Los técnicos Manolo e Isidro se encuentran tomando una siesta en el interior de su vehículo. Manolo sueña con su compañía de telecomunicaciones y la empresa de robots de su hijo. Isidro sueña con un harén de mujeres en trajes de baño mientras está en un trono donde ellas les da frutas en la boca, pero este se transforma en una pesadilla que lo despierta.
—Mierquina, una pesadilla. ¿Qué hora es? —dijo Isidro, que se levanta y ve la hora en su reloj y añadió. —Son como las siete de la mañana. Una hora más no hace daño.
Isidro se vuelve a dormir durante una hora hasta que el despertador que tiene Manolo lo levanta.
—Isidro, levántate, que tenemos que trabajar. —Dijo Manolo.
—Cónchale, Manolo, no me molestes. —Respondió Isidro que no quiere levantarse.
—Vamos, levántate, que hay que trabajar. —Contesto Manolo, que lo sacude como a un muñeco de trapo.
—¡Ya ta bien! Que ya me levanto. —Respondió Isidro, que termina de despertarse y añadió. —Diache, concho, yo quiero seguir durmiendo.
—Dormir mucho no es bueno para la salud. —Contesto Manolo.
—Sí, sí, sí, sí, Manolo, como tú digas. Ahora, ¿dónde tenemos que ir? —respondió Isidro.
—Déjame ver en el Ordenation. —Contestó Manolo, que ve en el Ordenation el listado de clientes; él filtra para encontrar a los clientes más cercanos y añadió. —Tenemos uno a unos cinco kilómetros.
—Vamo al mambo, Manolo. —Respondió Isidro que se despierta por completo.
Manolo quita el camuflaje y enciende el vehículo para ir hacia donde está el cliente. Después de cinco kilómetros viajando por el camino, va a instalarle a varios clientes, hasta que llegan a un desierto donde activan el modo aerodeslizador para navegar por el desierto. Ellos van instalando órdenes por el desierto.
—Qué frío más bueno hace en el desierto, quisiera dormirme, pero tengo trabajo que hacer. —Dijo Manolo que se acuesta y hace ángeles de arena.
—Soy yo o este frío está de que te cagas. —Respondió Isidro, que está temblando de frío.
—Bueno, a trabajar, que se acabó el descanso. —Contesto Manolo.
Ellos se montan en su vehículo, donde Isidro activa el calentador para enfriarse.
Por los retrovisores ven unas luces al fondo.
—Nos están siguiendo. —Dijo Manolo que acelera.
Una música de orquesta comienza a sonar en el camino hasta que se convierte en un sinfónico Groove metal. Una horda de vehículos armados los persigue.
—¿Y quién rayos son ellos? —preguntó Isidro.
—No lo sé, pero debemos perderlos. —Respondió Manolo, que acelera a todo lo que da.
—Los tenemos, muchachos, ahora lord Ulgalion nos bendecirá por ello. —Dijo uno de los corredores.
Unos corredores los adelantan y unos esbirros les lanzan lanzas explosivas desde la parte de atrás. Manolo los confronta, libera a Pinky para que les lance lanzas explosivas para acabar con los esbirros. Manolo activa la torreta de Isidro para que dispare a los vehículos de atrás y de la derecha. Por detrás les están disparando, por lo que Manolo activa trampas que salen debajo del vehículo, que son tachuelas que inhabilitan a los corredores traseros, pero ellos se recuperan convirtiendo sus ruedas en levitadores electromagnéticos. Él frena de golpe, pero ellos lo esquivan, pero aprovechan y le disparan un garfio electromagnético que inhabilita el vehículo, lo que provoca que ellos lo capturen en una jaula electromagnética.
Los monstruos, que son entes lovecraftianos con ropas de Mad Max, celebran y los llevan a su guarida. Ellos se quedan encerrados en una jaula mientras el líder de ellos hace acto de presencia.
—Vaya, vaya, vaya, pero mira quién tenemos aquí, pero si son los técnicos que han llamado la atención de lord Ulgalion. —Dijo el líder de los corredores del desierto.
—Mira, se parece a Elementor de metal. —Respondió Manolo, que reconoce el aspecto de su líder, que es similar a Elementor de metal de Max Steel, solamente que tiene un pantalón de punk con un brazo cañón con cuchillos como Megatron de Revenge of the Fallen.
—Buen trabajo, cariño, ahora podrás restregárselo a tus compañeros conductores. —Dijo una ser lovecraftniana humanoide femenina con vestimenta victoriana.
—Sí, lord Overcult Killian, vamos a ejecutarlos. —Respondió uno jorobado lovecraftiano.
—Todavía no, Quasar, quiero que lord Ulgalion lo vea y determine su destino. —Contesto Overcult.
—Sí, usted lo dice, lord Overcult, sus deseos son órdenes. —Respondió Quasar.
Ellos llaman a Lord Ulgalion por el artefacto hasta que toma la llamada.
—Overcult, dime, hace mucho que no vas a misa, ¿qué te trae llamándome en medio de una reunión? —Dijo Ulgalion que están en medio de una reunión de la facción.
—He atrapado a sus más grandes enemigos. —Respondió Overcult.
—¡Tú tienes que estar bromeando! —Exclamo Ulgalion.
—No estoy bromeando; si usted quiere, véalo usted mismo. —Respondió Overcult, que les muestra a los técnicos capturado.