When Two Fates Flow into Love

Don't you realize, Do-yun? 5

Woo-jin lo había ayudado a ponerse al día después de faltar una semana a clases. Antes, solía disfrutar esos momentos, pero ahora… ahora todo le parecía vacío, carente de sentido.

El profesor salió del aula y el salón se convirtió en un caos. Risas, gritos y charlas llenaron el espacio, pero él se mantuvo inmóvil en su asiento, sintiendo la distancia entre él y el resto del mundo.

Woo-jin ya no estaba en su clase. Lo habían cambiado de grupo por petición suya, y no se arrepentía de haberlo hecho. O al menos, eso quería creer.

Levantó el rostro lentamente, dejando escapar un suspiro pesado. De reojo, observó al chico sentado a su lado. Sus ojos estaban fijos en el libro que tenía abierto sobre el pupitre, su expresión tranquila y concentrada. El leve fruncimiento de sus cejas indicaba que estaba realmente metido en el estudio.

Una brisa fría se coló por la ventana, moviendo las cortinas con suavidad. El chico desvió la mirada por un instante, encontrándose con la suya.

Y entonces, pasó.

La calidez en sus ojos desapareció en un instante. Su expresión se apagó y, sin decir una sola palabra, regresó su vista al libro con una rigidez forzada.

Un vacío se instaló en su pecho.

“Ya se lo contaron.”

No necesitaba ser un genio para saberlo. No era la primera vez que ocurría.

Desvió la mirada hacia el frente, observando a aquellos compañeros con los que alguna vez había hablado, con los que alguna vez había compartido risas y conversaciones triviales.

Uno de ellos lo miró de reojo. Un simple cruce de miradas bastó para que el otro se estremeciera y apartara la vista de inmediato.

Ridículo.

Todo esto era una completa mierda.

La puerta del salón se abrió de golpe y la profesora entró, provocando que el bullicio se desvaneciera de inmediato. Los alumnos regresaron apresurados a sus puestos, algunos murmurando entre dientes, otros enderezándose con fingida concentración.

Do-yun intentó prestar atención, pero las palabras de la profesora le llegaban como un murmullo distante, ahogado por el peso de sus propios pensamientos.

—¿Do-yun? —La voz de la profesora lo sacó de golpe de su ensimismamiento.

Un escalofrío de molestia recorrió su espalda cuando notó que todos los ojos en el aula se posaban sobre él. Su mandíbula se tensó y, con evidente fastidio, levantó la mano de manera descuidada, dejando que su mirada expresara claramente su irritación.

—¿Con quién harás el trabajo?

Frunció el ceño. ¿De qué trabajo estaba hablando?

La profesora notó su confusión y, con un suspiro exasperado, se quitó los lentes, masajeándose el puente de la nariz con impaciencia.

—¿Por qué nadie le dijo sobre el trabajo? —preguntó con una mezcla de frustración y descontento.

El golpe de su palma contra la mesa resonó en el aula. Un par de alumnos se removieron incómodos en sus asientos, bajando la cabeza como si intentaran evitar su enojo.

—¿Quién está libre?

El silencio se apoderó del salón.

Do-yun suspiró internamente. Esta era, sin duda, la parte de la escuela que más detestaba. Trabajos en grupo. Nada más molesto.

Cuando estaba a punto de abrir la boca para responder, notó un ligero movimiento a su lado. Jin-woo, el chico que había estado estudiando en silencio, levantó la mano con una vacilación evidente. Su brazo temblaba ligeramente, y su expresión reflejaba una mezcla de nerviosismo y resignación.

—Jin-woo… bueno —dijo la profesora, anotando algo en su libreta. Luego, tras un breve silencio, anunció con total normalidad:— El tema que les tocará debatir será sobre el amor.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Se puso de pie con rigidez, caminó hasta la profesora y tomó el papel de su mano sin siquiera mirarla. Ella, en contraste, le ofreció una sonrisa amable al entregárselo, como si intentara suavizar la situación.

Pero él no quería amabilidad.

Solo quería que todo terminara.

Sostuvo el papel con fuerza mientras regresaba a su asiento.

Odiaba de verdad esta escuela.

Bajo el árbol de almendra, Do-yun observaba a los chicos jugar en la cancha. La energía que derrochaban lo exasperaba. No entendía cómo parecían no agotarse nunca. Ese era el unico lugar donde daba directo a las camaras o simplemente donde los profesores descansaba, solia escaparse alli, intentando alargar los golpes que siempre llegaban, por que si, cuando se sentaba en ese arbol a leer, todos los chicos que lo acosaban solo esperaban a la salida o lo llebaban a Karaokes y lo insultaban o siemplemente lo golpeaban mientras cantaban... Habia dias donde siemplemente el no podia y se sentaba alli, pero lo que venia despues era aun peor.

—Disculpa.

La voz a su espalda lo hizo parpadear. No giró del todo, solo movió los ojos, y al ver de quién se trataba, desvió la mirada de inmediato, regresando la vista al frente.

—Sobre el trabajo…

—Yo estaré en contra. Haz lo que quieras —lo interrumpió sin darle oportunidad de continuar. Se puso de pie con intención de irse, pero la voz del otro sonó más firme, casi molesta.

—Lo que sucede es que no sé dónde queda la biblioteca.

Do-yun se detuvo y lo miró por encima del hombro. Jin-woo lo sostenía con una expresión neutral, aunque sus ojos reflejaban un leve atisbo de incomodidad.

—Pregúntale a alguien más —respondió con indiferencia, metiendo las manos en los bolsillos antes de girarse. Tenia que irse, tenia que alejarse de este chico... si no, el tambien...

A lo lejos, la profesora los observaba fijamente. Mirandolo directo a el, sabia y dedujo que habia sido ella quien lo habia mandado para "Hablarle" o esas estupideses de escuela y su maldito manual de convivencia

Qué molesto.

—Vamos —murmuró sin mirarlo.

Jin-woo se apresuró a caminar a su lado. Una ligera sonrisa apareció en su rostro antes de volver la vista al frente.

Qué persona más extraña.



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En el texto hay: acccion venganza persecucion

Editado: 10.07.2026

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