When Two Fates Flow into Love

Do you think it doesn't hurt me?4

Antes, los pasillos solían parecer increíblemente cortos. Cuando caminaba junto a ella, el tiempo se detenía y, a la vez, se aceleraba en una extraña paradoja. Pero ahora… ahora eran demasiado largos. Ahora, no tenía idea de qué hacer con tanto tiempo libre.

Antes...

No. ¿De qué servía seguir pensando en eso?

Esto era lo mejor.

Do-yun levantó la mirada con lentitud, pero en cuanto vio al frente, bajó la cabeza de inmediato. Intentó seguir de largo, pero Ryu lo sujetó por la camisa, solo para soltarlo en el mismo instante en que sintió la humedad de su ropa empapada.

—¿Estás mojado? —preguntó, su voz cargada de molestia, pero no por la humedad, sino por lo que implicaba.

No hubo respuesta. Do-yun simplemente mantuvo la cabeza gacha, esquivando su mirada.

Ryu sintió un nudo en el pecho. La imagen de su amiga, empapada y con la ropa pegada al cuerpo, y las lagrimas calientes sin poder detenerse le provocó una punzada de impotencia. Odiaba verlo así, odiaba saber lo que estaba ocurriendo y no poder hacer nada. Pero también… odiaba lo que había hecho.

Porque no podía olvidar cómo había tratado a Jeong-in.

No podía borrar de su mente el veneno en sus palabras, la frialdad con la que la había mirado, como si no fuera nada. Como si su dolor no significara absolutamente nada.

Y eso la llenaba de rabia.

Do-yun intentó continuar su camino, pero Ryu lo detuvo otra vez, esta vez con más firmeza.

—¿Por qué haces esto? —preguntó, su tono ahora más suave, más herida.

Do-yun permaneció en silencio por un instante antes de responder en un murmullo casi inaudible.

—Dime, Han… ¿preferirías que Jeong-in pasara por esto?

Ryu sintió cómo su cuerpo se tensaba de inmediato. Su mandíbula se apretó. Su respiración se volvió inestable.

¿Preferirlo? ¿Qué clase de pregunta era esa?

—¿Qué quieres decir? —susurró, sin poder evitar que su voz se quebrara.

Un silencio pesado se instaló entre ellos, ahogando cualquier sonido a su alrededor. Las voces de los otros estudiantes en los salones se escuchaban como murmullos distantes, irrelevantes. Castigandolo, Do-yun la miro por fin, breve, solo un instante y bajo la miirada al piso, asuatado y a la vez herido

Do-yun pareció dudar.

—Yo…

De repente, su cuerpo se estremeció, como si un recuerdo lo golpeara de lleno. Su expresión se torció, su respiración se agitó y se llevó una mano a la boca, como si estuviera a punto de vomitar.

Ryu se alarmó y avanzó instintivamente para sostenerlo, pero Do-yun apartó sus manos con brusquedad.

Ese rechazo dolió.

Pero más que el rechazo, dolió verlo así.

Ryu vio cómo recuperaba la compostura a duras penas, cómo sus puños se cerraban con frustración, cómo su mirada seguía clavada en el suelo, como si no pudiera levantarla sin romperse por completo.

La ira en su interior se confundió con la pena.

Porque sí, estaba furiosa. Furiosa con Do-yun por lo que había hecho, por la crueldad con la que había tratado a Jeong-in, por la forma en que parecía estar destruyéndose a sí mismo sin permitirle a nadie ayudarlo.

Pero al mismo tiempo… le dolía.

Le dolía verlo en este estado, le dolía ver lo que estaba sufriendo y no poder hacer nada. Como el se apartaba como si quemaran, como si nunca hubieran sido inseperables, le dolia no ser lo que Do-yun nesecitaba...

Abrió la boca, queriendo decir algo, cualquier cosa.

Pero antes de que pudiera articular palabra, Do-yun aceleró el paso, alejándose sin mirar atrás.

Y Ryu se quedó allí, con el corazón latiéndole en los oídos, sintiendo cómo su rabia e impotencia se enredaban en su garganta, impidiéndole respirar con normalidad.

"Perdóname, Han"

Do-yun nunca lo dijo en voz alta.

Y eso lo hirió más de lo que jamás admitiría.

El ardor en su cuerpo era punzante. Aunque ya había tomado una ducha después de llegar de la escuela, las horas que pasó encerrado en el baño terminaron afectándolo. Ahora, miraba el techo de su cuarto con una mano en la frente, respirando por la boca en un intento fallido de aliviar el sofoco que sentía.

—¿Puedo pasar? —la voz de su madre lo sacó de sus pensamientos.

Do-yun se incorporó lentamente en la cama y le dedicó una leve sonrisa. Una sonrisa rota.

Ella la vio. La vio como la había visto tantas veces en los últimos meses.

Esa no era la sonrisa de su hijo.

Su hijo solía iluminar la casa con su risa. Ahora, en su mirada no quedaba más que un vacío difícil de ignorar. Había intentado engañarse, decirse a sí misma que tal vez solo eran cosas de la edad, que los adolescentes cambiaban, que todo estaría bien…

Pero no estaba bien.

Él no estaba bien.

Su madre entró con una bandeja en las manos. La sopa humeante desprendía un aroma reconfortante, pero ni siquiera el calor de la comida podía deshacer el frío que se instalaba en su pecho cada vez que lo veía así.

—¿Estás mejor? —preguntó, dejando la bandeja sobre la mesa de noche.

—Un poco —respondió, tomando la bandeja y apoyándola en sus piernas. Dio la primera cucharada, sintiendo el calor recorrer su garganta.

Pero su madre ya no miraba la sopa.

Bajó la mirada lentamente, su pecho oprimiéndose.

—¿Qué pasó esta vez, cariño? —su voz fue apenas un murmullo, como si temiera la respuesta.

Do-yun se congeló.

Era sutil, pero lo notó.

El ligero temblor en sus manos, la forma en que evitó su mirada, el esfuerzo por mantener la compostura.

No quería decirle. No quería preocuparla.

Pero ella era su madre.

Sabía que algo andaba mal.

—No es nada, mamá —mintió, inclinándose para besar su frente.

Era la misma respuesta de siempre.

Y como siempre, su corazón se rompió un poco más.

Ya no podía fingir que no veía los moretones en sus muslos. Ya no podía ignorar que, cada día, su hijo se hacía más pequeño, más distante. Y lo que más le dolía… era que no confiaba en ella lo suficiente como para contárselo.



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En el texto hay: acccion venganza persecucion

Editado: 10.07.2026

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