Wolves: La Reina Perdida de los Lobos

CAPÍTULO 23

🐺 La Semilla y la Estrella

Narrado por Serena

Regresamos al castillo al amanecer.

El cielo estaba despejado, pero la luna parecía más tenue. No por debilidad. Por humildad. Como si supiera que ya no era la única guía. Erkin caminaba a mi lado, su energía firme, pero expectante. Ambos sabíamos que lo que traíamos no sería fácil de aceptar.

—¿Crees que estén listos? —preguntó.

—No. Pero eso nunca ha sido el problema.

Convocamos al consejo esa misma tarde. Erika, Marcus, los alfas de las manadas, los guardianes lunares. Todos estaban presentes. Sienna también, sentada en silencio, con su loba blanca a su lado. Había cambiado. No solo en apariencia. En presencia.

Me puse de pie en el centro del Salón de la Luna.

—He regresado con una verdad —dije—. Una que no esperábamos. Una que puede cambiarlo todo.

Los murmullos comenzaron. Algunos alfas se tensaron. Erika me observó con atención.

—En las Tierras del Norte descubrimos un códice —continué—. Uno que revela que el linaje lunar no es único. Que existe otro. El terrenal. Nacido de Elion, espíritu de la tierra. Y que ambos… fueron uno antes de separarse.

—¿Y qué significa eso? —preguntó Marcus.

—Que el vínculo lunar no es el único camino. Que hay lobos que han sobrevivido sin él. Que hay sabiduría en las raíces, no solo en las estrellas.

Un silencio profundo se apoderó del salón.

—¿Y qué propones? —preguntó Erika.

—Una integración. Un nuevo ritual. Uno que una ambos linajes. Que no dependa solo de la luna… ni solo de la tierra. Que cree un nuevo vínculo. Uno que respete ambos orígenes.

Un alfa del sur se levantó.

—¿Y si eso debilita el linaje lunar?

—No lo debilita. Lo completa.

—¿Y si Kael’Thar regresa por esa grieta?

—Entonces lo enfrentaremos. No como luna. No como tierra. Como alianza.

Sienna se puso de pie.

—Yo fui corrompida por la sombra —dijo—. Porque solo conocía un camino. Pero en el norte… vi otro. Y si yo pude cambiar… el reino también puede.

Erika se acercó. Su mirada era intensa.

—¿Y cómo se realiza ese nuevo ritual?

—Con dos fuegos —respondí—. Uno lunar. Uno terrenal. Y en el centro… una promesa.

Esa noche, en el patio principal, encendimos ambos fuegos.

Los lobos de las manadas se reunieron. Algunos con dudas. Otros con esperanza. En el centro, colocamos el códice. Y alrededor, los jóvenes del reino. No como guerreros. Como soñadores.

—Hoy sembramos una semilla —dije—. Y la luna… será su estrella.

Rohana y Leonard se transformaron. Sus pelajes brillaron con luz y sombra. Y en el cielo, la luna blanca se rodeó de un halo verde.

La tierra había respondido.

El vínculo había comenzado.

No todos aceptaron.

Algunos se retiraron.

Otros se resistieron.

Pero la semilla ya estaba plantada.

Y el reino… ya no era el mismo.

Esa noche, Erkin y yo caminamos por los jardines.

—¿Crees que florecerá? —preguntó.

—Sí. Porque no es una idea.

Es una verdad.

Y las verdades… siempre encuentran su raíz.




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