Voracidad

10. Una muerte sin (con) sentido.

En los terrenos circundantes a la mansión Anglus no estaba pasando lo mismo, pero el cambio de las Nebulosas se había presentado desde mucho antes así que se habían acostumbrado a los resistentes que estos eran ahora y a la inteligencia sobre la batalla que parecían estar obteniendo. Esa había sido una de las razones por la que Erisce llegaba vuelta nada.

Así que como todos los días habían acabado con las Nebulosas antes de que se escondiera el sol, ella se separaba de su escuadrón para adentrarse en la mansión que era una monstruosidad gigantesca protegida por una muralla igual de monstruosa. Pero ese día hubo algo diferente: no encontró a Nix, que sin importar que no le dijera nada caminaba lento para que ella fuera capaz de alcanzarla.

Erisce pensó que por alguna razón ya estaba adentro, no sería raro que hubiera terminado antes, porque después de todo el cambio no estaba pronosticado para el área que tenía a cargo.

—Oye, guardia —llamó al hombre de los ojos marrones que estaba parado al frente de la reja.

—Dígame, señorita.

—¿Hace rato que mi hermana regresó?

El suave rostro del guardia se mostró sorprendido.

—No —carraspeó—. Digo, aún no ha regresado, señorita.

—¿Estás seguro?

El hombre apretó sutilmente la mandíbula.

—Lo estoy, señorita.

Erisce conectó los puntos y llegó a la conclusión de que las Nebulosas ya habían cambiado en su área. Esta vez Nix no podría decir que no a la propuesta de tener un escuadrón y, ese solo sería el primer escalón que ella tendría que subir.

—Oh, siendo así de débil piensa en entrenarme. Que situación tan agradable —dijo en un susurro riéndose.

La gemela Anglus estaba sorprendida y a la vez una sonrisa complacida apareció en su rostro. Después de unos segundos sin dejar de mirar totalmente concentrada en la dirección donde se encontraba su hermana, marchó a paso lento y seguro.

Mientras Erisce veía sus obstáculos resueltos debido a una simple acción y se dirigía hacía donde ella estaba sin ser capaz de sentir la contaminación a su alrededor y mucho menos la presencia, que después de tanto tiempo había liberado por completo, Nix estaba aún en el mismo lugar pero con dudas que solo estaban aumentando conforme pasaba el tiempo.

Suspiró despacio y con cierto fastidio al estar tanto tiempo en el mismo lugar. Miró a los lados viendo cuál sería su mejor opción, podría pasarse de árbol en árbol como un jodido mono pero no había tiempo para eso y en cualquier descuido sabrían localizarla. Así que mejor no.

Es tu cuerpo, Nix, solo tú decides qué hacer con el. En qué convertirlo. A dónde llevarlo. Qué tan frágil o fuerte es.

La voz de su Maestro solía dar vueltas en su mente cada vez que tenía que hacer algo como esto. Recordar sus lecciones era importante porque si llegara a olvidarlas... no sabría que, no, no tendría límites cuando debería. En completo silencio saltó del gigantesco árbol, dejando caer su peso cuesta abajo. Rápido y directo.

Si quieres ser aire, lo serás. Pero, ¿en verdad lo quieres, Nix?

Se dejó caer al viento, aceptándolo y siendo uno con el. Nix volvió a sentir esa sensación; soltura, libertad, unión. Fue tan solo unos segundos que le tomó a su cuerpo acostumbrarse y para cuando quiso saborear más de esa sensación ya estaba en cuclillas en el suelo.

Siempre querré, Vēja saimniece.

No le había mentido nunca a su maestro, no era una opción y tampoco le apetecía. Se quedó ahí concentrándose en oír algo que le indicara que no estaban a unos cuantos metros de ella.

Al sur una rama crujió al empezar a desprenderse.

Nada.

Al frente de ella como a dos kilómetros una avecilla cantaba.

Apareamiento.

Al norte un animal gruñía, no sabía cuál.

Hambre, quizás.

Ya estaba por levantarse para ir a unas de las direcciones que estaban en silencio cuando lo escuchó, al principio pensó que fué su imaginación pero volvió a escuchar ese sonido que se volvió constante.

¿Miedo? ¿Esos son latidos de miedo o de ansiedad? ¿Algo más puede ser? Tal vez estoy equivocada.

Los latidos provenían desde la dirección donde se fueron las Nebulosas, y dónde con seguridad estaban los que la tenían rodeada, era claramente un señuelo. Uno demasiado real. Demasiado atrevido.

Entiendo que la confusión de mi aroma debe ser terrible, pero atraerme no es buena idea.

Confundida entre las decisiones que eran lógicas y las que eran emocionales se aisló de todo lo que la rodeaba. Su nuca se erizó y un piquete en el pecho la hizo reaccionar a duras penas, solo dándole tiempo de sacar una flecha de su carcaj para interponerla entre ella y el ataque. De no haber sido por el entrenamiento que había recibido ese choque de magia envuelta en una flecha le hubiera dado y ahora estaría muerta.

No, no había sido solo por eso sino más bien gracias a la flecha, que no por casualidad había ido a parar al pequeño carcaj en su cintura. Era la única flecha hecha del mismo material de su arco que había llevado con ella. Se dió la vuelta ágilmente y levantándose en el mismo instante dió un par de pasos atrás para colocar distancia entre su atacante y ella. No le dió tiempo de tomar su arco y sabía que a cualquier indicio de tomarlo de su espalda volvería a atacar y esta vez se aseguraría de no fallar.



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 13.08.2026

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