, cuando finalmente se relajó, era mucho mejor.

Hablamos de todo. Le conté sobre el equipo de fútbol, sobre mi decepción con Emelie, y ella se rió tanto que olvidó la tristeza que traía al principio. Cuando terminamos, se hizo evidente que T/N estaba perdida. No tenía dirección, no sabía a dónde ir. La invité a mi casa, insistiendo en que mis padres estaban allí y que solo era una habitación de invitados.

Al llegar, mi madre nos recibió con esa preocupación típica de ella. —¿Por qué tan tarde, Mark? Me tenías muy preocupada.

Presenté a T/N como mi amiga. Mi madre, siempre hospitalaria, la recibió con una sonrisa y una invitación a cenar. Durante la cena, la pequeña de la casa, mi hermana, se acercó a T/N y la abrazó. Me quedé sorprendido; mi hermana suele ser muy cerrada con los desconocidos.

—¿No me vas a gritar como a todas las novias de Mark? —susurró la niña.

T/N, con una dulzura infinita, le respondió: —Jamás le gritaría a alguien tan linda como tú.

Verlas así me hizo sentir una calidez que no sentía desde hacía meses. Después de cenar, la llevé a la habitación de invitados.

—Aquí dormirás. Mañana desayunamos y buscamos tu casa, despistada —dije riendo.

—Eres lindo, pero a la vez un tarado, ¿sabes? —respondió ella, dándome las buenas noches.

Esa palabra, "lindo", se quedó retumbando en mi cabeza. Me fui hacia mi cuarto y me topé con mi hermana. —Ella me agrada mucho. Será una novia linda para ti —dijo antes de desaparecer en su habitación.

Me quedé ahí, solo en el pasillo, con la imagen de T/N sonriendo. Emelie era el pasado, un error del que aprendí. Pero T/N... T/N era un misterio, una chica que arrastraba una tormenta personal que apenas empezaba a comprender. Y, por primera vez en mucho tiempo, no me importó el mañana. Solo sabía que quería conocer cada secreto que esa chica despistada ocultaba tras su mirada.

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esto se pone cada vez mejor , hoy revise muchas cosas como evoluciona la historia ,y me encanto saber que no solo en mexico me leen bueno en verdad me emocione gracias en verdad y si no actulizo seguido les informo que estoy castigada besos




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