Warhammer40k: Campos De Guerra

Capitulo 2 -Honor y sangre

ARCHIVO CONFIDENCIAL DEL ORDO HERETICUS

Clasificación: Extremis / Solo para ojos autorizados

Nombre registrado: Hermano Marcus Valerian

Capítulo: Ultramarines – 3ª Compañía (en servicio provisional bajo comando del Capitán Clavious)

Rango: Astartes Veterano de Línea

Designación del Espíritu Máquina: “Vox Veritas”

El Hermano Marcus exhibe un equilibrio inusual entre fervor religioso y razonamiento táctico.

A diferencia de otros Astartes, conserva fragmentos activos de su identidad humana anterior, lo que le otorga empatía hacia los soldados de la Astra Militarum. Sin embargo, este mismo rasgo es visto por algunos capellanes como una posible semilla de duda.

Su mente proyecta una calma anómala durante los momentos de extrema violencia; los registros del bió-monitoreo muestran picos de serenidad en medio de la masacre, indicando una conexión espiritual con el acto de guerra.

Diagnóstico: Fe estabilizadora – sin riesgo de corrupción.

Riesgo emocional: Melancolía latente, tendencia a introspección.

Por dentro, la edificación hereje era inmensa, un coloso oscuro cuyas paredes estaban manchadas con sangre humana y tiránida por igual. Avanzamos por un pasillo angosto cuando nos topamos con un grupo de tiránidos que, al vernos, abrieron fuego frenéticamente, como si sus miserables vidas dependieran de ello. Y, por supuesto, dependían de ello.

Corrimos hacia ellos.

El Capitán Clavious dio un salto que habría hecho temblar al propio Mjolnir, y en el aire abrió fuego contra uno de los xenos, perforándolo mortalmente. Cayó de pie, con la elegancia brutal de un Astartes veterano, y aplastó la cabeza de la criatura con su bota derecha. Hizo una mueca de asco durante un segundo y siguió disparando a los que quedaban.

El interior del edificio era un laberinto de pasillos largos, marcados con las grotescas señales de la herejía. Dos tiránidos se abalanzaron sobre mí. Asestaron algunos golpes que para mí no fueron más que cosquillas, intentando arrancarme el casco. Inútil.

Sujeté a uno por su repugnante cola mientras el otro seguía desgarrando mis placas, tratando en vano de dañar mi armadura. Lancé al primero contra el suelo con tal fuerza que soltó un grito agónico justo antes de que lo pisara, aplastando su columna hasta que mi bota atravesó su carne y lo destripó desde dentro.

Tomé mi arma, equipada con el modo sierra, y logré lanzar al otro al piso. Hundí la hoja en su abdomen y lo partí por la mitad en un estallido de vísceras y furia. Su sangre cayó a chorros sobre mi casco.

Kane soltó una carcajada maniática:

—Carajos, hermano… acabas de darle un nuevo color a tu casco —dijo mientras reventaba varias cabezas xeno con disparos certeros.

Artruss blandía su espada con furia, ejecutando movimientos implacables. Más de un enemigo quedó sin cabeza, tendido como carroña fresca o incrustado en las paredes como masa irreconocible. Repetía una y otra vez:

—La guerra es siempre la guerra.

Ya lo había oído antes, pero ahora parecía disfrutarlo mientras mutilaba tiránidos.

De repente escuché la voz de Volvon:

—¡Cuidado, hermano Marcus, detrás de ti!

Un tiránido saltó intentando atacarme por la espalda, pero me giré lo suficientemente rápido para atraparlo del cuello antes de que cayera encima de mí. Lo azoté contra el suelo mientras Volvon le descargaba varios disparos en el cráneo, destruyéndolo al instante.

—Parece que ese era el último —dijo el Capitán Clavious—. Hay mucha presencia tiránida y hereje en este maldito lugar… pero limpiaremos a estos infieles de sus pecados. Hoy acabaremos esta herejía. ¡Sigamos!

Corrió haciendo una seña hacia el final del gran pasillo.

—Señor, ¿creo que estamos cerca de los patios, cierto? —preguntó uno de los hermanos.

Clavious respondió de inmediato:

—No, soldado. Para salir de aquí tendremos que subir. Según el mapa de mi vitácora, estamos cerca de un elevador que nos llevará a la sala central. Desde allí, tendremos que abrirnos paso… pero veo que deberemos recalibrar la energía de todo el complejo.

Miró por una ventana. Uno de los pisos superiores estaba completamente sin energía. Y justo allí estaba la salida. Su rostro se endureció un instante mientras revisaba su vitácora, la cual mostraba un movimiento irregular en ese nivel.

—Nos están esperando allá arriba —dijo—. Tendremos que abrirnos paso contra lo que sea que esté allí.

Kane revisó su propia vitácora.

—Son muchos… bueno, hermanos, hagámoslo.

Artruss añadió con una voz cargada de amenaza:

—Sí. Quizás sea una base de importancia. O se preparan para atacar al segundo pelotón. No lo permitiremos.

Volvon recargaba su arma en silencio. No dijo nada; solo nos miró y asintió.

Corrimos hacia el elevador, y al doblar a la derecha vimos el suelo cubierto de cuerpos de soldados del Astra Militarum, muertos frente a las puertas.

—Mantuvieron posición aquí… pero esos tiránidos los masacraron —dijo Clavious con rabia contenida—. Deben ser parte del segundo pelotón del que habló el Capitán North. Subamos.

Tocó el panel de mando y el ascensor descendió. Sus puertas metálicas se abrieron con un chirrido oxidado. Entramos. Se cerraron de golpe.

El silencio dentro era pesado. Podía sentir el sudor recorriendo mi espalda, pero aun así mi mente y mi cuerpo estaban listos para lo que nos esperara en aquel maldito piso de la base hereje.

Y sabía, en lo más profundo de mi ser, que lo que nos aguardaba no sería humano.

El ascensor ascendía con un temblor metálico, como si la maquinaria misma se resistiera a llevarnos hacia lo que nos aguardaba arriba. El silencio dentro era espeso, casi físico. Solo se escuchaba el zumbido grave del motor y nuestra respiración, amplificada dentro de los cascos.

—Estamos entrando en territorio saturado —gruñó Clavious—. Manténganse alertas. No tendremos segundas oportunidades.




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