Narra T/N
La noche en casa de los padres de Mark se había sentido extrañamente acogedora, un paréntesis de normalidad en mi existencia caótica. Sin embargo, el sueño fue interrumpido por un roce suave. Abrí los ojos, con los sentidos alerta, y vi a Nicol, la hermana pequeña de Mark, tiritando al pie de la cama.
—Lo siento mucho, no quería asustarte —susurró con miedo.
—Tranquila, cielo. ¿Qué pasa?
—Tuve una pesadilla —dijo, buscando refugio. Me hice a un lado y la niña se acurrucó a mi lado, durmiéndose al instante. Verla allí, tan vulnerable, me recordó a la versión de mí misma que quedó atrapada en la bóveda, esperando una visita que nunca llegaba.
Horas después, el estruendo de golpes en la puerta me despertó. Mark, con el rostro desencajado, estaba en el umbral.
—¿Qué sucede? ¿Por qué tanta desesperación? —le pregunté, confundida.
—¡Nicol no está en su habitación! —gritó, con la voz quebrándose.
—Está aquí, tuvo una pesadilla y vino a buscarme —respondí. Mark se asomó, vio a su hermana durmiendo plácidamente y su cuerpo se relajó por completo. Aquel momento de alivio fue breve, pero real.
Después de desayunar, Mark y yo decidimos que era hora de enfrentar mi pasado. Yo necesitaba encontrar la Academia. A pesar de mis lagunas mentales, el instinto me guiaba hacia aquel lugar oscuro y lleno de secretos. Mientras caminábamos, Mark me propuso ir a la fiesta de su escuela en dos días.
—¿Irías conmigo? No quiero ir solo, y después de lo de Emelie... sería un alivio tenerte cerca —dijo, con un nerviosismo que me resultó tierno.
—Claro, sería divertido. Nunca he ido a un baile —respondí, sonriendo. Fue en ese momento, cuando él me abrazaba con entusiasmo, que un grito desgarrador partió el aire. Nos separamos de golpe. No era un grito de alguien herido, era un grito de pura furia.
Narra Cinco
La clínica era un laberinto de olores antisépticos y miradas sospechosas. El ojo de cristal que encontré en el futuro —esa reliquia de un tiempo que ya no existe— pesaba en mi bolsillo como si estuviera ardiendo. Necesitaba saber a quién pertenecía. Era la clave, la única migaja de información que tenía para detener el Apocalipsis.
Un médico se acercó, interceptándome. —Necesitas algo, jovencito?
—Necesito saber de quién es esto —dije, arrojando el ojo sobre su escritorio con un golpe seco.
El médico palideció. —¿De dónde sacaste esto?
—¿Qué importa? Lo encontré. Quiero devolvérselo a su dueño —mentí con una arrogancia que ocultaba mi desesperación.
—Los historiales de los pacientes son confidenciales. Significa que no puedo...
Lo interrumpí, acortando la distancia entre nosotros. —Sé lo que significa. Lo que sí puedes hacer es buscar en tu base de datos y darme el nombre, o te juro que te haré arrepentirte de haber estudiado medicina.
—Seguridad, llamen a seguridad... —empezó a balbucear el hombre.
No esperé. Con un movimiento rápido, lo tomé de la bata, arrastrándolo contra la pared. —Escúchame bien, imbécil. Vengo de muy lejos, de un futuro que te haría perder la cabeza. Dame los datos que necesito o juro que voy a aplastar tu cráneo contra este concreto.
La recepcionista gritó, y el caos estalló. Salí de la clínica dejando tras de mí un rastro de terror, furia y frustración. Ese ojo era la única pieza del rompecabezas, y parecía que el universo entero se confabulaba para no dejarme avanzar.
Narra Agente Patch / Diego
La estación de policía era un polvorín. Diego estaba bajo arresto, esposado a una silla, pero no podía dejar de interrumpir.
—¿Hablaste con lo del remolque? —preguntó Diego, intentando robarme el reporte de la cafetería de Agnes. Se lo arrebaté de las manos con un movimiento rápido.
—¡Cállate! La próxima vez que te metas en un caso mío, que intimides a mis testigos o toques una sola pieza de evidencia, te encerraré por obstrucción a la justicia. ¿Te ha quedado claro, Diego? —le espeté, harta de sus juegos de justiciero de pacotilla.
—Joder, Udora. Debes relajarte —dijo él, con esa sonrisa cínica que tanto odiaba.
—¡No me llames así! —la rabia me consumía—. Eres un obstáculo, Diego. Siempre lo has sido.
—Me conoces, te gusta seguir las normas, pero vives para encerrar a la escoria. ¿Por qué no sueltas la placa una noche y sales a las calles conmigo? Sé que mueres por hacerlo.
Lo ignoré, pero en el fondo de mi mente, las palabras del otro "agente" —el impostor— y la masacre de la cafetería me carcomían. Algo estaba pasando, algo que superaba la capacidad de cualquier policía normal. Y Diego, a su manera errática, tenía razón.
Narra T/N
Mark y yo estábamos a unas calles de la Academia, hablando sobre el baile, cuando vi una sombra familiar. Cinco. Estaba parado a pocos metros, con una expresión de tormento que no había visto antes. Pero no estaba solo. Vanya venía caminando desde el lado opuesto, con una mirada gélida.
—¡Cinco! —grité antes de que pudiera frenarme.
Cinco se giró. Su rostro, que un segundo antes estaba lleno de dolor, se transformó en una máscara de incredulidad. Pero la alegría duró poco. Vanya, al verme, se puso rígida. La estática en el aire era tan intensa que sentí cómo el oxígeno se quemaba a nuestro alrededor.
—¡T/N! —Cinco corrió hacia mí, pero Vanya se interpuso en su camino, creando una barrera invisible de energía oscura.
—¡No te acerques a ella! —gritó Vanya. Sus ojos empezaron a brillar con una luz blanca que no venía de ninguna parte. Era ella. Ella era la causa del apocalipsis. Lo supe en ese instante.
Cinco se detuvo, su arrogancia desvaneciéndose ante el poder que Vanya estaba desatando. Mark me tiró hacia atrás, protegiéndome.
—¿Quién es este? —gruñó Cinco, ignorando el poder de Vanya y clavando su mirada en Mark. Los celos y el caos del mundo colisionaron en sus ojos.