🐺 El Eclipse del Alma
Narrado por Serena
La celda lunar estaba envuelta en silencio.
El traidor, aún encadenado por runas antiguas, me observaba con una mezcla de odio y resignación. Su mirada no era la de un lobo vencido. Era la de alguien que había visto demasiado. Que sabía demasiado.
—Habla —le dije—. ¿Qué planea Kael’Thar?
Él sonrió. No con burla. Con certeza.
—No puedes detenerlo. El eclipse se acerca. Y con él, el fin del vínculo.
—¿Qué eclipse?
—El Eclipse de Sangre. Ocurre cada mil años. Cuando la luna se oscurece por completo… y el linaje puede ser roto.
Rohana se agitó dentro de mí. Su energía se volvió defensiva, protectora.
—¿Y cómo lo hará?
—Usará a tu hermana. Ella es la llave. Tú eres el sello. Si logra que ella complete el ritual bajo el eclipse… el vínculo se invertirá. La Luna Roja se volverá Negra. Y los lobos perderán su alma.
Me quedé en silencio. El peso de sus palabras me aplastaba.
—¿Y qué gana él?
—Libertad. Poder. Eternidad.
—¿Y tú?
—Un lugar en su nuevo mundo.
Me acerqué. Lo miré a los ojos.
—No habrá nuevo mundo. Solo ruina.
—Entonces prepárate para elegir, Reina. Porque cuando llegue el eclipse… tendrás que decidir.
—¿Decidir qué?
—Salvar a tu hermana… o salvar el reino.
Salí de la celda con el corazón en llamas. Erkin me esperaba en el pasillo. Su rostro mostraba preocupación.
—¿Qué dijo?
—Que el eclipse se acerca. Que Kael’Thar usará a Sienna para romper el vínculo.
—¿Y tú?
—Soy el sello. Si ella completa el ritual… todo se perderá.
Erkin me tomó de los hombros.
—Entonces debemos detenerla antes de que lo intente.
—No es tan simple. Si la destruimos, el vínculo se rompe igual. Si la salvamos… puede que sea demasiado tarde.
—¿Y qué harás?
—Lo que haga falta.
Esa noche, reuní al consejo. Erika, Marcus, los alfas. Todos escucharon en silencio mientras les contaba la verdad.
—El Eclipse de Sangre ocurrirá en tres días. Si Kael’Thar logra corromper el ritual, el vínculo lunar se romperá. Y los lobos… perderán su esencia.
—¿Y cómo lo evitamos? —preguntó Marcus.
—Debemos impedir que Sienna llegue al altar. Pero no podemos matarla. Debemos purificarla.
—¿Purificarla? —preguntó Erika.
—Sí. Hay un ritual ancestral. Uno que solo puede realizarse entre hermanas. Entre sangre lunar.
—¿Y si falla?
—Entonces yo… me sacrificaré.
El silencio fue absoluto.
—No lo permitiré —dijo Erkin.
—No puedes detenerme.
—No. Pero puedo estar contigo.
Los días siguientes fueron de preparación. El castillo se convirtió en un santuario de magia lunar. Los lobos guardianes reforzaron las defensas. Los sanadores prepararon el altar de purificación. Y yo… me preparé para enfrentar a mi hermana.
No como enemiga.
Como espejo.
La noche antes del eclipse, me senté junto a Erkin en el jardín interior. La luna brillaba con fuerza, aún blanca, aún nuestra.
—¿Tienes miedo? —preguntó.
—Sí. No por mí. Por ella.
—¿Crees que aún puede volver?
—No lo sé. Pero debo intentarlo.
Erkin me tomó la mano.
—Si caes… yo caeré contigo.
—No. Si caigo… tú debes seguir. El reino te necesitará.
—No sin ti.
Nos abrazamos. No como amantes. Como almas gemelas que sabían que el amanecer podía separarlos.
Y mientras la luna comenzaba a teñirse de rojo, supe que el momento había llegado.
El eclipse se acercaba.
Y con él… el juicio final.