War Blood: Rebelión De Los Caídos - Vol 3

CAPÍTULO 25 - VISIÓN CLARA

CAPÍTULO 25

VISIÓN CLARA

La ciudad de Dilom, antaño el orgulloso bastión de la Orden de los Guardianes Sagrados, se alzaba entre las sombras del crepúsculo como un mausoleo de piedra y fe. Sus murallas, reforzadas con tecnología antigua y grabados de protección, eran el último refugio de una humanidad que se negaba a extinguirse. Sin embargo, la verdadera seguridad no emanaba de sus muros, sino del ser que flotaba en el centro de la plaza principal.

​Layla, con sus cuarenta y nueve años cargados de cicatrices invisibles, caminaba hacia el centro de la plaza. A su lado, Christian mantenía una mano cerca de su funda, un hábito que ni veinte años de supuesta paz divina le habían podido quitar. Habían preparado una ceremonia de bienvenida. En sus mentes, Azael era el enviado que finalmente inclinaría la balanza a favor de los hombres.

​—Es el momento, Christian —susurró Layla, acomodándose la túnica de los Guardianes—. Si él está con nosotros, Dilom será eterna.

​—Solo espero que su precio no sea nuestra humanidad —respondió Christian con voz ronca, sus ojos de cincuenta y dos años entrecerrados por la desconfianza.

​El ángel Azael descendió. Su armadura plateada no reflejaba la luz; parecía consumirla. No hubo palabras de aliento ni bendiciones. Antes de que Layla pudiera pronunciar el discurso de bienvenida, un soldado de la Orden corrió hacia ellos, jadeando, con el rostro pálido.

​—¡Mi señora Layla! —gritó el soldado, arrodillándose—. Nuestros exploradores han localizado una base de las criaturas de la noche. Un nido de supervivientes a menos de cinco kilómetros, en las ruinas del sector sur.

​El sol acababa de ocultarse, dejando tras de sí un rastro de sangre en el horizonte. Azael, cuya expresión era tan estática y fría como el mármol de una tumba, giró la cabeza hacia el soldado. Sus ojos, pozos de luz azul como el cielo cálido, parecieron perforar la voluntad del hombre.

​—Muestra el camino —ordenó Azael. Su voz no era humana; era un estallido de autoridad que vibró en los dientes de todos los presentes.

​Sin esperar a que los Guardianes se organizaran, el ángel desplegó sus alas. Con un batir que levantó una nube de polvo y escombros, se elevó y salió disparado hacia el sur como un cometa de plata.

​—¡Rápido! ¡Sigan al ángel! —ordenó Layla, subiendo a uno de los vehículos tácticos de la Orden.

​La persecución fue desesperada. Los humanos, en sus transportes motorizados, apenas podían mantener el ritmo del rastro luminoso que Azael dejaba en el cielo nocturno. Cuando finalmente llegaron a las ruinas del sector sur, el silencio que los recibió fue más aterrador que cualquier grito de guerra.

​Layla y Christian bajaron del vehículo, sus botas aplastando escombros y restos orgánicos que aún humeaban. El hedor a ozono y sangre era insoportable. Al doblar una esquina de lo que parecía haber sido un refugio subterráneo, la escena los golpeó como un mazo físico.

​No había batalla. Solo había ejecución.

​Azael estaba en el centro de un círculo de cadáveres. Lycans y humanos híbridos yacían despedazados, sus extremidades arrancadas con una crueldad no imaginada que solo un ser celestial poseía. Pero lo que detuvo el corazón de Layla fue lo que vio al frente.

​El ángel sostenía a un niño por el cuello. El pequeño, de no más de ocho años, con ojos dorados que delataban su herencia Lycan, pataleaba débilmente. Sus manos infantiles intentaban inútilmente apartar los dedos de acero de la entidad celestial.

​—¡Espera! ¡Azael, detente! —gritó Layla, dando un paso al frente con las manos extendidas.

​Azael no se inmutó. Giró levemente la mirada para observar a los humanos que acababan de llegar. No había odio en él, ni placer, ni furia. Solo una frialdad absoluta, una indiferencia divina que era mucho más aterradora.

​—La semilla de la bestia debe ser arrancada antes de que eche raíces —dijo Azael.

​Con un movimiento seco y casual, como quien rompe una rama seca, Azael cerró el puño. El crujido de las vértebras del niño resonó en el silencio de las ruinas. El pequeño cuerpo dejó de luchar y quedó inerte, colgando como un muñeco roto de la mano del ángel. Azael lo soltó, dejando que el cadáver cayera al suelo sobre un charco de sangre fresca.

​Layla sintió que sus rodillas cedían. El mundo empezó a dar vueltas. Aquel que debía ser su salvador acababa de asesinar a un niño desarmado frente a sus ojos.

​—¿Qué clase de locura es esta...? —susurró Layla, con la voz quebrada. El aire parecía habérsele escapado de los pulmones.

​Christian reaccionó en el último segundo, rodeando la cintura de Layla con su brazo para evitar que se desmoronara contra el suelo. Él también estaba en shock, con la mandíbula apretada y una náusea creciente, pero sabía que si mostraban debilidad total ahora, el ángel podría volverse contra ellos.

​—Quemen este lugar —ordenó Azael, pasando al lado de ellos sin darles importancia—. Que no quede rastro de esta inmundicia.

​Layla, apoyada en Christian, apenas podía respirar. Sus ojos estaban fijos en el cuerpo del niño.

​—Hagan... hagan lo que pide —articuló ella con un hilo de voz, sintiendo que cada palabra era una traición a su propia alma.

​Los soldados de la Orden, hombres y mujeres que habían jurado proteger la vida, comenzaron a rociar combustible con manos temblorosas. Nadie se atrevía a mirar al ángel. Azael se detuvo antes de emprender el vuelo de regreso a Dilom y se dirigió a la tropa en general.

​—Hoy lloran por una cría —dijo Azael, su voz resonando en sus mentes como un trueno—. Pero cuando pase el tiempo, esa cría se habría convertido en un sucio Lycan que les arrancaría la garganta. Ellos son débiles ahora, pero su existencia es una afrenta a la pureza. No busco su comprensión, busco su obediencia.

​Los humanos no respondieron. En sus mentes, la lógica del ángel tenía un sentido cruel y drástico: era cierto que los Lycans eran sus enemigos, pero ver la frialdad del deicidio en manos de su protector había roto algo dentro de ellos. La visión era clara: Azael no era un salvador. Era un genocida celestial.



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En el texto hay: demonio, vampiro, hombrelobo

Editado: 11.02.2026

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