Jueves. Hogar, dulce hogar.
En la mañana nos reunimos de la misma manera que como lo hicimos el lunes, pero esta vez el ambiente era diferente. El silencio fue asesinado y reemplazado por murmullos y la amargura se convirtió en esperanza. Eso debería alegrarme, pero la verdad es que me desconcertaba. Hasta cierto punto era inquietante ver tanta felicidad en este lugar.
De nuevo, Donald dirigía. Nos turnamos para hablar de nuestros hallazgos. Sentía un ambiente de competencia, de ver quien había descubierto más. O tal vez era sólo producto de mi imaginación.
Primero fueron Abigail y su compañero, un detective del que ni siquiera puedo recordar su nombre de lo poco relevante que era. No descubrieron nada nuevo de su chica, Merril Fisher, de Rochester. Eso no me sorprendió en lo absoluto.
Ese tropiezo hizo que el buen humor del momento se desvaneciera temporalmente.
Después siguieron Miles Novak y Nolan Outlaw. El primero era moreno y calvo, tenía aspecto de poseer una buena condición física. Su compañero por otra parte era más pálido y enano, tenía el pelo rubio y desordenado. La verdad no los conocía prácticamente nada, así que tampoco esperaba nada. Pero tengo que admitir que no lo hicieron tan mal.
—Bien —empezó Miles —. Según unos testigos la chica, Olivia Mitchell, estaba caminando en la calle cuando apareció al lado suyo un auto. Al parecer no la forzaron a subir, sino que ella lo hizo de manera voluntaria.
Siguió su compañero:
—No podemos estar seguros de cuántas personas había realmente en el vehículo, ni de que modelo exacto se trataba. Los testigos no prestaron atención a la matrícula ni a al auto en si. Lo máximo que sabemos es que era gris y que “posiblemente” sea un ferrari. En cuanto a la vida de la chica, no podemos decir mucho. Era alguien común, o al menos eso parecía.
Si bien no era mucho, al menos era algo. Ya podíamos empezar a suponer un posible patrón.
Ahora tocaban Henry Pierce y Peter Demateis. Henry era muy delgado, casi esquelético. Pitt en cambio, era más bien gordito. Él fue quien empezó.
—No pudimos averiguar nada de cómo se la llevaron, pero descubrimos varias cosas sobre la chica, kinsey nix. Ella era la típica chica “rarita” de secundaria, sin amigos. Suponemos que el asesino usó eso para manipularla de un modo más sencillo.
Henry continuo:
—De hecho la noticia de su desaparición pasó prácticamente desapercibida, incluso para su familia.
Empecé a percatarme de que Donald parecía no reaccionar, o tal vez simplemente estaba demasiado reflexivo.
Luego seguimos Mark y yo. Por la expresión en los rostros de varios de nuestros compañeros, se notaba que llevábamos la delantera.
Pero ese no era el final.
Todavía faltaban Sophia Scott y Amelia Mendez. la primera era la rubia favorita de todos aquí (aunque eso me excluye) y la otra, debo admitir que era una de las mejores agentes que teníamos, aunque no era muy simpática.
—Escuchen —arrancó Sophia con su típico tono egocéntrico —nuestra chica, Agatha Myers de Miami, solía ser una persona común. no era extremadamente extrovertida pero tampoco era una ermitaña. Según su psicólogo, ella padecía serias inseguridades de sí misma. Al parecer el modus operandi de nuestro sepulturero es captar mujeres solitarias o con problemas de autoestima, para atraerlas o directamente seducirlas, a través del uso de redes sociales. Conseguimos un retrato del departamento de personas desaparecidas local. Tal parece que te equivocaste Mickey.
—¿De qué demonios hablas?
Mi boca reaccionó más rápido que mi cerebro, así que no pude medir mi lenguaje. Aun así a ella no pareció molestarle, de hecho se rio.
Nos mostró a todos la imagen. Ni siquiera era un hombre, era una mujer morocha con el cabello oscuro y largo, y con facciones regulares y genéricas. De nuevo, demasiado común y normal.
Mierda.
La sala se inundó con un silencio mortífero e incómodo. Nadie sabía qué rayos decir. todos me veían directamente, mientras sentía ganas de vomitar.
—Bueno —empezó forzosamente Grey —. ¿Qué demonios debemos creer? ¿Nuestro asesino es un hombre o una mujer?
Seguían viéndome como si supiera la respuesta. Sophia me mostraba una sonrisa, tal parece que le gustaba verme en esa posición vergonzosa.
—Yo… No lo sé. Tal vez no sea ninguno de los dos…
Me siguieron observando. parecía que a ninguno de ellos les gusto mi respuesta.
—Le diremos al departamento de delitos cibernéticos que investigue las redes sociales de las víctimas para ver si hallan algo del perfil del asesino. Eso es todo oficiales, la reunión acabó.
Mientras todos se iban, William se me acercó para decirme:
—Investigue lo que hablamos la otra noche en el bar. No encontré nada en la historia del bosque Old County que pareciera poder haber creado un asesino.
Aguante las ganas de expulsar por la boca mi estómago, a la vez que empezaba a sentir como si mi temperatura corporal subiera.
Tal parece que nada podía salirme bien.
—Bueno… gracias por tu esfuerzo Will.
Fui a mi cubículo.
Por suerte siempre guardo pastillas de ibuprofeno en un cajón por si acaso. Aunque nunca las había necesitado hasta ahora.
Desde mi silla podía escuchar las conversaciones de mis compañeros. todos Estaban perdidos, sin saber que hacer o siquiera pensar de toda esta situación. Empezaban a formular teorías. Como que había más de una persona detrás de esto, que se trataba de un acto de un grupo de multimillonarios perversos, o que era el ritual de una secta.
Aunque sonaban como cosas locas, no podía negar que había cierta lógica en sus hipótesis.
Pero yo lo sentía como nada más que fantasías.
El trabajo del asesino me parecía algo especial, algo único.
No creo que él pueda compartir algo tan personal con alguien más, aunque quisiera.
Pero dejar volar mi imaginación con este cuadro de carne, pintado con sangre, no me serviría de nada. Necesitaba indicios, pruebas.