War Blood: Rebelión De Los Caídos - Vol 3

CAPÍTULO 29 - RESPONSABILIDAD PATERNAL

CAPÍTULO 29

RESPONSABILIDAD PATERNAL

​En el centro de mando de la Legión, la atmósfera estaba cargada de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. Tony, el Alfa del Escuadrón 7, observaba a Rock y Bastian con una mirada que mezclaba la cautela con una sed de sangre mal contenida.

​—Así que quieren acabar con ese ángel —dijo Tony, dibujando una sonrisa feroz que mostraba sus colmillos—. Aún no me he enfrentado a uno, pero siento que será una batalla interesante. Mi sangre me pide morder algo nuevo.

​Rock dio un paso al frente, con los puños cerrados. Sus ojos no buscaban gloria, sino redención.

​—Yo seré quien lo mate, Tony. Ese ser amenazó a mi hija. Si alguien va a arrancarle las alas a ese bastardo, seré yo. Es mi responsabilidad como padre.

​Tony soltó una carcajada seca, pero asintió con respeto.

​—Y tendrás tu oportunidad, mi querido amigo. Pero no te engañes: debemos ser más fuertes que nunca. Jamás nos hemos enfrentado a un ser como él; no sabemos de qué es capaz ni dónde terminan sus límites. Partiremos mañana mismo, así que alisten todo. Mañana cenaremos ángel.

​De entre las sombras de la sala, apareció una figura esbelta y desafiante: Zill.

​—Creo que estamos listos para esto —intervino Zill, cruzándose de brazos con arrogancia—. Esta vez no te dejaré lucirte solo, hermanito.

​Tony rodó los ojos, aunque en el fondo agradecía la presencia de su hermano.

​—Muy bien, lobo de porcelana —respondió Tony con sorna—. Pero te advierto que esta vez no pienso salvarte el pellejo otra vez, ¿entiendes?

​Zill soltó un bufido de indignación.

​—¿Cuándo me salvaste tú, garras pequeñas? ¿Acaso te golpeaste la cabeza en el último entrenamiento? Si mal no recuerdo, soy yo quien siempre te cubre la espalda.

​—Como digas, cachorro —Tony se puso serio y miró el mapa de Dilom—. Mañana a las 20:00 horas. Dejen a Lia a cargo de la base; si esto sale mal, ella es la última línea de defensa.

​...

​La noche cayó sobre Dilom como una mortaja. El ataque comenzó de forma brutal. Los Lycans irrumpieron en la ciudad, pero Azael ya los esperaba sobre la catedral. La batalla fue un torbellino de plumas blancas y sangre negra. Azael se movía como un relámpago, su espada de luz cortaba el acero y la carne con la misma facilidad.

​—Es inútil que luchen, criaturas de barro —exclamó Azael, bloqueando un ataque de Tony con una sola mano—. "Ustedes no entienden la naturaleza de lo eterno. Si muero, o si mis hermanos caen, simplemente regresamos al cielo para renacer. No pueden matar a lo que Dios ha decretado que sea eterno".

​Azael levantó su espada para dar el golpe de gracia a un Tony que, agotado y herido, no podía esquivar el tajo que iba directo a su cuello. El Alfa cerró los ojos, esperando el final.

​Sin embargo, el golpe nunca llegó.

​Un impacto sónico sacudió el aire. Kan había aparecido de la nada, bloqueando la espada de Azael con su antebrazo desnudo. La fuerza del ángel era inmensa, pero Kan la aceptó sin siquiera pestañear, como si el ataque de un Serafín no fuera más que una brisa molesta. Con un rugido de poder puro, Kan lanzó un puñetazo que envió a Azael volando contra las murallas de piedra.

​Azael se levantó, limpiándose un hilo de sangre dorada de la boca. Su sonrisa era aterradora.

​—Finalmente... un rival digno —dijo Azael, lanzándose de nuevo contra Kan.

​El choque entre ambos fue devastador, pero Kan era una montaña de ira inamovible. Al ver que sus ataques directos no surtían efecto, Azael retrocedió y liberó un sello sagrado.

​—¡Despierten, Gárgolas! ¡Despierta, Argos! —gritó el ángel.

​De las paredes de la catedral, enormes figuras de piedra cobraron vida, criaturas terroríficas que comenzaron a rodear a los invasores. En medio del caos, Celia, que observaba desde un tejado, comenzó a disparar sus balas perforantes contra Azael.

​El ángel se giró, furioso por la molestia.

​—¡Tú morirás primero, humana insignificante! —Azael voló a una velocidad cegadora hacia Celia con su espada en alto.

​—¡¡CELIA!! —rugió Rock.

​Rock se lanzó como un tren sin frenos, embistiendo el aire para interponerse. Pero algo extraño sucedió. El tiempo pareció saltar, un parpadeo de realidad que nadie pudo explicar. En un segundo Rock estaba por salvarla, y al siguiente, Azael ya había reaccionado, golpeando a Rock en el pecho y lanzándolo lejos antes de que pudiera tocarlo.

​Nadie entendía qué estaba pasando. Los movimientos de Azael se sentían predecibles, pero de alguna forma, él siempre terminaba un paso adelante, como si supiera lo que iba a ocurrir antes de que pasara.

​Azael miró hacia la sombra de una gárgola y sonrió.

​—Hasta que decides aparecer, Sariel.

​De entre las sombras caminó un ángel de apariencia serena, con ojos que parecían contener el inicio y el fin de los tiempos. Sariel.

​—¿Por qué ibas perdiendo contra estos débiles? —preguntó Sariel con una voz gélida.

​—¿Yo perdiendo? —se burló Azael—. Parece que estás perdiendo la fe en todo últimamente.

​—No en todo —respondió Sariel, mirándolo con desdén—. Solo en ti, debilucho.

​—¿Debilucho? —Azael apretó los dientes—. ¿Acaso quieres que el cielo se quede sin un celestial de élite por tu arrogancia?

​Sariel soltó una sonrisa enigmática. Chasqueó los dedos y, ante los ojos atónitos de todos, las heridas de Azael comenzaron a cerrarse solas, la sangre regresó a sus venas y su armadura se restauró como si el combate nunca hubiera empezado. Había retrocedido el tiempo solo para él.

​—Ahora sí —dijo Sariel, mientras sus alas brillaban con una luz intensa—. Pelearemos de verdad.



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En el texto hay: demonio, vampiro, hombrelobo

Editado: 01.03.2026

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