CAPÍTULO 47
EL RUGIR DE LAS ESPADAS OLVIDADAS
El Palacio Supremo emitió un gemido que no era de piedra, sino de espíritu. La sangre dorada de Miguel, derramada sobre la terraza, había comenzado a reaccionar con el aura violeta de Lucian, creando una efervescencia de energía que consumía el aire. Miguel, con la mano presionando su herida, ya no miraba a Lucian con lástima ni con inferioridad; lo miraba con el reconocimiento de quien ve a su propio verdugo. Su ego, herido por primera vez en la eternidad, se convirtió en una armadura de desesperación divina.
—Has roto el sello de la inviolabilidad, Lucian —dijo Miguel, y su voz provocó que las estrellas sobre el Edén comenzaran a parpadear y apagarse una a una—. Pero al herirme, solo has liberado la verdadera naturaleza de mi juicio. Requiem no es solo una espada; es el registro de todo lo que fue y de todo lo que debe dejar de ser.
Miguel soltó el agarre de su herida. La sangre dorada, en lugar de caer, comenzó a levitar alrededor de él, formando siete círculos de runas celestiales que giraban a una velocidad vertiginosa. El Arcángel Supremo levantó a Requiem con ambas manos, y el diamante de la hoja se volvió negro, absorbiendo toda la luz de la terraza hasta dejar a ambos en una penumbra absoluta, iluminada solo por sus ojos.
—¡Habilidad Máxima: Sinfonía del Vacío Final! —exclamó Miguel.
De repente, el sonido desapareció. Lucian no escuchaba su propia respiración ni el latido de su corazón. El ataque de Miguel no era una ráfaga; era una desvinculación de los sentidos. El Príncipe de la Soberbia sintió que sus extremidades se volvían pesadas, como si la realidad misma lo estuviera expulsando. El espacio alrededor de Miguel comenzó a plegarse, y Requiem emitió una onda de choque invisible que desintegró los muros del palacio como si fueran ceniza al viento.
Lucian, sintiendo que su conciencia se deshilachaba ante la presencia del Vacío Final, hundió sus pies en los restos del mármol. Su brazo regenerado hormigueaba con un poder latente que había estado guardando para este momento.
—¡Me hablas de finales Miguel, pero te olvidas de quién soy! —rugió Lucian, aunque su voz no producía sonido en el vacío—. ¡Soy el hijo de aquel que prefirió reinar en el abismo antes que servir en el reino de loss cielos! ¡Si tu espada es el registro de lo que fue, la mía es la tachadura que borra tu historia!
Lucian envolvió a Exilum en una llamarada de fuego violeta que no emitía luz, sino una sombra tan densa que era capaz de cortar la nada de Miguel. Esta era la técnica definitiva que Lucifer le confió: "El Fin de la Alborada". La hoja de Exilum se expandió, transformándose en una guadaña de energía oscura que medía varios metros.
—¡Tú renacerás en cien años, pero el miedo de este momento te perseguirá en cada uno de tus sueños en el Árbol! —sentenció Lucian.
Ambos guerreros se lanzaron el uno contra el otro en un entorno donde el arriba y el abajo ya no existían. El choque de la "Sinfonía" de Miguel y el "Fin" de Lucian creó una cúpula de energía que comenzó a colapsar sobre sí misma. Las terrazas inferiores del palacio se desprendieron, cayendo hacia las tierras bajas del Edén como meteoritos de cristal. En el centro del caos, Lucian y Miguel eran dos puntos de luz y sombra colisionando repetidamente, cada impacto borrando una parte del mapa celestial.
Miguel, empujado por su ego herido, comenzó a lanzar estocadas que no buscaban herir, sino deshacer la existencia de Lucian. Sin embargo, Exilum respondía con una vibración de rebelión pura. La espada de Lucifer estaba reconociendo su antiguo hogar y, en manos de Lucian, estaba decidida a reclamarlo todo. El canto de las dos espadas olvidadas era el réquiem por un mundo que estaba a punto de cambiar para siempre.
El Palacio Supremo no pudo resistir más la presión de las dos habilidades máximas chocando en su corazón. Con un estruendo que pareció partir el lugar, la gran estructura de cristal y oro comenzó a fragmentarse. Grandes secciones de las terrazas superiores se desprendieron, cayendo al vacío como gigantescas naves naufragando en un océano de nubes. En medio de este caos descendente, Lucian y Miguel continuaban su duelo, saltando entre los escombros flotantes que servían como plataformas efímeras mientras el Palacio se desintegraba a su alrededor.
Miguel, envuelto en su Sinfonía del Vacío Final, se movía con una furia fría. Su armadura divina emitía pulsos de una frecuencia tan alta que desintegraba cualquier fragmento de mármol que se acercara a él. Cada vez que lanzaba a Requiem, el espacio se curvaba, creando túneles de vacío que intentaban succionar la energía vital de Lucian.
—¡Es inútil, Lucian! —la voz de Miguel vibraba en la conciencia del demonio, ignorando el aire que ya casi no existía—. Mi Sinfonía está conectada a la armonía de las esferas. Estás peleando contra la música de la creación misma. ¡Tu Soberbia es solo un ruido que será silenciado!
Lucian, con su cuerpo al límite, aterrizó sobre un trozo de cúpula que caía a gran velocidad. Su técnica, El Fin de la Alborada, había transformado a Exilum en una manifestación de oscuridad absoluta que parecía devorar incluso los colores del entorno. El Príncipe de la Soberbia no se dejó amedrentar por la magnitud del poder de Miguel; al contrario, su ego se alimentaba del colapso del paraíso.
—¡Si tu creación es una música, entonces yo soy el silencio que viene después de la última nota! —adremento Lucian, concentrando toda su energía en el filo de su espada de sombras—. ¡Tu armonía es una mentira que oculta tu miedo al caos! ¡Prepárate, Miguel, porque voy a acabar con tu sinfonia!
Lucian se impulsó desde el escombro, convirtiéndose en un rayo de fuego violeta. En pleno vuelo, las dos habilidades máximas colisionaron en una explosión de interferencia existencial. La Sinfonía de Miguel intentaba borrar la forma de Lucian, mientras el Fin de la Alborada de Lucian intentaba extinguir la luz de Requiem. El impacto fue tan masivo que generó una cúpula de energía gris que se expandió por todo el cielo del Edén, disipando las nubes y revelando el vacío estrellado que se ocultaba tras el velo sagrado.
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Editado: 03.05.2026