🐺El Niño de la Alianza
Narrado por Serena
La luna estaba llena, pero no sola.
Desde el altar de integración, su luz se mezclaba con el resplandor verde de la tierra. Era como si ambas fuerzas se abrazaran en el cielo, como si el mundo estuviera aprendiendo a respirar con dos corazones.
Esa noche, mientras dormía, fui llamada otra vez.
No por Selene.
Por algo nuevo.
Me encontré en un campo de raíces vivas, bajo un cielo estrellado. En el centro, una figura infantil caminaba descalza. Su cabello era blanco como la luna, pero sus ojos eran verdes como el bosque. Me miró con una sonrisa tranquila.
—¿Quién eres? —pregunté.
—Soy lo que vendrá —respondió—. El hijo de la alianza. El que nacerá cuando luna y tierra se unan por amor, no por guerra.
—¿Y qué traerás?
—Equilibrio. Pero también cambio.
El niño extendió sus manos. En una, una flor lunar. En la otra, una piedra terrenal. Las juntó. Y del centro, nació una llama dorada.
—¿Y quién será tu madre?
—Tú.
Desperté con el corazón latiendo con fuerza.
Erkin estaba a mi lado, aún dormido. Leonard y Rohana dormían entrelazados en el plano espiritual. Todo estaba en calma. Pero dentro de mí… algo había cambiado.
—¿Seré madre? —susurré.
Rohana respondió con una vibración suave.
Sí.
Al amanecer, me reuní con Erika en el jardín interior.
—Tu energía cambió —dijo—. ¿Tuviste una visión?
—Sí. De un niño. Nacido bajo ambos linajes. Luna y tierra. Él… será el heredero.
Erika se quedó en silencio. Luego, se arrodilló.
—Entonces la profecía se ha cumplido. No la antigua. La nueva.
—¿Crees que el reino está listo?
—No. Pero tú lo estás. Y eso… es suficiente.
Convocamos al consejo. Les conté la visión. Algunos se asombraron. Otros se inquietaron.
—¿Y si el niño es demasiado poderoso? —preguntó Marcus.
—Entonces lo guiaremos. No como arma. Como esperanza.
—¿Y si los tradicionalistas lo rechazan?
—Entonces aprenderán. O quedarán atrás.
Sienna se acercó al final de la reunión.
—¿Y si Kael’Thar regresa por él?
—Entonces sabrá que esta vez… no enfrentará una reina dividida. Sino una madre decidida.
Sienna sonrió.
—Entonces yo seré su guardiana. No como hermana. Como escudo.
Esa noche, me senté junto a Erkin en la cima de la montaña.
—Tu energía cambió —dijo.
—Sí. Porque dentro de mí… hay algo nuevo.
Él me miró. No con sorpresa. Con reverencia.
—Lo sé. Lo sentí. Desde que despertaste del sueño.
—¿Y tú?
—Estoy listo. Para ser padre. Para ser guía. Para ser raíz.
Nos abrazamos. No como amantes. Como creadores.
Y mientras la luna y la tierra se abrazaban en el cielo, supe que el reino no solo había renacido.
Había concebido su futuro.
Uno que no sería heredado por sangre.
Sino por unión.