🐺 El Altar del Eclipse
Narrado por Serena
La luna comenzó a oscurecerse.
Desde la torre más alta del castillo, podía ver cómo su luz blanca se teñía de rojo, luego de negro. El Eclipse de Sangre había comenzado. El momento que Kael’Thar había esperado durante siglos. El instante en que el vínculo lunar podía romperse.
Rohana rugía dentro de mí, su energía vibrando como nunca antes. Erkin estaba a mi lado, su mirada fija en el horizonte. Los lobos guardianes rodeaban el altar lunar, preparados para protegerlo con sus vidas.
—¿Estás lista? —preguntó Erika, con la voz temblorosa.
—No —respondí—. Pero estoy decidida.
El altar lunar era un círculo de piedra rodeado por columnas talladas con símbolos ancestrales. En el centro, una losa de cristal lunar brillaba débilmente. Allí debía realizar el ritual de purificación. Allí debía enfrentar a Sienna.
Y allí… Kael’Thar intentaría romperme.
Sienna llegó al anochecer.
Vestida con una capa negra, su loba corrompida caminaba a su lado. Sus ojos rojos brillaban con furia. Pero detrás de esa furia… vi algo más.
Dolor.
—Viniste —dije.
—No por ti. Por él.
—Kael’Thar no te ama. Te usa.
—Y tú me olvidaste.
—Nunca lo hice.
Nos miramos en silencio. Dos hermanas. Dos destinos. Dos extremos de una misma luna.
—¿Sabes lo que ocurrirá si completas el ritual bajo el eclipse? —pregunté.
—Sí. El vínculo se romperá. Y los lobos serán libres.
—No libres. Vacíos.
—¿Y qué sabes tú de vacío? —gritó—. Tú tuviste todo. Yo… solo tuve sombra.
—Tu sombra es mi reflejo. Y por eso… estoy aquí.
Me acerqué al altar. Rohana emergió dentro de mí, su luz plateada envolviéndome. Sienna retrocedió. Su loba rugió. Pero no atacó.
—El ritual de purificación solo puede realizarse entre sangre lunar —dije—. Entre hermanas. Entre verdad.
—¿Y si no quiero?
—Entonces Kael’Thar ganará.
Sienna dudó. Por primera vez, vi a la niña que jugaba conmigo en los campos nevados. Vi a mi hermana. No a mi enemiga.
—¿Y si ya estoy rota?
—Entonces déjame reconstruirte.
Extendí las manos. La luz lunar se concentró en mis palma. Sienna tembló. Su loba se agitó. El cielo se oscureció por completo. El eclipse estaba en su punto máximo.
Y entonces… Kael’Thar habló.
No con voz. Con sombra.
—No lo hagas —susurró en nuestras mentes—. El vínculo es prisión. El amor es debilidad. La luna… debe morir.
Rohana rugió. La luz se intensificó. El altar brilló.
—¡Sienna! —grité—. ¡Elige!
Ella cayó de rodillas. Su loba se desvaneció. Su marca negra comenzó a arder.
—¡Ayúdame! —susurró.
Corrí hacia ella. La tomé entre mis brazos. La luz lunar nos envolvió. El ritual comenzó.
El altar se iluminó con fuerza. Las columnas vibraron. El cielo se abrió. La luna negra comenzó a sangrar luz plateada. Rohana y la loba de Sienna se entrelazaron. La oscuridad se quebró.
Kael’Thar rugió desde las sombras. Intentó entrar. Pero los lobos guardianes lo detuvieron. Erkin se transformó y se lanzó contra la sombra. Leonard rugió con furia. El castillo tembló.
Y en el altar… Sienna lloró.
—Lo siento —dijo—. No quería perderte.
—Nunca me perdiste —respondí—. Solo te alejaste.
La luz nos envolvió. La marca negra se desvaneció. La loba de Sienna volvió. Blanca. Pura. Viva.
El vínculo fue restaurado.
El eclipse terminó.
Y Kael’Thar… fue expulsado.
Esa noche, el reino aulló como uno solo.
Sienna fue llevada al santuario. No como prisionera. Como hermana.
Erkin me abrazó. Erika lloró. Marcus sonrió.
Y yo… me transformé.
Mi loba se alzó sobre el castillo. Su pelaje brillaba como la luna. Sus ojos eran fuego y hielo.
—La Reina ha salvado el linaje —dijeron los guardianes.
—Y el eclipse… se ha convertido en luz.
Pero yo sabía que Kael’Thar no había muerto.
Solo había sido desterrado.
Y algún día… volvería.
Pero cuando lo hiciera, no encontraría una reina dividida.
Encontraría una manada unida.
Una luna restaurada.
Y una llama que nunca se apagaría.