🐺 El Eco de la Traición
Narrado por Serena
El cielo se oscureció antes del mediodía.
No por tormenta, sino por magia.
Kael’Thar había lanzado su primer ataque, y el aire del reino se volvió denso, como si cada rincón respirara miedo. Desde las torres del castillo, los vigías reportaban movimientos en los bosques del este. Criaturas corrompidas, lobos sin alma, avanzaban como una marea silenciosa.
—Es hora —dije, observando el mapa junto a Erkin, Erika y Marcus—. No podemos esperar a que lleguen. Debemos enfrentarlos en campo abierto.
—¿Y si es una trampa? —preguntó Erika.
—Lo es —respondí—. Pero también es una oportunidad.
La manada Wolves se movilizó. Guerreros de todas las regiones se reunieron en el claro de batalla. Erkin lideraba el flanco izquierdo. Erika comandaba los sanadores y defensores. Yo… iba al frente.
Rohana rugía dentro de mí, su energía más viva que nunca. Desde el ritual, mi conexión con ella era total. Sentía su fuerza en mis músculos, su visión en mis ojos, su instinto en mi alma.
—¿Estás lista? —preguntó Erkin, montado en su forma de lobo.
—No. Pero eso nunca me ha detenido.
Nos sonreímos. Luego, corrimos.
El primer choque fue brutal.
Los lobos corrompidos no aullaban. No hablaban. Solo atacaban. Sus ojos eran vacíos, sus marcas negras como ceniza. Pero nosotros éramos luz. Cada golpe que daba con mis garras liberaba una chispa lunar. Cada rugido de Rohana iluminaba el campo.
Erkin luchaba a mi lado, su lobo oscuro como la noche, pero con ojos dorados que ardían como fuego. Erika protegía a los heridos, canalizando energía lunar para sanar. Marcus dirigía los refuerzos con precisión.
Parecía que podíamos ganar.
Hasta que lo sentí.
Una energía distinta.
Dentro del castillo.
Me detuve en seco. Rohana se agitó.
—Algo está mal —dije.
—¿Qué ocurre? —preguntó Erkin.
—Hay una sombra… dentro del castillo.
—¿Un espía?
—No. Algo peor.
Corrí de regreso, dejando el campo de batalla en manos de Erika y Marcus. Al llegar al castillo, los pasillos estaban vacíos. Silenciosos. Como si el corazón del reino hubiera dejado de latir.
Subí a la torre central. Allí, en la sala de los espejos, lo vi.
Una figura encapuchada.
No era Kael’Thar.
Era alguien que conocía.
—¿Tú? —susurré.
La figura se giró. Se quitó la capucha.
Era uno de los consejeros del castillo. Un hombre que había servido a mi padre. Que había jurado lealtad a mí.
—¿Por qué? —pregunté.
—Porque el linaje está podrido —respondió—. Porque la Luna no nos dio libertad. Nos dio cadenas.
—Kael’Thar te corrompió.
—No. Me liberó.
Intentó atacarme. Pero Rohana emergió con furia. Mi cuerpo se transformó. Lo detuve antes de que pudiera tocarme.
—No eres más que un eco de su sombra —dije.
—Y tú… eres la chispa que él apagará.
Lo dejé inconsciente. Lo encerré en la prisión lunar. Pero su traición me dolía más que cualquier herida.
Al regresar al campo de batalla, la marea había cambiado. Los lobos corrompidos retrocedían. Erkin me vio llegar y rugió con fuerza. Los nuestros se reagruparon. La luz lunar se intensificó.
—¡Por la Reina! —gritó Marcus.
—¡Por la Luna! —rugió Erika.
—¡Por el linaje! —aullé yo.
Y con ese grito, la primera ofensiva terminó.
Esa noche, el castillo celebró.
Pero yo no.
Porque ahora sabía que Kael’Thar no solo atacaba desde fuera.
Ya estaba dentro.
Y la guerra… apenas comenzaba.