Voracidad

28. Rompiendo un hermoso sueño.

Las semanas habían pasado una tras de otra, sin ningún incidente mayor salvo sus constantes cuidados para recuperar la fuerza y agilidad de su cuerpo, lo más pronto posible, pero también pasaba algo de manera muy recurrente que no le había contado a nadie. Algo en lo que llevaba pensando muy lentamente, aunque no fuera un suceso que le molestara, simplemente estaba en su mente de forma constante y tranquila, salvo hasta que cerraba los ojos.

Otra vez estaba atrapada en un sueño dentro de otro sueño. En un bucle de sueños que no paran hasta que chocan entre ellos, hasta que la cordura los alcanza haciéndolos añicos. Después de recorrer cientos de veces este camino cubierto por nieve, al fin se vislumbraba a los lejos algo, al fin la dejaba avanzar. Entonces eso solo significaba que algo cambió, aunque ella no podría decir que era exactamente.

Había algo en todo su cuerpo, cómo miles de hilos que fluían con fuerza hacía una dirección, guiándose por el camino que debía recorrer. La sensación era la de dirigirse a un precipicio, estaba emocionada y asustada a partes casi iguales. Todo era tan confuso que la hacía dudar de la pequeña corazonada que tenía desde que puso un pie en el ambiente tan particular, aunque había algo de lo que sí estaba segura y, eso era que alguien esperaba por ella.

Todo era tan real, cómo los árboles sin hojas y cubiertos de nieve que parecían muertos, que por unos largos momentos se sintió atrapada en el lugar. El olor del frío que se le colaba atrevido por la nariz y la sensación de sus pies descalzos sobre la nieve, haciéndola estremecer a cada paso, como si en algún momento la fuera a envolver, eso sólo aumentaba la sensación de que esto era real. Que no era solo un sueño entretejido.

Su pecho se estremeció y una indudable fuerte electricidad la recorrió haciéndola soltar un pequeño jadeo. Empezó a caminar rápido y sabía que en cada paso que daba estaba más cerca... fue entonces cuando se dió cuenta que era verdad su corazonada... era él.

¡Es él! ¡Está aquí! ¡Está aquí! ¡Está aquí!

La pasividad se fue lejos junto con el retumbar tranquilo de su corazón. Primero empezó a caminar más rápido hasta que ya no fue suficiente y emprendió a correr, desesperada por llegar rápido y que no fuera una mentira. Emocionada porque al fin lo conocería. Al fin dejaría atrás el estarse ocultando y ella podría, podría… podría abrazarlo hasta que esa calidez en su pecho se volviera tan fuerte que sería imposible siquiera pensar que él no existía.

Así que, por favor... por favor, no te marches… por favor.

Y cuando estaba tan cerca que podía distinguir su silueta en medio de las sombras de la nieve y el oscuro atardecer, sintió que era jalada por unas garras, cómo si sueño de pronto se hubiera vuelto una pesadilla. Quizás se hubiera creído eso, antes, con todo ese revoltijo que había en su mente, pero ahora era diferente, así que siguió caminando hasta estar a menos de un metro de distancia.

Fue entonces que cayó en cuenta de algo que era obvio desde el principio, este no era su sueño lucido, le pertenecía a él y de alguna manera ella se había colado dentro, a juzgar por su sorpresa y el pequeño paso que dió hacia atrás.

¿Cómo es que pude llegar hasta aquí?

Me sorprende que me haya deja... do... esas eran sus garras, quería llevarme de vuelta.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿No le agrada? ¿Eso es siquiera posible?

Tal vez solo me protege de algo… pero, ¿qué?

Él no quería dejarse ver aún, algo dolió mucho en su pecho al saberlo.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Estaban ahí, a unos cuantos pasos uno del otro, tan cerca de su pecho y sus brazos, pero por él, todo eso parecía a miles de kilómetros.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

La duda acrecentó, en vez de irse, cuando, esta vez, no retrocedió y dió un par de pasos hacia ella. Ahora podía distinguirlo mejor, pero aún no podía decir bien como era.

—¿Eres... real? —dijo con duda y una esperanza que le pareció ácida.

¿Cuánto... ? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo has pasado así?

Un recorrido de emociones se degustaba con su cuerpo. Sus manos estaban tensas envueltas en puños, sus pies estaban totalmente rígidos en la nieve, su barbilla daba pequeños temblores y sus ojos, al igual que su boca estaban semi abiertos con una dureza que le provocaba un dolor sordo en la nuca.

¿Por cuánto? ¡¿Por cuánto tiempo?! Por Izard… ¿por cuánto tiempo ha sido esto así?

Después de una furia tensa, dejó caer toda esa rigidez que tenía en el cuerpo, pero que solo dió paso a que la furia que sentía se volviera una ira sorda y fría, que esperaba la oportunidad para revelarse. Un resentimiento hacia ningún lado, tal vez a la vida, a las circunstancias porque ella no sabía a quién culpar sobre que él dudara sobre su existencia.

—Cuando me entrometí en tu mundo sin previo aviso no me echaste, aunque tenías el derecho, no me tiraste toda la maldición de tus tierras, aunque tenías el poder para hacerlo —dijo con una sonrisa pequeña que rozaba a la timidez—. En cambio, me regalaste ese rayo de sol en las tardes, aún cuando era un riesgo para tu mundo... para tí...



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 31.08.2026

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