Voracidad

42. Yo soy Nixten.

Cenizas…

Cenizas…

Cenizas…

Nix repetía esa palabra una y otra vez en su mente mientras las lágrimas que rodaban por sus mejillas se convertían en un pequeño halo de vapor. Esa simple acción y el significado de su nombre hacían eco en su mente tan adolorida, esa que la tenía incapacitada en ese momento. El solo hecho de conectar pensamientos entre sí apenas y era soportable así que a causa del regreso de todas sus memorias, el despertar de su Magia, su cuerpo y todo lo que la acompañaba eran incapaz de mandar órdenes o tomar el control.

Esos ojos naranjas que brillaban cuáles llamas miraban sin ver realmente a un cielo lleno de nubes negras y las cuales ocultaban al sol anunciando una gran tormenta, una que esperaba fuera capaz de borrarlo todo, incluso a ella.

A su lado había un joven de cabellos azules tan oscuros que a simple vista parecían negros que la miraba con tanto dolor y añoranza que sí ella se lo hubiera permitido la tendría entre sus brazos incluso si eso significaba que el despertar casi descontrolado de su Magia lo hiciera añicos, después de todo alguien que no es capaz de dominar toda su mente y memoria sería devorado por su propio poder.

Los vientos habían empezado a sacudir a los árboles, incluso a los más grandes y los animales corrían a esconderse de esa promesa de destrucción que susurraba ese viento, sí todos los Cambiaformas y Usuarios de Magia le tuvieran respeto a sus instintos habrían hecho lo mismo.

Pero esto, todo esto, era sólo un interludio sobre lo que se avecinaba y solo el más fuerte sobreviviría, así lo dictaban las leyes de la naturaleza que era aplicada para todas sus especies. Era este hecho inamovible lo que mantenía un equilibrio perfecto entre todo lo que ofrecía Mizard en su pequeño y gran continente separado por un vasto mar de todo lo demás.

Entonces cuando está pequeña línea era rota todo el orden se rompía y era necesario que cualquier irregularidad sea contenida o… exterminada dependiendo del caos de su existencia.

Así que… cuando dos irregularidades son bendecidas con un lazo irrompible por la naturaleza, ¿qué podría hacer está misma por corregir la convergencia de sus fallos? Tal vez haría gala de toda su hambre por controlarlo y tenerlo todo bajo su dictamen.

Porque todo es para y por la gracia de Izard, el Dios dueño de este pequeño mundo.

Y mientras el mundo giraba, y giraba, y giraba y giraba en una espiral que parecía infinita Nixten gritó tan fuerte cuando sus verdades colisionaron que una onda viajó por la tierra que pertenecía a Weteeler llevando consigo un calor extraño que no se fué por un largo momento. Los animales agradecieron ya estar escondidos y toda la flora se encogió sobre sí misma sintiéndose herida.

Cuando un alma tenía que soportar dos cualidades diferentes de la misma naturaleza se fragmentaba, se destruía así misma y se volvía solo un despojo lleno de dolor y un instinto de destrucción tan fuerte que era imposible que la persona que en algún momento fué volviera, por esa razón se prohibió la reproducción entre especies diferentes.

Rara vez alguien sobrevivía así mismo, solo se habían documentado dos casos y su vida había sido muy corta, la llama del alma se consumía a una velocidad impresionante.

Por eso cuando una especie estaba caminando hacia su extinción los altos mandos se encargaban de que así fuera, sin ningún tipo de oportunidades o esperanzas. Está decisión se volvió una ley hacía ya mucho tiempo y empezó con lo poco que quedaba de la familia de su madre, Dalylah Nsuka, y que debería haber acabado con ella. Porque era cierto, todo era cierto, pero que la razón estuviera del lado de un perfecto equilibrio ordenado por alguien mucho más grande que ellos no lo volvía una verdad absoluta para las vidas afectadas.

Todo se volvía más difícil y le hubiera gustado al menos ser capaz de arrepentirse por todo lo que había hecho. Pero nada de ese sentimiento le serviría ahora porque cuando ellos terminaran de llegar hasta ella y se dieran cuenta quien era su madre, harían todo lo posible por llevársela y cuando lo lograran, porque ella sabía que lo harían, perdería cualquier cosa que considerara importante.

Así que con la convicción de que si sobrevivía así misma, lo haría con todo lo que se avecinaba, así que decidió que todo por lo que había pasado y había hecho tenía que tener sentido, que no sería por nada y que toda decisión mala, buena, la había traído hasta aquí y no era para que ella se rindiera, así que metida en el centro del torbellino que era su mente y alma se recordó quién era ella y que la guiaba hacia adelante; unas inmensas ganas de vivir y amar, así que cumpliría su promesa, sin importar nada.

—Sé feliz y ama intensamente sin ningún miedo, hija mía, mi pequeña lobita —su madre le dió un beso en la frente—. Vive, vive, mi pequeña, ¿sí? —sus ojos llenos de lágrimas sin derramar la miraban con tantas emociones retenidas que se expresaban por la forma en que ella le acomodaba el cabello con las manos temblorosas y le daba pequeños besos por toda la cara—. Vive, vive, vive…

Ella sabía que su madre le había dicho algo más pero no lograba recordarlo con claridad solo estaba ese sentimiento residual y fuerte de haberle hecho una promesa; que ella viviría para amar y ser leal a su familia, a aquellos que ella amaba.

Yo soy Nixten hija de Nazareth, el Maestro del fuego, del sol.



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 24.07.2026

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