🐺 El Reino Renacido
Narrado por Serena
El eclipse había pasado, pero su sombra aún se sentía en el aire.
Las columnas del castillo estaban cubiertas de flores lunares, símbolo de renacimiento. Los lobos guardianes patrullaban con calma, y los sanadores atendían a los heridos del campo de batalla. El reino respiraba otra vez.
Pero no era el mismo.
Yo tampoco.
Desde el altar lunar, observaba el horizonte. El cielo estaba despejado, la luna blanca brillaba con fuerza. Rohana dormía en mi interior, agotada pero en paz. Erkin se acercó en silencio, su presencia cálida como siempre.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
—Como si hubiera vivido mil años en una noche.
—Lo hiciste.
Sonreí. Pero mi mente estaba en otra parte.
—Los desterrados siguen ahí. Kael’Thar fue expulsado, pero no destruido. Y su influencia… aún vive en algunos.
—¿Qué harás con ellos?
—No lo sé. Aún no.
Convocamos al consejo al día siguiente. Erika, Marcus, los alfas de las manadas, y Sienna. Ella entró con la cabeza baja, sin capa, sin corona. Solo con su loba blanca a su lado. Algunos la miraron con recelo. Otros con compasión.
—Gracias por venir —dije, tomando la palabra—. Hoy no decidiremos el futuro de una reina. Hoy decidiremos el futuro de un pueblo.
Los murmullos cesaron.
—Los desterrados fueron víctimas de Kael’Thar. Algunos por ambición. Otros por miedo. Pero no todos eligieron la oscuridad. Algunos… fueron arrastrados.
—¿Y qué propones? —preguntó Marcus.
—Una tregua. Una oportunidad. Un juicio justo. No por venganza. Por verdad.
—¿Y si se rebelan?
—Entonces los enfrentaremos. Pero no con odio. Con firmeza.
Sienna se levantó. Su voz temblaba, pero era clara.
—Yo fui una de ellos. Elegí mal. Me dejé corromper. Pero si ustedes me permiten… quiero ayudar a reconstruir. No como reina. Como guardiana.
El silencio fue largo.
Luego, Erika se levantó.
—La Luna Roja no solo purifica. También transforma. Y tú… has cambiado.
Marcus asintió.
—Entonces que así sea. Serena gobernará. Sienna protegerá. Y los desterrados… serán escuchados.
Esa noche, el castillo celebró.
No una victoria.
Un renacimiento.
Los lobos danzaron bajo la luna. Las manadas compartieron historias. Y en el centro del patio, Sienna y yo encendimos una llama plateada. La nueva llama lunar. Símbolo de unidad.
Erkin me abrazó.
—Lo lograste.
—Lo logramos.
—¿Y ahora?
—Ahora… escribimos una nueva historia.
Y mientras la luna brillaba sobre nosotros, supe que el linaje estaba a salvo.
Pero más que eso…
Estaba vivo.