Wolves: La Reina Perdida de los Lobos

CAPÍTULO 20

🐺 La Voz de la Luna

Narrado por Serena

La luna blanca brillaba sobre el castillo, más clara que nunca.

Desde el altar lunar, podía sentir su pulso. No como antes, cuando era símbolo de poder o destino. Ahora, era algo más profundo. Más íntimo. Como si me hablara.

Rohana estaba en silencio. No dormía. Meditaba. Su energía se había vuelto más serena, más sabia. Como si ella también esperara algo.

—¿La sientes? —preguntó Erkin, acercándose.

—Sí. Es como si la luna estuviera… viva.

—Lo está. Siempre lo estuvo. Solo que ahora… te escucha.

Esa noche, mientras dormía, fui llamada.

No por sueños.

Por luz.

Me encontré en un campo de estrellas. No había suelo, ni cielo. Solo constelaciones que danzaban. Y en el centro, una figura de luz plateada.

Selene.

La diosa.

La madre de los lobos.

—Serena —dijo, con una voz que era viento, agua y fuego al mismo tiempo—. Has restaurado el vínculo. Has salvado el linaje. Pero tu tarea… no ha terminado.

—¿Qué más debo hacer?

—Expandirlo.

La luna se alzó detrás de ella. En su superficie, vi imágenes: manadas en otros continentes, lobos que aún vivían en la sombra, niños nacidos sin guía, tierras donde el vínculo lunar era solo un mito.

—El linaje no es solo tuyo. Es del mundo. Y tú… debes llevarlo más allá.

—¿Cómo?

—Con compasión. Con fuerza. Con visión.

Selene se acercó. Tocó mi frente. Una marca nueva apareció. No la de reina. La de guardiana universal.

—Eres la Voz de la Luna —dijo—. Y donde haya oscuridad… tú llevarás luz.

Desperté con lágrimas en los ojos.

Erkin estaba a mi lado. Me miró con ternura.

—¿Soñaste?

—No. Fui llamada.

Le mostré la nueva marca. Él la tocó con reverencia.

—¿Qué significa?

—Que el linaje no termina aquí. Que debemos llevarlo más allá del reino. A las tierras olvidadas. A los lobos perdidos.

—¿Y cómo lo haremos?

—Juntos.

Convocamos al consejo. Les conté la visión. Algunos dudaron. Otros se arrodillaron.

—El linaje lunar no es solo nuestro —dije—. Es de todos los que aún no saben quiénes son. Y nosotros… seremos su guía.

—¿Y Sienna? —preguntó Erika.

Sienna se levantó. Su voz era firme.

—Yo iré a las Tierras del Viento. Donde los lobos fueron exiliados hace generaciones. Los buscaré. Los sanaré.

—¿Y tú, Serena? —preguntó Marcus.

—Yo iré al norte. Donde la luna no brilla. Donde Kael’Thar sembró miedo. Allí… plantaré esperanza.

Esa noche, el castillo se convirtió en un faro.

No de guerra.

De legado.

Los lobos guardianes se prepararon para viajar. Los sanadores reunieron conocimientos. Los jóvenes entrenaron no para luchar… sino para guiar.

Y en lo alto, la luna blanca brilló como nunca.

Erkin y yo nos transformamos. Nuestras lobas corrieron por el bosque, no como reinas, sino como mensajeras. Cada paso era una promesa. Cada aullido, una llamada.

—¿Estás lista para dejar el castillo? —preguntó él.

—No. Pero estoy lista para llevarlo conmigo.

Nos detuvimos en la cima de la montaña. Desde allí, el mundo se extendía ante nosotros.

—Entonces vamos —dije.

—A donde la luna nos guíe —respondió él.

Y mientras la luna nos iluminaba el camino, supe que esta historia no terminaba con una guerra.

Comenzaba con un viaje.

Porque ahora… era tiempo de sembrar lunas.




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