Bajó las escaleras a toda velocidad. Era mentira. Esos dos no eran así. Aceleró el ritmo mientras esquivaba a las personas en el pasillo. Su respiración se volvió errática. Se detuvo un instante, buscando desesperadamente el salón de música. Cuando lo encontró, se apresuró y abrió la puerta con brusquedad.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Do-yun estaba de pie frente a Jeong-in, quien yacía en el suelo con el labio roto. Sus rostros reflejaban una ira brutal, y sus puños cerrados anunciaban un enfrentamiento inminente. Quiso avanzar, pero sus piernas no respondieron.
—¿Qué carajos pasa contigo? —preguntó Do-yun con voz fría y expresión endurecida.
Jeong-in se incorporó con dificultad, limpiándose el labio herido. Sin recuperar del todo el equilibrio, se lanzó contra Do-yun, empujándolo con fuerza antes de abalanzarse sobre él y comenzar a golpearlo sin piedad.
—Maldita rata —gruñó entre dientes.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Woo-jin, que reaccionó al instante, sujetando a Jeong-in por los brazos y apartándola de Do-yun.
Este último levantó la cabeza y la miró con profundo asco. La sangre descendía por su nariz, y sus ojos ardían de furia contenida.
—¿Maldita rata? —repitió Do-yun con un tono venenoso y burlón—. ¿Lo dice la extraña?
El cuerpo de Jeong-in se tensó de inmediato ante sus palabras. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se obligó a mantenerse firme.
—¿Extraña? ¿Así me ves? —su voz salió cruda, casi rota, sin apartar la mirada de Do-yun.
—Sí. Es la única manera en la que puedo verte.
Do-yun se levantó con calma y sacudió el polvo de su uniforme, su voz impregnada de un veneno que hacía que el aire en la habitación se sintiera más pesado. Luego, dirigió la mirada hacia Woo-jin. Sus ojos cristalinos lo hicieron estremecer.
Era mentira.
—Do-yun… —susurró Woo-jin, intentando acercarse a él, pero el otro apartó su mano con frialdad y se dispuso a irse.
Antes de que pudiera hacerlo, Jeong-in lo golpeó de nuevo.
—¿Solo vas a huir? —preguntó con la voz quebrada.
—¿Huir? Solo estoy haciendo lo que debí haber hecho hace meses.
La luz en sus ojos se extinguió de una forma aterradora.
—¿De verdad pensaste que alguna vez podría verme contigo?
Una sonrisa cruel se dibujó en el rostro de Do-yun.
Jeong-in se estremeció. Esa persona no era Do-yun. Él no sería capaz de mirar a nadie con tanto desprecio.
—Me da asco solo imaginarlo.
Antes de que Woo-jin pudiera procesarlo, su mano ya estaba en el aire y golpeó con fuerza la mejilla de Do-yun.
El sonido resonó en el silencio del salón.
Do-yun se quedó de pie, completamente paralizado. No supo qué decir.
—Te estás pasando —la voz de Woo-jin salió hueca, como si sintiera el dolor de Jeong-in en su propia piel.
La menor dejó escapar una risa amarga.
—¿Así te sientes? —su voz sonó rota, incapaz de mirar a quien le hablaba—. No te preocupes, jamás volveré a verte de esa forma.
Woo-jin sintió el punto de quiebre de Do-yun. Sus ojos se cristalizaron aun mas.
—Aunque duele saber que al final... Seas solo un asesino...
Su voz se apagó en un susurro.
Do-yun no respondió. Solo bajó la mirada. sintiendo la palabra quebrarle lo que pensaba que ya estaba roto, ya sabia eso, ya sabia lo que era... pero escucharlo de ella... simplemente ya lo sabia, sabia que el era un asesino
Woo-jin intentó decir algo, pero antes de que pudiera articular palabra, la chica salió del salón, limpiándose los ojos con brusquedad. Tropezando breve con la otra chica que habia escuhado el rumor y al verla salir y ver entre ojos a Woo-jin y al chico peli negro a su lado el miedo la hizo correr detras de Jeong-in.
Sin pensarlo, Woo-jin tomó a Do-yun del suéter con fuerza. Su voz tembló de rabia contenida.
—¿Por qué haces esto?
Do-yun lo miró directamente. Sus ojos vacíos hicieron que Woo-jin sintiera un nudo en el estómago. Ese no era Do-yun, ese no era su mejor amigo, ese no era el chico de solo tres dias atras...
—Es lo mejor —murmuró Do-yun en un hilo de voz.
—¿Para quién? —insistió Woo-jin, buscando desesperadamente un destello de vida en su mirada. Solo uno pequeño... Ignificante, pero que existiera en su mirada...
Pero se quedó sin aliento cuando vio una lágrima rodar por su mejilla.
—Para ella.
Woo-jin abrió los ojos de golpe. Otra vez ese estúpido sueño. La clase de historia aún no había terminado, pero no podía concentrarse. Levantó la mirada y dirigió la vista al asiento de Do-yun. Estaba vacío.
Frunció el ceño. Do-yun no tiende a escapar de esta clase solo. Con una sensación incómoda en el pecho, se puso de pie y salió del aula sin molestarse en pedir permiso.
Desde aquel día, todo había cambiado. Los rumores sobre Do-yun crecieron hasta volverse una sombra que lo seguía a todas partes. Ahora, no solo era temido, sino también acosado.
Cuando Woojin entró al baño, dos alumnos de tercer año pasaron junto a él riendo entre dientes. Lo empujaron levemente al salir, sin siquiera mirarlo.
Lo siguiente que vio hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Do-yun salió de uno de los cubículos, el labio roto y pequeñas gotas de agua resbalando por su cabello, cayendo al suelo. A su alrededor, un charco de agua se expandía lentamente.
Woo-jin intentó acercarse, pero la imagen lo detuvo. Sintió cómo una piedra se instalaba en su estómago.
—¿Seguirás así? —Su voz salió más fría de lo que esperaba, casi cortante.
Do-yun no respondió. Solo guardó silencio, como si las palabras hubieran perdido sentido para el. Luego, simplemente comenzó a caminar sin mirarlo, sin esperar nada.
Antes de que Woo-jin pudiera reaccionar, la voz autoritaria de la coordinadora resonó en el pasillo.
—¡Ustedes dos!
Do-yun bajó la mirada, como si ya supiera lo que vendría.
—¿Qué sucedió? —preguntó la mujer, señalando la humedad que rodeaba a Do-yun con una expresión de fastidio.