Narra T/N
Después de haber ido a ver a cinco regrese a casa de Mark y vaya que era un fastidio buscar ropa.
Dos horas. Dos horas buscando un vestido que no me hiciera sentir como un maniquí de exhibición. Mis pies dolían, mi paciencia estaba bajo mínimos y el mundo exterior, el apocalipsis que Cinco me había descrito, parecía una broma cruel comparado con la trivialidad de los centros comerciales. Pero entonces, lo vi. Un vestido sencillo, elegante, que encajaba con la persona que sentía que era antes de que Reginald me encerrara en hielo.
—¿Qué tal? —pregunté, saliendo del vestidor.
Mark se quedó sin habla. Su sonrisa era tan genuina que sentí un sonrojo real subir por mis mejillas. Emma y Nicol, la hermana pequeña de Mark, aplaudieron con entusiasmo. Me sentí humana por primera vez en años. Pero esa burbuja estalló cuando una figura familiar bloqueó la salida.
—Dios, conque por eso no querías ir conmigo al baile... ¿porque irás con esta zorra? —la voz de Emelie era como cristales rotos.
Sentí cómo la sangre se me acumulaba en la cabeza. Antes de que pudiera controlarlo, Nicol se interpuso, protegiéndome. Emelie, con la maldad destilando de sus ojos, agarró a la niña del brazo. Fue entonces cuando algo se rompió dentro de mí. Mis ojos se encendieron en ese azul eléctrico que ya empezaba a reconocer, y mis manos se movieron por instinto. Agarré a Emelie del cabello con una furia que no era mía, era una descarga de energía pura.
—Si vuelves a tocar a Nicol, no sales viva de aquí —siseé. El miedo en sus ojos fue instantáneo. La solté, y el mareo me golpeó como un maremoto. Lo último que vi fue a Mark y Nicol gritando mi nombre antes de que la oscuridad me engullera.
Desperté horas después, con el cráneo latiendo con un ritmo infernal. Nicol estaba a mi lado, velando mi sueño.
—Tus ojos... se volvieron electricidad —susurró ella—. Pero no te preocupes, solo yo lo vi.
—Gracias, Nicol. Por no alejarte de mí.
—Eres la chica buena que siempre quise conocer —me dijo, abrazándome.
Cuando Mark entró, la conversación se volvió real. Nicol ya sabía lo de mis poderes. El secreto estaba fuera, y una parte de mí se sintió liberada. Pero mientras Mark me miraba con adoración, me pregunté: ¿cuánto tiempo duraría esta normalidad antes de que el peso de la Academia Umbrella nos aplastara a ambos?
Narra Cinco
Estaba sentado en un bar mugriento, rodeado de botellas vacías. Dolores, mi única compañera durante décadas, estaba escondida entre unos muebles. ¿Qué estaba haciendo? Intentar salvar al mundo solo, sin la única persona que realmente entendía mis ecuaciones, era una locura. Estaba furioso con T/N, sí, pero el odio que sentía hacia mí mismo era infinitamente mayor.
¿Ella realmente me ama? La pregunta me carcomía. ¿O solo estaba conmigo porque era lo único que conocía? La duda, ese veneno silencioso, nublaba mi juicio. Bebí hasta que el bar se convirtió en una mancha borrosa, hasta que la realidad dejó de tener bordes definidos. La última cosa que vi antes de perder la conciencia fue el reflejo de un hombre roto en la superficie de un vaso de whisky.
Narra Luther
La Academia era un mausoleo. Reginald Hargreeves no era solo un padre; era una institución que nos había moldeado a su imagen y semejanza. Necesitaba respuestas sobre Ocho. Si papá la ocultó, debió ser por una razón lógica, algo que fuera más allá de su crueldad habitual.
Me colé en su oficina. El aire aún olía a su tabaco. Forcé el cajón cerrado con llave. Mis manos, grandes y toscas, temblaron al pasar página tras página de sus archivos personales. Cuando encontré la carpeta de Número Ocho, el mundo se detuvo. Los apuntes no eran solo sobre poderes; eran sobre una "anomalía" que Reginald no podía controlar.
Pasos.
Acomodé todo rápidamente antes de que Pogo entrara.
—¿Luther? ¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó Pogo.
—Es extraño estar aquí y no verlo —respondí, intentando sonar natural.
—Lo sé. Era mi amo y mi mejor amigo. Su pérdida me ha dejado huérfano.
Salí de allí con el corazón latiendo a mil por hora. Estaba cerca, lo sentía. Pero justo cuando llegaba al pasillo, el sonido de cristales rotos y disparos desde la planta baja me obligó a actuar.
—¡A cubierto! —grité.
Dos figuras con máscaras infantiles —un conejo y un oso— estaban sembrando el caos. Vanya acababa de entrar, ajena al peligro. Me lancé sobre ella para protegerla, recibiendo un rozón de bala en el hombro. Diego y Allison aparecieron de las sombras, su entrenamiento militar activándose en un baile coordinado de cuchillos y manipulación.
—¡Vanya, sal de aquí! —bramó Diego.
Luchamos con todo lo que teníamos, pero los atacantes eran profesionales. En un momento de descuido, un candelabro masivo, derribado por una ráfaga de escopeta, cayó sobre mí. El impacto fue brutal, dejándome inmovilizado bajo el metal frío mientras veía cómo Allison y Diego trataban de ganar terreno. La Academia ya no era segura. Nada lo era.
Narra Allison
Pogo me había llevado a ver las cintas. Ver mis recuerdos proyectados en una pantalla, ver cómo papá nos grababa como animales de circo, me dio una claridad que me heló la sangre. Pero la última cinta, una que Pogo ni siquiera sabía que existía, mostró algo más.
Vi a Reginald hablando con alguien, un secreto que implicaba a T/N. No, no solo a ella. Implicaba a todos.
—Allison, ten cuidado con lo que descubres —dijo Pogo, pero ya era tarde. Había visto suficiente.
Bajé al vestíbulo justo cuando el caos estallaba. El tiroteo era una sinfonía de muerte. Vi a Luther caer bajo el candelabro, vi a Vanya llorando en un rincón y a Diego arriesgando su cuello contra esos psicópatas de las máscaras.
—¡Basta! —grité, pero mi voz no fue suficiente.
Entonces, lo recordé. Mi poder. No era solo para actuar. No era solo para manipular.
—Escuché un rumor... —la frase salió de mi boca antes de que pudiera pensar—. Escuché un rumor de que dejaron sus armas y se rindieron.