War in the after life

La mañana siguiente

La luz del sol entraba por las ventanas del salón cuando Kang bajó las escaleras.

La casa estaba en silencio.

Demasiado silencio.

—Max... —murmuró.

No hubo respuesta.

Kang caminó hacia la cocina... y se detuvo.

El omega estaba en medio del lugar rodeado de cajas abiertas.

Había platos sobre la mesa.

Utensilios desordenados.

Y Max estaba sentado en el suelo leyendo el manual de una cafetera como si fuera un documento ultrasecreto.

Kang cruzó los brazos.

—¿Qué estás haciendo?

Max levantó la vista.

—Intento entender esto.

—Es una cafetera.

—Exacto.

Kang suspiró y se acercó.

—Dámelo.

Max le pasó el manual.

Kang presionó dos botones.

La cafetera comenzó a funcionar.

Max lo miró impresionado.

—Eres un genio.

—Soy adulto.

Max sonrió.

—Bueno, ahora que tenemos café... podemos empezar con las cajas.

Kang miró alrededor.

Había cajas por todas partes.

—¿Cuántas trajiste?

—Las suficientes para que esta casa no parezca un museo.

Kang tomó una de las cajas y la abrió.

Dentro había libros.

Muchos libros.

—¿Leíste todo esto?

Max asintió.

—La mayoría.

Kang tomó uno.

—No sabía que te gustaba leer.

—No sabes muchas cosas sobre mí —respondió Max con una pequeña sonrisa.

Kang cerró el libro.

—Supongo que ahora tengo tiempo para descubrirlas.

Max se quedó en silencio unos segundos.

Luego tomó una caja más pequeña y la abrió.

Dentro había una foto.

La miró... y luego se la mostró a Kang.

—Mi familia.

Kang observó la imagen.

Max se veía más joven.

Más despreocupado.

—Se ven felices —dijo Kang.

—Lo eran.

Kang levantó la vista hacia él.

Max cerró la caja lentamente.

—Por eso acepté el matrimonio arreglado —dijo—. Quería que todo siguiera igual.

Kang no dijo nada.

Solo se acercó y apoyó una mano en su hombro.

—Tal vez no será igual...

Max lo miró.

—Pero podemos hacer que sea algo bueno.

Max lo observó en silencio.

Luego sonrió suavemente.

—Me gusta cómo piensas cuando no estás peleando conmigo.

Kang rodó los ojos.

—No te acostumbres.

Max se levantó y tomó otra caja.

—Demasiado tarde.

Y mientras comenzaban a desempacar la casa, el lugar empezó a sentirse cada vez menos como un regalo por un matrimonio arreglado...

y cada vez más como el inicio de algo real.




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