Todas sus mañanas salía de su casa para estar un momento en el lugar donde se reunía con su amiga la mayoría de veces, pero esta vez estaba ahí sola debido a que supuso que Eunice asistía en la escuela. A diferencia de Eunice, ella se despertaba una hora más tarde y nunca dejaba la costumbre de salir un instante en el lago mientras sumergía sus pies dentro del agua.
Aun estando sola, disfrutaba estar allí y lo demostraba con una leve sonrisa, pero como siempre había algo que le hacía esfumar su sonrisa de inmediato. Giro a mirar el carruaje que ocasionalmente se asomaba a su casa, de aquel vehículo bajaba una mujer, quien resultaba ser su docente.
Por más que la haya visto llegar no fue enseguida, vio de lejos aún sentada la escena de su padre recibiéndola. Apartar la vista para no ir fue un intento inútil, ya que su padre cruzo miradas con ella y sin tardar le hizo señas para que entrara a la casa.
Con una expresión de angustia en su rostro, se levantó de donde estaba y no tardo demasiado en ir a su casa ya que iba a empezar sus clases. Mientras apenas entraba a la casa, la mujer le dio una suave caricia en el cabello al verla pasar y pronto centro su mirada en los padres de Lismary, sin quitar su sonrisa.
-Volveremos pronto, le dejaremos la sala de estar a cargo por si le hace más cómodo enseñarle a nuestra hija-comento el hombre, quien también tenía una sonrisa-su hermano va a llegar en unos minutos.
-¿Podría usted enseñarle a nuestra hija de nuevo sobre matemáticas? -pregunto con un tono bastante amable a la maestra-hemos notado que en las tareas que usted le deja a Lismary le dificulta un poco, quisiera que la ayude a mejorar en esa asignatura.
-Claro, encantada-mostro una sonrisa más extensa-hare que pueda comprender un poco más aquel tema y luego seguiré con literatura.
-Muchas gracias-añadió el dueño del hogar, haciendo un pequeño gesto de agradecimiento con su cabeza-con permiso, ya nos retiramos-dijo, por último, subiendo a su propio carruaje junto a su esposa. Fueron en la parte de adelante mientras tomaba otro camino directo a la ciudad.
Al verlos irse, aquella mujer borro su sonrisa en un segundo y puso una expresión más molesta, en el momento de ingresar a la casa cerró la puerta con fuerza. Lismary estaba sentada en una de las sillas de la mesa donde comía, observándola con temor. Cuando la mayor se acercó, la tomo con algo de brusquedad su brazo y la observo con furia.
-¿Eres idiota que no puedes entender algo simple, burra? -al decirlo le apretó más el brazo, con intención de lastimarla-intente explicártelo una y otra vez, me empiezas a fastidiar.
Solo miraba el agarre, en cuanto apretaba más quiso apartar a la mujer, pero solo recibió una bofetada de repente. Luego de ese golpe, la más alta volvió a sostenerla con fuerza del brazo y levantarla de la silla para ir a donde siempre estudiaba. Cerro la puerta con rapidez y la hizo sentar en una de las sillas de manera brusca, dejando los libros sobre la mesa con un golpe.
Lismary levanto apenas su mirada hacia ella, con solo eso tuvo un ligero golpe en la cabeza por parte de su maestra.
-Espero que en esta clase prestes atención porque no pienso desperdiciar más de mi tiempo con una porquería como tú-hablo con desagrado mientras jugaba con una regla extremadamente larga que traía en sus manos. Pronto se quedó cerca de la pizarra, agarrando una de las tizas para empezar a anotar un ejercicio de matemáticas.
Quien estaba sentada se concentraba en lo que le explicaban, llego a notar como la mujer escribía con cierta rapidez y de mala manera. Mientras recién empezaba a mantener el ritmo de la mujer, la otra persona que estaba dentro de la sala ya había terminado de copiar en la pizarra y se acercó a la del cabello ondulado.
Verla acercarse de esa manera le hizo levantar la vista y dejar de copiar en ese entonces, la institutriz se colocó a su lado para mirar la hoja donde apenas vio unas palabras de lo que escribió. Con furia, miro a quien estaba sentada.
-Se supone que ya deberías de haber copiado mientras yo avanzaba, ¿¡Se puede saber porque esta incompleto!? -pregunto con enojo y levantando su voz, cruzo sus brazos esperando la respuesta.
Lismary miro la hoja con nerviosismo y no tardo en empezar a llorar, sus manos apenas temblaban por el miedo que sentía en ese instante. Eso no conmovió a la mujer, actuaba indiferente al ver esa escena y por más que esperara unos segundos a que reaccionara, no tuvo paciencia y tomo el objeto que tenía a su lado lo cual era una regla larga de manera-los brazos.
Quiso negarse y convencerla de prestar más atención explicándolo con gestos, pero fue un intento en vano ya que al final obedeció a la mayor que estaba a cargo de ella. No era algo nuevo que sucediera, solo soporto los golpes sin importar que sus brazos sangraran y que soltara lagrimas involuntarias.
Las horas donde le enseñaban en esa sala fueron como cualquier otra, la alumna intentaba comprender la enseñanza de su docente particular intentando ignorar el hecho que estaba sobresaltada. En unos cuantos minutos la mujer sintió que los dueños llegaron, no demoro en mirar a la menor y señalarla con la regla.
-Cúbrete ahora mismo con las mangas del vestido, si no la próxima será mucho peor para ti-amenazo la mujer con un tono severo y no tan alto, solo con la intención que su estudiante escuchará.
Hizo lo que su maestra pidió sin cuestionar, se acomodó sus mangas del vestido que usaba y cambio su expresión cuando llegaron sus padres a la sala. Quien enseñaba se mostró alegre y tranquila ante los adultos que habían llegado.
-Hemos llegado-fue lo primero que dijo el hombre al llegar-¿Todo en orden?
-Todo de maravilla, señor Graves-contesto la maestra-aun me queda una hora más con su hija.
-Comprendo, ya nos retiraremos si es así-respondió-¿Lismary está aprendiendo?
-Seguimos avanzando con matemáticas, aun se le dificulta del todo-aclaro-usare esta hora para seguir con la misma asignatura.