Volviste (cinco y tn)

Capítulo 34: El peso del tiempo y la sombra de un pasado olvidado

Narra Cinco

Me encontraba completamente destrozado. No entendía cómo había sido capaz de hacerlo; había roto todas y cada una de nuestras promesas. La había abandonado en el teatro en ruinas, en medio de la peor masacre posible, sin darle ninguna explicación lógica, sin un solo segundo para despedirnos como debíamos. Estaba terriblemente arrepentido.

La imagen de su rostro se grabó a fuego en mi mente: sus hermosos ojos cristalizados, anegados en lágrimas, rogándome con cada fibra de su ser que no la dejara atrás. Pero mis propios labios, atados por el pánico de un apocalipsis inminente y la presión ciega de mis hermanos, habían escupido lo contrario. Jamás podía cumplir lo que prometía, y ese defecto me estaba cobrando la factura más alta de mi vida.

Había aterrizado del salto temporal en el pasado hacía apenas unos instantes. No tenía la menor idea de dónde me encontraba exactamente, salvo que el aire olía a frío y humedad. Estaba de pie en un callejón estrecho y oscuro cuando un destello violento, un flash hiperdimensional que me dejó temporalmente ciego, iluminó la manzana. Al frotarme los ojos, descubrí que me hallaba frente a un edificio imponente dotado de grandes ventanas oscuras y un sinfín de cables cruzados en el techo, repletos de satélites analógicos y antenas extrañas. Era una pista evidente de algo mucho más grande, un engranaje de la Comisión. Sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia la entrada del complejo de apartamentos para buscar respuestas.

(Nota: El flujo temporal en la sede de la Comisión operaba bajo sus propias reglas; mientras que para mí apenas habían transcurrido unas pocas horas desde el salto, para T/N, atrapada en las entrañas del cuartel temporal, los días ya comenzaban a contarse por semanas).

Narra T/N

Había transcurrido una semana entera desde que me encontraba recluida en ese bucle interminable. Una semana desde su abandono, desde su cobarde traición. Me mantenía encerrada en la habitación escuchando música a través de un viejo reproductor —canciones de épocas pasadas y otras que ni siquiera habían sido inventadas todavía—, intentando mitigar el dolor físico y mental mientras cumplía con estricto reposo. Tomas era prácticamente la única persona que cruzaba la puerta de mi cuarto; a menudo nos sentábamos a charlar, y él se encargaba personalmente de que probara bocado para acelerar mi recuperación.

Mi mente vagaba inevitablemente hacia el día en que le exigí respuestas sobre mi supuesta pérdida de memoria.

Recuerdo el momento exacto:

—Bueno, estoy aquí para resolver todas tus dudas. Solo pregunta —me había dicho Tomas con una dulzura infinita, sentándose al borde de la cama.

—No entiendo qué hago aquí... ¿Y qué significa exactamente eso de que me borraron la memoria? —le pregunté con el ceño fruncido.

Él suspiró profundamente. Sus ojos azules comenzaron a cristalizarse, reflejando una tristeza inmensa. —Mira... tú y yo nacimos exactamente el mismo día. Nuestras madres eran inseparables, mejores amigas. Ninguna de las dos estaba supuesta a dar a luz todavía, pero antes de que terminara esa jornada, tú y yo vinimos al mundo. Se asustaron al principio, pero luego se alegraron muchísimo. A ti te nombraron Stefany, y a mí me llamaron Tomas Hall. Recuerdo que nuestras madres solían bromear diciendo que, de grandes, ambos nos casaríamos. Pasamos dos años enteros siendo inseparables, jugando a ser novios, planeando nuestra boda de mentira... éramos solo unos niños. Pero una noche oscura, desconocidos irrumpieron en tu casa. Cuando mi madre trató de intervenir para defender a tus padres, un hombre la hirió de gravedad. Vi con horror cómo una mujer de cabellos dorados te sacaba en brazos de la casa en llamas. Intenté correr detrás de ti, pero mi padre me lo impidió a la fuerza para que no me mataran también.

Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad. —Empecé a extrañarte cada día de mi infancia, y con los años esa necesidad se convirtió en un anhelo desesperado. No había un solo instante en el que no pensara en cuándo volvería a verte. Años después, mi padre murió y la Encargada apareció para "reubicarmen" aquí. Mi vida estaba totalmente destruida; tus padres habían muerto, los míos también, y yo estaba completamente solo. Cuando ya no quedaba nada por lo que luchar, mi única esperanza de salvación era encontrarte de nuevo. Habría dejado atrás el universo entero con tal de volverte a ver...

Lo miré con los ojos anegados en lágrimas, incapaz de procesar el volumen de aquella revelación. —Eso no es verdad... tú mientes —susurré, negando con la cabeza.

Él esbozó una sonrisa nostálgica y triste, encogiéndose de hombros. —¿Por qué diablos te mentiría sobre algo así?

—Porque no te conozco. ¿Cómo demonios podría comprobar que lo que me dices es real? Lo siento mucho, Tomas, pero dudo enormemente que eso haya ocurrido... tenías 2 años como correrías hacia a mi no tiene sentido

—Tengo una manera de demostrarte que no te miento —respondió con firmeza, extendiendo la mano hacia mí.

Dudosa, coloqué mi mano sobre la suya. Él me miró fijamente. —Cierra los ojos y déjate llevar.

Cerré los párpados. Segundos después, una avalancha de imágenes ajenas pero extrañamente familiares comenzó a proyectarse en mi mente: una casa humilde envuelta en columnas de humo negro; una mujer corriendo desesperada hacia el interior y saliendo poco después para desplomarse de rodillas sobre el pasto, con una enorme mancha carmesí expandiéndose en su abdomen antes de dar su último suspiro. Se escuchaban detonaciones sordas en el interior. Un niño pequeño intentaba correr hacia el cuerpo, pero un hombre lo frenaba en seco, tomándolo de la muñeca y arrastrándolo detrás de un grupo de árboles para ocultarlo. De la parte trasera de la casa salían siluetas con rostros ocultos bajo máscaras infantiles, cargando en brazos a una niña pequeña que pataleaba y gritaba a pleno pulmón:




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