Una vez en el camino, ellos pasan por un llano inmenso; en el horizonte se puede ver un ojo gigante observándolos. Los ents del camino los miran mal e incluso los animales, seres amorfos parecidos a seres lovecraftnianos o entes salidos del mismísimo infierno. El pobre de Isidro está aterrado, pero Manolo no le prestaba atención. Ellos entran a un bosque tenebroso, donde se escuchan lamentos de almas perdidas, ruidos extraños; el bosque está plagado de ents con rostros malvados y despiadados, algunos animales hostiles los seguían. El pobre de Isidro está aterrado pese a que es el técnico con más experiencia de los dos de ese mundo; no importa cuántas veces pase por ahí, él siempre está cagado del miedo a tal punto que casi le dan ganas de vomitar, pero a Manolo no, ya que él siempre piensa en una sola cosa: terminar con este calvario de una vez por todas.
—¿Cuánto falta para llegar? Que me va a dar un teke teke de tanto baca y vaina del diablo que hay por ahí. —Preguntó Isidro que le iba a dar algo, si no detenía el vehículo.
—En serio, Isidro, no pasan ni cinco minutos y ya estás malo. Tú tienes más experiencia en este mundo que yo; tú eres un hombre, no te dejes amedrentar por esos bacas. —Exclamó Manolo, que casi no le prestaba atención, sino al camino.
—Sí, yo sé que tengo experiencia, pero es que me da cosa, esas vainas del diablo. Mira, allí hay una piedra grande; vamos a salir de este bosque que me va a dar algo. —Se quejó Isidro de que está haciendo un espectáculo en el vehículo.
Ellos salen del bosque, llegan donde está la piedra; Isidro se desmonta del vehículo rápidamente, él saca un martillo para verificar que la piedra no sea un monstruo durmiendo. Él le da golpecitos, manosea la roca. Manolo también se desmonta y ve con asco a Isidro.
—Dime, doctor Isidro, ¿cuál es la necesidad de manosear a esa roca? ¿O es que a usted... le gustan las rocas? —exclamó Manolo mientras que Isidro se pone de frente a él.
—Mira, Manolo, escúchame atentamente a lo que te voy a decir: en este mundo, todo, todo, pero absolutamente todo, es una vaina que salió del diablo que te quiere comer. ¿Sabes cuántos técnicos han caído a manos de esas vainas? Yo sé que tú te quieres hacer el duro, hombre macho pecho peludo, pero tienes que estar consciente de tu alrededor, Manolo; sé por qué lo digo. —Explico Isidro.
—Yo no me hago el hombre, ¡yo soy un hombre!, pero gracias por el consejo, entonces... la piedra es segura, ¿sí o no? —exclamó Manolo con irreverencia.
—Sí, es segura... Como quieras, Manolo, mira en la vaina rara que chequea, ¿cuál es la orden más cercana para salir de esto? —exclamó Isidro, que le pedía a Manolo el Ordenation.
Manolo hace lo imposible para tratar de buscar la orden; Isidro se percata de que está durando mucho con la orden, por lo que le enseña cómo se hace. Por fin Manolo entiende cómo se hace, pero para desgracia de Isidro, ve la orden más cercana en el Ordenation y hace un berrinche.
—Pero, ¿y que e, Isidro? —Se preocupó Manolo, ya que el pobre de Isidro está devastado.
—Esa fue la orden que estaba trabajando con el último compañero que tuve... —Se traumó y frustró Isidro; cayó al piso, se pone a llorar, diciendo que no quiere volver ahí.
Manolo le tiene pena; sin dudarlo, lo agarra por el cuello de la camisa y le comienza a dar cachetadas; luego lo tira al piso de nuevo.
—Mira, mujercita, yo sé que has pasado por mucho, has visto horrores que no podría imaginarme, pero hay que trabajar; sin dolor no hay ganancia. Aun así, tenemos que ir. Déjame hacer la mayoría de la instalación; si te parece bien, no te preocupes, lo harás bien, déjamelo todo a mí. —Explico Manolo tratando de reestablecer la poca resistencia mental de Isidro.
—Ok, si tú lo dices, pero ya otros técnicos me han dicho lo mismo que tú, varias veces, y ahora están a tres metros bajo tierra o en pedazos. ¿En qué te diferencias tú de ellos? —exclamó Isidro.
—Solo mira y presta atención, ahora llama. —Exclamó Manolo mientras le pega el Fractcall en el pecho.
Isidro procede a llamar al centro de soportes de la empresa, en la opción dos que se encarga de contactar a los clientes.
—En serio, no vas a llamar al cliente primero, no te van a atender así, si no llamas al cliente primero. —Dijo Manolo.
—No, gracias, no me apetece llamar a esa cloaca de basura y excremento llamada cliente... ¿Cuánto la repudio con toda mi alma y todo mi ser? —contestó Isidro.
—Te refieres al cliente, ¿cierto? —Preguntó Manolo mientras Isidro dice que sí con la cabeza y añadió. —Bueno, hay bobo, ¿no le dijiste nada malo o no?
—No simplemente, huí de ahí, nada más... —Respondió Isidro mientras él toma la llamada del soporte.
Isidro le da sus datos al soporte, luego le pregunta qué desea realizar; él le indica que es para contactar con el cliente, pero el soporte le dice que no le dio la respuesta correspondiente al sistema para trabajar la orden del cliente, dando por concluido el proceso y la llamada. Manolo le preguntó qué pasó, Isidro le explicó, pero él se quilla, así que Manolo le pide el Ordenation para ponerle la respuesta correcta, se la pone, le pasa el Fractcall nuevamente a Isidro. Él vuelve a llamar nuevamente, hace el proceso nuevamente con el soporte, pero el soporte le pregunta si se marcaron los números de teléfonos que posee en el sistema. Isidro le dijo que sí los marcó, pero era mentira. El soporte se da cuenta, le dice que marque nuevamente y le cuelga; hasta ahí terminó el proceso. Manolo se quilla feo, toma el artefacto, pone la respuesta nuevamente en el sistema, se lo pasa con ira a Isidro; él llama nuevamente, pero le cuelga.