War Blood: Rebelión De Los Caídos - Vol 3

CAPÍTULO 35 - PRIMERA OFRENDA

CAPÍTULO 35

PRIMERA OFRENDA

​El aire en las Criptas de la Avaricia no solo olía a azufre y metal, olía al final de una masacre. El refugio subterráneo, diseñado para ser una fortaleza inexpugnable, se había transformado en una ratonera de mármol destrozado y eco de lamentos. La ofensiva no era un asalto común; era una purificación. Los cuatro pilares del castigo —Castiel, Ramiel, Ezequiel y Uriel— se movían con una coordinación muy sincronizada que aplastaba cualquier intento de resistencia. No eran guerreros peleando una batalla, eran carniceros limpiando un altar.

​Valian, el guerrero más hábil del Escuadrón 6 y la sombra leal de Zill, se encontraba en la primera línea de la brecha. Sus garras estaban desgastadas y su hombro derecho colgaba inútil tras un impacto previo, pero su espíritu se negaba a doblegarse. Frente a él, Castiel avanzaba con una calma aterradora, su mazo de oro sólido brillando con una luz que cegaba a los Lycans.

​—¡Por los Lycans! ¡Por Dorian! —rugió Valian, lanzándose en un ataque suicida.

​El choque fue sordo. Valian logró clavar sus colmillos en el hombro de la armadura celestial, pero Castiel ni siquiera emitió un quejido. Con una fuerza inhumana, el ángel sujetó al Lycan por el cuello y, con un movimiento seco de su mazo, le destrozó las costillas y los pulmones. Valian cayó de rodillas, escupiendo una mezcla de sangre y trozos de órganos. Mientras la luz de Castiel comenzaba a incinerar su cuerpo desde adentro, Valian usó su último aliento para aferrarse a la pierna del ángel, impidiéndole avanzar un segundo más. Fue un segundo que compró vida para otros, pero que terminó con su cabeza siendo aplastada bajo el peso del oro sólido.

​—¡VALIAN! —el grito de Zill desgarró el ambiente.

​Zill estaba rodeado. Ezequiel, el Ojo del Exterminio, mantenía una presión constante con ráfagas de fuego blanco que derretían la piedra alrededor del Lycan. Zill estaba agotado; la fatiga muscular era tal que sus brazos temblaban violentamente. Fue entonces cuando Ramiel vio la apertura. El ángel cargó su lanza con electricidad estática, un rayo de muerte diseñado para perforar el corazón de un demonio de alto rango. El disparo fue certero, directo a la espalda de un Zill que estaba ocupado desviando las llamas de Ezequiel.

​—¡ZILL, MUÉVETE! —gritó Tony.

​Pero Zill no podía. Tony, viendo que su hermano iba a ser atravesado, no lo pensó. Su instinto de Alfa, el mismo que lo había llevado a liderar a cientos, lo impulsó a una velocidad que no debería ser posible para un cuerpo herido. Tony se cruzó en la trayectoria del rayo justo cuando este alcanzaba su máxima potencia.

​El sonido del impacto fue como el de un trueno encerrado en una habitación pequeña. El proyectil de luz sólida atravesó el abdomen de Tony, dejando un agujero humeante que carbonizó su columna vertebral al instante. El impacto lanzó a Tony sobre Zill, y ambos rodaron por el suelo empapado de sangre.

​—¡Tony! ¡No! —el alarido de Luka resonó en las criptas. Intentó correr hacia el centro de la matanza, pero Rock lo sujetó por el pecho con un brazo de hierro, manteniéndolo detrás de un pilar.

​—¡Suéltame, Rock! ¡Es mi amigo! —sollozaba Luka, forcejeando con una desesperación que le hacía brotar garras de sus manos humanas.

​—¡Si vas ahora, su sacrificio no servirá de nada!, debes cuidar a tu familia —le gritó Rock al oído, aunque sus propios ojos estaban inyectados en sangre por la impotencia—. ¡Mira a Sasa! ¡Mira al niño! ¡Ellos son tu prioridad ahora!

​En el centro del salón, Zill sostenía el cuerpo destrozado de Tony. La sangre del Alfa era espesa y caliente, bañando las manos de Zill.

​—Tony... Tony, quédate conmigo, maldita sea —susurraba Zill, con la voz quebrada. Intentaba tapar el agujero en el vientre de su amigo, pero era como intentar detener un océano con las manos—. No debiste hacerlo... no tú...

​Tony tosió, y una cascada de sangre carmesí manchó su mentón. Sus ojos, antes llenos de la fiereza de un lobo indomable, empezaban a nublarse, pero logró enfocar a Zill por última vez.

​—Zill... escucha... —Tony apretó débilmente la muñeca de su hermano—. Luka.... cuida a Luka... ahora tú eres el Alfa. Dile que... que no debe morir, debe luchar por su hijo. Que mi muerte es por el futuro... no por el pasado.

​Tony exhaló un último suspiro cargado de dolor y orgullo. Su mano, la misma que había guiado a la Legión Lycan a través de inviernos y guerras, se deslizó por el brazo de Zill y cayó pesadamente sobre el mármol frío. El líder de los Lycans del Escuadrón 7 había entregado su vida como primera ofrenda.

​Zill se quedó congelado un segundo, sintiendo el peso muerto de su hermano. Pero el destello de la espada flamígera de Uriel lo devolvió a la realidad. Los cuatro ángeles se estaban cerrando en un semicírculo perfecto. Estaban débiles, sangrando, y sus armas estaban rotas, pero los ángeles seguían siendo máquinas de guerra impecables.

​—¡Luka, vete ya! —rugió Zill, poniéndose en pie. El dolor de su cuerpo fue reemplazado por una adrenalina negra y amarga—. ¡Sasa, saca a esa criatura del refugio! ¡Vayan al Abismo! ¡Yo les daré el tiempo!

​Zill no esperó respuesta. Con un rugido que no pertenecía a un hombre, sino a una bestia que ya lo ha perdido todo, se lanzó contra los cuatro celestiales. Sus garras chocaron contra escudos y espadas, recibiendo cortes y quemaduras mientras se convertía en una muralla de carne y voluntad. Estaba dando su vida, segundo a segundo, para que los restos de su gente pudieran escapar hacia las sombras donde los Príncipes se ocultaban.

Zill era una tormenta de sangre y desesperación. Sus garras se astillaban contra la armadura de Castiel, mientras el fuego de Uriel le consumía el pelaje de los hombros. Cada segundo que ganaba era un milagro tallado en dolor. Logró ver de reojo cómo Luka, cargando al pequeño en brazos y escoltando a una Sasa agotada, cruzaba el umbral de las profundidades hacia el Abismo. Rock cubría la retaguardia, lanzando una última mirada de respeto hacia Zill. El Alfa interino sabía que no saldría de allí, y en su mirada había una paz aterradora.



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En el texto hay: demonio, vampiro, hombrelobo

Editado: 21.03.2026

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