Si eres alguien diferente, soporta tener que ser juzgado por personas que no lo son. Te discriminan.
Si piensas distinto, no esperes a ser comprendido por las demás personas que no lo hacen. Te juzgan.
Si no eres igual al resto de tu familia, te convertirás en la burla de todos ellos. Te menosprecian.
Eran algunas de las percepciones de Eunice que tenía sobre la vida, a medida que iba creciendo, aquellos pensamientos los aseguraba con firmeza y era algo que lo recordaba bien, algo que la ayudaba a acostumbrarse con su vida impuesta.
No siempre había sido así para ella, desde su infancia nunca llegó a creer que el mundo sería tan complicado, tan indiferente y monótono. La vida siempre era la misma en cada día, mes y año, cada segundo, minuto y horas. Desde aquellos tiempos eso le aborrecía.
Los roles eran algo que detestaba profundamente, los consideraba insignificante y algo inútil. ¿Porque si naces hombre o mujer debes de hacer ciertas cosas? ¿Por qué al decir lo contrario a sus creencias o pensamientos era mal visto? Las palabras eran más de lo mismo, todos pensaban exactamente igual.
Y eso, eso afectaba en su vida familiar.
Detestaba ver siempre a su padre y su hermano más independientes, libres de elegir y hacer lo que quieran, mientras que ella a temprana edad se encargaba junto a su madre de los deberes de la casa y como comportarse como una mujer como decían.
Odiaba a su hermano mayor, que solo le llevaba dos años de diferencia. El siempre podía salir cuando quiera a jugar sin permiso desde niño, le daban comida de más ya que los hombres comían más, le daban mucho más privilegios por el simple hecho de nacer del género contrario a ella. Y a ella solo la mandaban a hacer cosas del hogar y era regañada constantemente por su forma de ser, pero nunca cambió y solo la incentivaron a reforzar su personalidad.
Se fue acostumbrando a su vida, ya no sentía odio ni furia, solo desinterés y poco ánimo a la vida, se mantenía fría y reservada ante todo. Sus familiares, y más las mujeres, odiaban verla ser así, pero no le era relevante.
"Te vas a quedar sola", "Vas a morir sola si sigues siendo así", "Nadie te va a querer", "terminarás en la iglesia". Palabras absurdas, eran demasiadas palabras repetibles que salían de la boca de su familia, ¿No tenían algo nuevo?
Y no solo podía hablar de su familia, de lo iguales y aburridos que eran. En su vida también estaba la escuela, todos eran lo mismo, pero quienes no la molestaban eran desapercibidos para ella. Pero no podía decir eso de aquel grupo de chicas.
Chicas que se rien a cada rato, se juntan en cada momento, solo hablan de chicos o no sabía bien que temas existían en esa vida tan inservible que tienen. Ante los varones y con otras personas, ellas actúan tranquilas y siempre luciendo con una sonrisa, mostrandose tan alegres y divertidas, a la manera que ya le parecía irritante. Y no era solo por esa razón, si no por lo falsas que eran.
Siempre la molestaban, a veces indirectamente y en otras no, pero siempre que tenían la oportunidad de arruinar su día lo hacían. La mayoría siempre eran comentarios hacia lo que pensaban de Eunice, comparándose y entre otras cosas más, para luego salir burlándose a quien le había lanzado todos esos comentarios.
Y no siempre eran palabras, eso no le bastaba al grupo de chicas. Hacian pequeñas bromas inofensivas a su compañera, según ellas así lo veían, pero era su pasatiempo favorito en la escuela amargarle la vida a la que consideraban una extraña, más al saber que nunca se quejo ni hizo algo al respecto. Eunice era el entretenimiento de ellas, un chiste.
Y así era la vida que tenía Eunice, tanto familiar como escolar, era bastante horrible y abrumador. Solo podía esperar crecer y hacer su vida, sin que nadie se entrometiera a decirle que hacer.
¿Pero la vida no podía ser tan mala y aburrida no? Ya sería un castigo si fuese así, sabía que algunas personas no tenían nada bueno ya que no siempre todo es felicidad como se aparenta. Pero ella, con lo poco que tenía, se sentía agradecida y era más que suficiente.
Y con ese poco se refería a dos personas, no más y menos que eso. No era de demostrar mucho cariño o sentimientos, ni palabras, ambos de los que hablaba estaban acostumbrados a su personalidad que mantenía con todos. Aunque a veces llegaban a verla ser un poco distinta.
Ellos dos no se conocían entre sí, uno de ellos estaba en la escuela y la otra persona cerca de donde ella vivía. Pero la segunda amistad no era tan conocida por su familia, ella nunca presentó sus amigos a sus familiares, no tenía la intención ni deseo de hacerlo.
Uno de ellos que no conocía hace mucho era Wade, quien era de la escuela y del otro salón, apenas se conocieron hace dos o tres años.
Nunca tuvo mucha confianza hacia él, pero no era que no la tenía del todo, simplemente se le hacía extraño que un chico bastante conocido en la escuela y querido por todos se le acerque, queriendo iniciar una amistad con ella.
Al principio creía que era un reto y lo mantenía alejado, hasta que por el tiempo que paso se fue acostumbrando, aún así estaba siempre alerta. Salían muchas veces juntos, hacían las tareas o pasaban los recreos, siempre era el quien se acercaba.
Según para el, decia que se acercó ya que le llamaba la atención por los rumores que le daban de ella y quería conocerme, aunque Eunice se preguntaba que rumores habrá escuchado.
Nunca tuvo problemas con él, lejos de todo lo que creía, era alguien agradable y tranquilo con quién pasar el tiempo, pero no siempre estaba con él ya que también veía que tenía otras personas con las que socializaba.
Su familia, al verlo una sola vez con ella, ya molestaban a Eunice con que eran pareja y otras cosas mas que le incomodaba. Ella nunca escuchaba eso, realmente lo veía como un amigo y esperaba que no sea cierto, que él no tuviera otras intenciones.