CAPÍTULO 45
EL FILO DE LA EXISTENCIA
El Salón del Trono ya no era un recinto de paz constante; se había transformado en un vórtice donde la realidad misma se retorcía. El mármol del suelo se había convertido en polvo de diamante que flotaba en el aire, orbitando alrededor de Lucian y Miguel como si fueran dos soles negros y blancos. Requiem y Exilum no chocaban simplemente; sus auras interactuaban a un nivel cuántico, cancelándose y expandiéndose en microsegundos. El sonido que emitían no era el del metal, sino un zumbido sónico que hacía sangrar los oídos y que, en el exterior del palacio, Kan y Vladimir percibieron como un terremoto en sus propias almas.
Lucian, con su armadura de Soberbia reparada por su propia voluntad, se movía con una fluidez que desafiaba la percepción de Miguel. El Príncipe de la Soberbia había dejado de usar técnicas puramente físicas y había comenzado a usar su "Corte Oscuro". Exilum no cortaba el aire; cortaba la distancia entre Lucian y su objetivo. En un parpadeo, Lucian apareció detrás de Miguel, trazando un arco horizontal que buscaba separar la cabeza del Arcángel Supremo de su cuerpo.
Miguel, sin embargo, no necesitó girarse. Sus seis alas actuaron como un sistema de defensa autónomo, expandiéndose en una red de filamentos de luz que interceptaron a Exilum a escasos centímetros de su cuello. El choque generó una chispa de energía gris que desintegró una de las columnas infinitas del salón.
—Sigues intentando usar la lógica del inframundo en el cielo, Lucian —dijo Miguel, y su voz resonó con gran fuerza de superioridad que irritó al Príncipe de la Soberbia—. Crees que la velocidad y la fuerza son las llaves de la victoria. Pero aquí, en el dominio del Padre, la verdadera fuerza es la Permanencia. Tú eres un cambio, una anomalía; yo soy la ley que se mantiene, soy el orden de este mundo.
Miguel giró sobre su propio eje y, con un movimiento de Requiem, realizó la técnica de "Corte Bendecido". La hoja de diamante no emitió una ráfaga, sino que alteró la realidad en un cono de setenta grados frente a él.
Lucian sintió que su cuerpo no solo era empujado, sino que sus propios átomos comenzaban a olvidar cómo estar unidos. Su brazo derecho, el que sostenía a Exilum, empezó a desvanecerse en una neblina gris, perdiendo densidad y fuerza. La pasiva de Requiem, la que borraba la existencia, estaba actuando a plena potencia.
—¡DE NINGUNA MANERA PERDERÉ! —rugió Lucian, clavando sus pies en el suelo inmaterial—. ¡Yo decido quién soy y cuándo existo!
Lucian concentró su aura de Soberbia, forzando a sus átomos a reintegrarse mediante pura fuerza de voluntad. El brazo gris recuperó su color negro obsidiana, y el Príncipe lanzó un contraataque que sorprendió a Miguel. Usando la técnica de "Corte Vacío", Lucian no atacó a Miguel, sino al espacio que lo rodeaba. Exilum cortó la luz del Edén en un perímetro de diez metros, creando una zona de oscuridad absoluta donde Requiem no podía proyectar sus ilusiones de paz.
En esa oscuridad, Lucian se volvió invisible para los sentidos celestiales de Miguel. El arcángel, por primera vez, se vio forzado a usar sus alas no para atacar, sino para crear un capullo protector a su alrededor. Lucian apareció desde el vacío, asestando un golpe que agrietó la armadura galáctica de Miguel en el pecho.
—¡Tu presencia es solo una mentira, Miguel! —siseó Lucian, mientras su espada buscaba el corazón del arcángel—. ¡Y yo soy el cerrajero que viene a abrirla!
Miguel, sintiendo el filo de Lucifer acariciando su esencia, soltó un grito que no fue de dolor, sino de furia divina. Su ego, herido por la insolencia de un ser que consideraba inferior, estalló en una supernova blanca que disipó la zona de oscuridad de Lucian. La presión fue tal que Lucian fue lanzado contra la base del trono vacío, tosiendo sangre negra que siseaba al contacto con el mármol sagrado.
—Has cruzado la línea, Lucian —sentenció Miguel, su figura brillando con una intensidad que hacía que el Salón del Trono pareciera una estrella a punto de colapsar—. Crees que tu Soberbia puede reescribir la creación. Pero yo soy el guardián de la creación misma. Y hoy, tu Soberbia se convertirá en ceniza.
Miguel levantó a Requiem, y la llama blanca en su interior comenzó a arder con intensidad, preparándose para un ataque que no solo dañaría el cuerpo de Lucian, sino que intentaría borrar su alma del registro del Árbol de la Vida. El duelo de espadas legendarias estaba entrando en su fase más destructiva, donde el menor error significaría no solo la muerte, sino el olvido eterno.
Miguel no esperó a que Lucian se recuperara del impacto contra la base del trono. El Arcángel Supremo batió sus seis alas en un movimiento descendente que generó una presión gravitatoria capaz de aplastar una ciudad entera. Sus pies apenas tocaban el mármol mientras se deslizaba hacia el Príncipe de la Soberbia, con Requiem en alto, emitiendo una melodía celestial que vibraba con el concepto de la "extinción".
—Tu existencia ha sido un error prolongado maldito Lucian —dijo Miguel, y su voz parecía venir de todas las direcciones a la vez—. Pero hoy, la música de Requiem pondrá fin a tu disonancia. ¡Sentencia del Olvido Primordial!
La espada de luz blanca descendió en un tajo vertical que no dejó rastro de movimiento, sino una línea de vacío absoluto en el espacio. Lucian, sintiendo que el aire mismo a su alrededor dejaba de existir, tuvo que recurrir a la técnica prohibida que su padre le mencionó solo en susurros: el "Velo de la Nada Soberbia". En lugar de bloquear la luz, Lucian envolvió a Exilum en su propia sangre negra, creando un contra ataque de oscuridad negativa que no absorbía el ataque, sino que lo negaba.
El choque fue silencioso, pero la onda expansiva desintegró los setenta y siete peldaños del trono, dejando a Miguel y Lucian suspendidos en un vacío de mármol pulverizado. La cara de Lucian estaba a centímetros de la de Miguel; el sudor de uno se mezclaba con el brillo etéreo del otro.
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Editado: 03.05.2026