Voracidad

40. La sangre en mis recuerdos I.

Todos los huesos crujieron, se deformaron y se volvieron algo más fuerte y poderoso, algo totalmente salvaje. Se sintió más fuerte por cada segundo que pasaba y por cada exhalación que tomaba. Ya no sentía dolor y estaba tan aliviada que no lo notó al principio... había un sonido algo especial, que veía, olía y sentía en cada pelaje de su cuerpo, era algo especial e interesante. Y eso solo quería decir una cosa: ella sobrevivió al cambio.

Olfateó el aire y todo le pareció tan claro, tan lleno de vida que no podía creer como había vivido hasta ahora sin sentirse así. El aire, la tierra, el agua, los animales sin consciencia alta, todo eso podía entenderlo, podía leerlo y era como si nadie pudiera ocultarse de ellos.

Porque ahora eran dos, al fin.

Se concentró y estudió en lo que se había convertido su cuerpo, lo que cubría su cuerpo. Movió las orejas, enterró las garras en la tierra, movió la cola. Sí, todo se sentía como antes, como un recuerdo lejano, como hacía tantos años o al menos casi igual, había algo que Nix tenía que nadie más en siglos había tenido y eso tal vez fuera su ruina.

El fuego lo consume todo y lo toma para vivir, no se detiene y no perdona. El fuego es y siempre ha sido más muerte que vida.

Sin darle más pensamientos a esa verdad miró la luna que ya había perdido su altura máxima, dió un par de pasos casi perdiendo el equilibrio y apenas se acostumbró a caminar nuevamente empezó a acelerar el trote en medio de los árboles hasta que se encontraba corriendo pasiblemente mientras saltaba algunas ramas de los grandes árboles, algo llamaba sus nombres, algo venía atrás pero no era una amenaza realmente, aunque tenía una presencia abrumadora y... separada.

Se detuvo suavemente mientras veía un pueblo considerablemente grande y fué cuando realmente los sintió, a todos ellos atrapados en los muros de esas grandes tierras que estaban consumiendo la magia del lugar y a sus habitantes lentamente. Cerró los ojos y alzó la cabeza, sí, había una mínima variedad obedeciendo un lazo que carecía de fortaleza, linaje y poder, algo que para los Cambiaformas de antaño lo era todo y al parecer en esta nueva era había sido olvidado.

Peló los dientes y esa sed de querer recordarles eso que sus linajes habían olvidado surgió fuertemente erizando el pelaje. Lo haría, oh, claro que lo haría.

Aulló fuertemente a la luna y fué especial, el primer llamado real que había en décadas y el primero en una dueña como esta, con la fuerza de los dos nada los detendría.

Ese aullido se sintió en todo el pueblo de Witteler y los Cambiaformas no fueron los únicos que lo escucharon, así que todos, sin excepción, supieron en ese momento que Nix lo había logrado y que al fin, después de todo, alcanzó la adultez y se unió al último lobo negro de pie con éxito.

Algo que se creía extinto, enterrado en el pasado junto con ese mar de sangre, junto con todos sus dueños, ese linaje había sido erradicado pero de alguna forma aquí, en este pedazo olvidado del continente, un lugar que no era de nadie, al fin se alzó la especie dominante de los Cambiaformas y nadie podría predecir que pasaría ahora, al menos nada bueno, una niña defectuosa se había manifestado y unido a una bestia mortal y ansiosa de sangre, al menos eso es lo que sabe y se recuerda de los lobos negros, aunque bien podría no ser verdad, pero quizá tendrían razón al creerles a sus viejos instintos, después de todos estos estaban conectados a la naturaleza salvaje y esta siempre recuerda, siempre.

Nix fué tomando consciencia junto a su lobo y lo reconoció, el miedo, el dolor y la frustración que había sentido con el en antaño fué tomando forma y logró a ser comprendido. Había una única razón por la que siempre sintió que la atacaba, que intentaba matarla, y esa era la necesidad de manifestarse, unirse a ella y poder mostrarse al mundo. Poder oler, sentir, estar conectado de nuevo a la vida porque él había estado todo este tiempo muriendo mientras esperaba a que estuviera preparada para aceptarlo y que su cuerpo al fin madurara.

La ira que había sentido venía de él, de eso no había duda, pero también de ella y se había estado engañando todo este tiempo de que no. Nix se enojó y mucho, incontables veces, aunque lo que había estado sintiendo últimamente con todo lo que había pasado empezó a hacer una grieta llena de dolor en su corazón, pero nunca pensó que ese dolor tan fuerte se vería convertido en odio. Ahora podía verlo, sentirlo y casi podía saborear la sangre en su propia boca, no solo en las fauces del lobo.

Miró desde la piel del lobo sentada en esa colina y pensó, pensó, y pensó, tantas cosas que quería hacer ahora pero que no podía, no aún, estaba aprendiendo, adaptándose, recordando… Era una adulta nueva, aunque su lobo fuera experto ella aún no, ni siquiera podía mantener las dos conciencias juntas porque no podía soportarlo aún, cuando él despertaba y era puros instintos ella dormía en lo más profundo y cuando ella tomaba el control él se iba, así que… tenía que esperar hasta ser más fuerte porque manejar esa piel no era posible, la bestia y su dueño debían ser uno solo, una unidad y todavía faltaba para eso, después de todo ellos siempre habían estado separados aunque habitarán en la misma alma.

Tiempo, tiempo… y eso es justamente lo que no tengo… maldición…

—Nix… —escuchó su nombre a lo lejos.

Ella reconocía esa dulce y amada voz, era él… ahora lo podía sentir con mucha claridad. Su pecho se aceleró y el lobo fué retrocediendo lentamente, no quería que él la viera por más tiempo así, aún no. De igual forma aunque quisiera no sería capaz de mantenerse así por mucho tiempo, después de todo controlar ese cuerpo salvaje era una carga muy pesada. Tenían que ser los dos, ella y el lobo quién controlaran a esa bestia.



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 14.02.2026

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