De todos los días donde podían descubrir una escena del crimen, tenía que ser en domingo por la mañana, y yo que deseaba tener un día como cualquier otro. Pero no puedo negar que sentía un poco de curiosidad cuando fui informado de lo que encontraron allí.
Me preparé vistiendo un traje oscuro de tres piezas y finos guantes de cuero negro.
Salí de mi departamento alrededor de las 9:00 para dirigirme a mi automóvil y conducir hacia mi destino: Ravenwood, un viejo y podrido bosque. Mi curiosidad me obligó a ir a máxima velocidad.
Acabé llegando luego de aproximadamente media hora de viaje. Mientras aparcaba, me di cuenta de la enorme cantidad de autos y personas que infestaban los alrededores del lugar.
Diría que odio a los chismosos, pero considerando mí oficio, creo que eso sería un tanto hipócrita.
El tumulto de gente se componía de personas de todo tipo, pero en su mayoría eran jóvenes de entre 16 y 21 años, todos llevando encima sus celulares con los que buscaban grabar y fotografiar todo lo posible. Después de todo, el morbo es lo que más llama la atención de la gente, lo que por consiguiente atrae más seguidores y vistas.
Debió ser muy molesto para ellos que los oficiales no les permitieran pasar más allá de la cinta policial que se extendía a través de un perímetro muy considerable.
Fue extremadamente incómodo el tener que atravesar a todas esas personas y flashes para poder ir a hacer mi trabajo, pero sentí una especie de sentimiento de superioridad tras pasar más allá de esa cinta, mientras todos ellos se quedaban atrás.
Los oficiales que se encargan de retener a las personas por fuera de la escena del crimen ya me conocen bastante bien, así que no fue necesario enseñarles mi placa de detective.
Empecé a atravesar los árboles que inauguraron el lugar para finalmente poder apreciar el escenario por el que estaba allí en primer lugar, ahora que no tenía la vista obstruida por sacos de carne.
La gente le teme a Ravenwood.
Les perturba su oscuridad, el sentimiento de ser acosado por una visita no deseada, los árboles acorralandote, los sonidos de las aves, insectos y roedores huyendo por instinto de supervivencia de este sitio.
Pero yo lo veía como un lugar tranquilo que me permitía despejar la mente y solo centrarme en su ambiente húmedo y olor a ceniza.
Extraño eso.
En definitiva, era una zona peculiar. Los árboles se abrían paso dejando un enorme espacio vacío, en el cual unos 4 o 5 oficiales estaban cavando enormes agujeros en la tierra con unas viejas palas. No sé por qué eso me produjo risa, tal vez por lo irreal que parecía verlos hacer un verdadero esfuerzo.
—Hey, Mike.
Mis pensamientos fueron repentinamente evaporados al oír una voz que conocía muy bien: Roy Campbell, nuestro médico forense principal. Tenía una expresión de melancolía, algo muy raro en él. Me indicó con las manos que me acercara a él, quien estaba al lado de uno de los agujeros que parecía que acababan de cavar, junto a su asistente, el cual fotografiaba lo que había allí dentro.
—Ahí voy.
Respondí mientras caminaba hacia él.
—Tienes que ver esto.
Me dijo mientras apuntaba al hueco en el suelo.
Tardé un rato en reconocer que era exactamente lo que estaba viendo. La chica dentro estaba demasiado demacrada como para que lo primero que se me pasara por la cabeza fuera que esa cosa alguna vez había sido un ser humano como yo. Su cuerpo era espectralmente pálido y esquelético, con las manos cruzadas en su pecho. Los gusanos se encargaron de devorar parte de su piel y tejido muscular, dejando expuestos algunos huesos, pero había algo que me llamaba particularmente la atención.
—¿Dónde está su cara?
Solté tras haberme quedado callado un rato.
—Ni idea —se agachó para inspeccionar más detenidamente el cadáver —. Pareciera que le extrajeron el rostro con un corte muy preciso, casi quirúrgico diría. Es imposible que esto sea producto de la descomposición natural.
—Es lo más enfermo que he visto.
Dijo tras nosotros el sargento Mark Neumann.
Tanto Roy como yo nos dimos un pequeño susto al verlo aparecer de la nada. Después de su comentario, clavó la vista en el pozo un rato; parecía hipnotizado.
—Ojalá fuera solo una chica —se volteó para ver a los muchachos cavando—. Hasta ahora hemos encontrado 4 cuerpos como este; todas eran mujeres jóvenes, de aparentemente entre 14 y 22 años, pero no podemos estar completamente seguros —desvió la mirada al suelo, con unos ojos de lástima, mientras yo asentía sin responder —. ¿Quién sabe cuántas deben haber sido enterradas?
—Este pareciera ser de sus primeros trabajos —agregó Roy, mientras enfocaba la vista en el cuerpo—. Los demás cuerpos están menos putrefactos.
—¿Cómo las encontraron?
Pregunté, con lo que Mark se volteó hacia mí y se tomó un momento para pensar qué contestar.
—Por lo que sabemos, en internet empezaron a surgir rumores de que supuestamente en este lugar en específico estaban enterrados los cuerpos de los desaparecidos en el incidente del 19. Por lo que un grupo de personas inspeccionaron el lugar y acabaron encontrando uno de estos muertos. Tras eso es que nos llamaron.
—¿Crees que realmente esté relacionado con esas desapariciones?
El sargento se tomó otra pausa para responder.
—No puedo estar completamente seguro, pero hasta ahora ninguno de los cuerpos que encontramos pareciera coincidir con la fecha del incidente. Si fuese así, los tejidos de estos cadáveres deberían de estar completamente descompuestos —tras eso suspiró y continuó—. Pero antes de empezar a buscar alguna relación entre ambos casos, deberíamos resolver este. Lo primero que haremos es identificar los cadáveres y tratar de descubrir quién esparció el rumor sobre este bosque, porque no creo que esto haya sido solo casualidad.
—Sí, yo tampoco creo que haya sido casualidad —volteé los ojos hacia el pozo mientras me cuestionaba por qué alguien haría algo como esto realmente—. Me pondré a trabajar, Roy. después envíame todas las fotos e información importante que saques.