War Blood: Rebelión De Los Caídos - Vol 3

CAPÍTULO 46 - EL ECLIPSE DE LOS DOS MUNDOS

CAPÍTULO 46

EL ECLIPSE DE LOS DOS MUNDOS

​La terraza del Palacio Supremo, un jardín suspendido que desafiaba la lógica del espacio y la gravedad, se había transformado en el epicentro de un cataclismo cósmico. El cielo del Edén, que durante eones se mantuvo en un oro inmaculado, se encontraba ahora teñido de un púrpura violento y turbio, un reflejo directo del aura de soberbia que emanaba de Lucian. Miguel, con sus seis alas desplegadas en un abanico de luz cegadora, proyectaba una presencia que no generaba sombras, sino que borraba los contornos de la realidad misma. El choque entre Requiem y Exilum ya no producía el sonido metálico de las espadas; lo que se escuchaba era un crujido seco, como el de un cristal gigante rompiéndose, señal de que el tejido de la realidad se estaba fracturando bajo el peso de sus voluntades.

​Lucian se encontraba en un estado de trance guerrero absoluto. Su cuerpo, cubierto de cortes profundos que supuraban una esencia oscura y densa, se movía con una precisión que rozaba lo mecánico. Cada movimiento de su espada negra no buscaba solo herir el cuerpo del arcángel, sino desgarrar el concepto de orden que Miguel representaba. El Príncipe de la Soberbia sentía cómo su pasiva de poder alcanzaba un punto de saturación crítica: cuanto más intentaba Miguel borrarlo con la frecuencia de Requiem, más pesada y real se volvía la presencia de Lucian. Era una paradoja de la existencia; el demonio se hacía más fuerte cuanto más cerca estaba del final.

​—¡Mira a tu alrededor, Miguel! —rugió Lucian, lanzando una estocada ascendente que el arcángel desvió por apenas un milímetro, dejando un surco negro en el aire—. Tu paraíso está gritando. Tu palacio de cristal se desmorona ante el peso de un solo pecado que no pudiste purgar. ¿Es este el "final perfecto" que tu Padre diseñó? ¿Un cielo que sangra porque un demonio se negó a pedir permiso para existir?

​Miguel no respondió de inmediato. Su rostro, que hasta hace unos minutos era una máscara de mármol y divina indiferencia, mostraba ahora una veta de esfuerzo real. El Arcángel Supremo sabía que cada segundo que Lucian permanecía de pie, la profecía de la infalibilidad celestial se debilitaba frente a los ojos de todo el Edén. Para Miguel, esta pelea ya no se trataba solo de proteger el trono o de ejecutar a un rebelde; era una batalla por la preservación de la lógica misma de la creación. Si Lucian no era borrado, el concepto de la "Ley Absoluta" dejaría de tener sentido.

​—El palacio puede reconstruirse con una palabra, Lucian —respondió Miguel, y su voz ya no era un susurro, sino una resonancia que hacía vibrar las baldosas de diamante bajo sus pies—. Pero un alma borrada por Requiem es un silencio eterno que no tiene cura. Has forzado mi mano hacia una técnica que juré no volver a usar desde el día en que tu padre cayó de este mismo balcón. No es odio lo que siento por ti, hijo de Lucifer, es la necesidad de corregir un error que ha crecido demasiado.

​Miguel elevó a Requiem hacia el cenit del cielo oscurecido. La llama blanca que residía dentro de la hoja de diamante se expandió de forma violenta, envolviendo al arcángel en una armadura de luz primordial que parecía fundirse con sus seis alas. En ese instante, Miguel dejó de actuar como un guerrero y se convirtió en la Sanación Encarnada. Sus ojos se tornaron dos soles blancos carentes de pupila, y el aire alrededor de la terraza comenzó a ionizarse, quemando el oxígeno y reemplazándolo con una pureza insoportable que asfixiaba a Lucian.

​—¡RESONANCIA DEL JUEZ! —exclamó Miguel, bajando su espada en un movimiento lento pero imparable.

​Una onda expansiva de sonido y luz blanca barrió la terraza entera, pulverizando las estatuas de plata y los arbustos de cristal en un radio de kilómetros. Lucian sintió que su mente era invadida por coros celestiales, una Sinfonía de armonía perfecta que intentaba convencer a cada una de sus células de que su rebelión era inútil, que el descanso de la nada era preferible al dolor de la lucha. Era un ataque que no buscaba romper sus huesos, sino su voluntad de ser.

​Lucian, sintiendo que sus rodillas flaqueaban ante la presión de la Verdad de Miguel, clavó la punta de Exilum directamente en su propio muslo. El dolor agudo y real de la carne desgarrada actuó como un ancla, rompiendo el hechizo mental y devolviéndolo a la realidad del combate. Sangre negra brotó de la herida, pero Lucian solo mostró una sonrisa cargada de un desprecio infinito.

​—¡No vas a ganar con tu música barata, Miguel! —Lucian escupió un coágulo de sangre oscura y se lanzó al ataque, envolviendo su espada en un fuego violeta tan denso que parecía quemar la luz misma que lo rodeaba—. ¡Mi soberbia es más antigua que tus canciones! ¡Si quieres mi alma, vas a tener que ensuciarte las manos y arrancarla tú mismo!

​El impacto de Lucian contra el escudo de luz de Miguel generó una explosión de energía que pudo verse desde las llanuras inferiores del Edén. Fue un eclipse artificial; una mancha de oscuridad absoluta devorando el resplandor del arcángel supremo. En ese choque, los dos mundos se detuvieron, esperando ver quién de los dos cedería primero ante el peso de su propia leyenda.

En el epicentro de la explosión grisácea, donde la luz del Génesis y la oscuridad de la Soberbia se anulaban mutuamente, Miguel aprovechó un parpadeo de debilidad en la postura de Lucian. El Arcángel Supremo, impulsado por sus seis alas, se desplazó con una velocidad que superaba la constante de la luz en ese plano sagrado. Antes de que Lucian pudiera retirar su espada clavada en el suelo, Miguel asestó un golpe con la punta de Requiem directamente en el esternón del demonio. El impacto no buscaba romper huesos, sino transmitir una descarga de pura Verdad a través de los canales de energía de Lucian, paralizando su sistema nervioso y dejando su pecho expuesto.

​—Has jugado a ser un rey en un mundo de sombras Lucian —dijo Miguel, su voz gélida resonando mientras giraba la hoja de diamante para un tajo final—. Pero aquí, las sombras solo sirven para resaltar la perfección de la luz. Tu tiempo se ha acabado.



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En el texto hay: demonio, vampiro, hombrelobo

Editado: 03.05.2026

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