Wolves: La Reina Perdida de los Lobos

CAPÍTULO 26

🐺 El Susurro en la Niebla

Narrado por Serena

Las noches se volvieron más densas.

No por el clima. Por los sueños.

Desde que los sabios lunares abandonaron el castillo, algo comenzó a moverse en el plano espiritual. Rohana lo sintió primero. Luego Leonard. Y finalmente, yo.

Un susurro.

No como los de Selene.

Oscuro. Fragmentado. Persistente.

Kael’Thar.

Erika entró en mi sala de meditación con el rostro pálido.

—Los sabios exiliados están soñando con él —dijo—. Lo ven en campos de ceniza. Les habla. Les ofrece poder. Les promete restaurar el linaje lunar… sin mezcla.

—¿Y lo creen?

—Algunos sí. Otros… están empezando a dudar de ti.

Me quedé en silencio. Rohana rugía dentro de mí, no con furia. Con advertencia.

—¿Y si no es solo sueños? —pregunté.

—¿Qué quieres decir?

—¿Y si Kael’Thar está usando los sueños como portales? Para volver.

Convocamos al círculo de guardianes mixtos. Erkin, Sienna, Marcus, los sabios terrenales del norte. Les conté lo que sabíamos. Les mostré los símbolos que aparecían en los sueños. Runas antiguas. Fragmentos del códice. Distorsionados.

—Kael’Thar no fue destruido —dije—. Solo expulsado. Y ahora… busca grietas.

—¿Y el niño? —preguntó Sienna.

—Es su objetivo. No por odio. Por miedo. Porque sabe que ese niño… será el fin de su sombra.

Erkin se acercó.

—¿Y qué haremos?

—No podemos esperar a que nazca. Debemos enfrentarlo ahora. En el plano espiritual. En el lugar donde aún tiene poder.

—¿Y cómo entramos?

—Con un ritual. Uno que solo puede realizarse entre guardianes. Uno que nos lleve al umbral de los sueños.

—¿Y si no salimos?

—Entonces el niño… nacerá sin nosotros. Pero con libertad.

Esa noche, en el altar de integración, encendimos ambos fuegos. Luna y tierra. Rohana y Leonard se entrelazaron. Sienna invocó la energía blanca. Erika canalizó las raíces. Marcus trazó el círculo.

Nos tomamos de las manos.

Y entramos.

El plano espiritual era distinto.

No como antes.

Oscuro. Fragmentado. Como si el mundo estuviera roto en pedazos. Caminamos entre ruinas de memoria. Vimos reflejos distorsionados de nosotros mismos. Escuchamos voces que no eran nuestras.

Y en el centro… él.

Kael’Thar.

No como sombra.

Como forma.

Alto. Imponente. Con ojos rojos y marcas negras que se movían como serpientes.

—Han venido —dijo—. A impedir lo inevitable.

—A impedir tu regreso —respondí.

—No puedes. Porque ya estoy en ellos. En sus sueños. En sus dudas. En su miedo.

—Entonces los despertaremos.

—¿Y si no quieren despertar?

—Entonces los liberaremos.

Rohana rugió. Leonard se alzó. La energía mixta se expandió. Kael’Thar retrocedió. Pero no cayó.

—El niño será mío —dijo—. No por sangre. Por destino.

—No —respondí—. Porque el destino… ya eligió.

El plano comenzó a temblar. Las ruinas se deshicieron. Los reflejos se quebraron. Y Kael’Thar… se desvaneció.

No destruido.

Pero debilitado.

Despertamos en el altar.

Erkin me sostuvo. Sienna lloraba. Erika temblaba. Marcus sangraba por la nariz.

—¿Lo logramos? —preguntó Erkin.

—Por ahora —respondí—. Pero volverá.

—¿Y el niño?

—Está a salvo. Por ahora.

Y mientras la luna y la tierra brillaban juntas en el cielo, supe que la guerra no era por poder.

Era por sueños.

Y nosotros… acabábamos de encender la primera llama de la vigilia.




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