Wire Madness

Capítulo 7: La cueva de dragones

Manolo entra a su portal, que es transportado a la sala de su casa. Yuleika está cocinando, ya que es de mañana. Él aparece en el lugar; ella sale un poco de la cocina para ver a Manolo parado ahi.

—Oh, cariño, ya llegaste. —Dijo Yuleika.

—Sí, ya terminé de trabajar. —Contestó Manolo, que se sienta en la sala para ver la televisión.

—Qué bueno, ¿y cómo te fue? —preguntó Yuleika.

—Me fue bien, luchando por sobrevivir en ese mundo de porquería. —Contesto Manolo.

—No te dejes amedrentar por ese mundo y los seres que viven ahí. —Respondió Yuleika, que le masajea los hombros.

—Trato de no hacerlo, pero es que, en ese mundo, la cosa no está fácil; tengo que sobrevivir como todo un guerrero. Esto es mil veces peor que en el trabajo que tenía antes. —Contesto Manolo.

—Bueno, eso fue lo que escogiste; espero que no te salga el tiro por la culata. —Respondió Yuleika.

—Me estás consolando o no. —Respondió Manolo un poco enojado, que se quita las manos de Yuleika de encima.

—No te me pongas así, cariño. —Contesto Yuleika.

—Voy a salir para tomar un poco de aire fresco. —Respondió Manolo que se va al cuarto, se cambia a una ropa más cómoda y se lleva algo de dinero.

—No compres empanadas. —Contesto Yuleika.

—Sí, como quieras. —Respondió Manolo que se va de la casa.

Manolo se va caminando hacia el puesto de empanadas de D'Wilkins Empanatonga Ontol.

—Oh, pero mira quién tenemos aquí, pero si es Manolo restituyó, hace mucho que no vienes aquí. —Dijo Wilkins, dueño del negocio.

—Sí lo sé, es que mi esposa me ha dado mucho seguimiento, pero no te preocupes, ya volví, quiero una empanada completa de dos tapas. —Contesto Manolo.

—Tengo mucha gente, pero como tú eres mi cliente preferido, te la haré ahora. —Respondió Wilkins.

Wilkins comienza a hacer la empanada, toma una masa de empanada, la pone en la mesa, toma ingredientes de cada cantina (jamón y queso, huevo, cuatro quesos, pepperoni, vegetales, etc.), extiende la segunda masa para ponerla en la montaña de ingredientes para taparla y presiona con un tenedor en el exterior de la masa para que no se separe al tirarla al aceite ardiente. Una vez que está terminada, él lo deposita en el aceite ardiente. Después de unos minutos, la empanada está lista; la deja unos segundos para que se le escurra el aceite en el escurridor. Él lo pone en una funda de papel, le pone ketchup, mayonesa, salsa de ajo y salsa BBQ.

—Tenga, ministro, todo su yo. —Dijo Wilkins que le pasa la empanada.

—Gracias, ministro. —Contestó Manolo que le paga doscientos pesos por la empanada. Él va y se compra un refresco al colmado y se sienta en un banco de piedra mientras se come su empanada y su refresco.

—Vaya, vaya, vaya, pero mira quién tenemos aquí, pero si es Manolo Restituyo fajándose con su empanada. —Dijo una voz al lado de él.

—Miguel, mi hermano, ¿cómo está? —contestó Manolo, que ve a un vecino del vecindario donde él vive.

—Bien, mi hermano, ¿y como ta la familia, Manolo? —respondió Miguel, que se sienta al lado de él.

—Todo bien. —Respondió Manolo mientras le da una mordida a su empanada.

—Sabes, me enteré de que tienes un nuevo trabajo. —Contesto Miguel.

—¿Cómo lo supiste, Miguel? —respondió Manolo, que le da otra mordida y se bebe un poco de refresco.

—Tú no sabes que tú eres famoso, ¿no te lo han dicho? —contestó Miguel.

—Bueno, en lo que llevo en este trabajo, la gente me trata con cierto miedo e incluso respeto. —Respondió Manolo mientras le da un mordisco y bebe un sorbo de refresco.

Miguel saca su celular, le muestra un canal de streaming de la empresa Rare y le enseña un programa llamado Choques del ayer y hoy, donde le enseña a él sus aventuras como técnico de Rare.

—Pero qué rayos, no me digas que todo el mundo aquí ve ese programa. —Respondió Manolo que se come el resto de la empanada y se bebe lo que queda de refresco.

—Es el segundo programa más visto del canal de Rare TV, después de Rotten Metal. —Contesto Miguel.

—Mierda, con razón la gente me mira raro, qué vaina, carajo. ¿Ahora cómo puedo ir por la calle? —respondió Manolo.

—Yo no sé, pero tú eres famoso, solo que aquí tiene el sistema operativo atrasado, pero te lo dirán tarde o temprano. —Contesto Miguel.

—Gracias por decírmelo, vecino. —Respondió Manolo.

—A la orden y me das un autógrafo para mi hijo. Es tu fan número uno. —Contestó Miguel que le entrega una hoja con la portada del programa con un lapicero.

—Okay, me siento como una superestrella. —Respondió Manolo hasta que varios vecinos van a saludarlo y a decirle que es famoso; fue un mar de gente a verlo y ellos también quieren un autógrafo.

Mientras Manolo es abordado por mucha gente, nos centramos en Isidro, que está en su apartamento y se levanta a las diez de la mañana.

—Diache, son las diez de la mañana y tengo un hambre fea; mejor compro una empanada y la bajo haciendo ejercicio. —Se dijo Isidro a sí mismo que ve el reloj de su celular.




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