🐺 El Latido Invisible
Narrado por Serena
Elian Roh no lloraba como los demás niños.
No por falta de emoción.
Por exceso de conciencia.
Desde su nacimiento, su presencia alteraba el entorno. Las raíces se inclinaban hacia él. Los cristales lunares vibraban cuando dormía. Y cuando abría los ojos… el aire se detenía.
—¿Lo sentiste? —preguntó Erkin, mientras lo sostenía en brazos.
—Sí. No es magia. Es algo más antiguo. Algo que no pertenece solo a la luna… ni solo a la tierra.
La primera señal llegó al tercer día.
Elian estaba dormido en el jardín interior. Erika y Sienna lo vigilaban. De pronto, el cielo se nubló. No por tormenta. Por energía. Las nubes se arremolinaron sobre el castillo. Las raíces se agitaron. Y en el centro del jardín… apareció una figura.
No física.
Espiritual.
Una loba dorada.
Ni Rohana ni Leonard.
Algo nuevo.
Corrí al jardín. Elian seguía dormido, pero la loba dorada lo rodeaba como una espiral viva. Erika estaba paralizada. Sienna temblaba.
—¿Qué es eso? —preguntó Erkin.
—No lo sé —respondí—. Pero no viene a atacar.
La loba se giró hacia mí. Sus ojos eran como espejos. Y en ellos… vi a Elian adulto. Caminando entre mundos. Hablando con lobos que no tenían forma. Guiando manadas que aún no existen.
—Es su vínculo —dije—. No lunar. No terrenal. Propio.
La loba se desvaneció. El cielo se despejó. Elian abrió los ojos. No lloró. Solo sonrió.
Y en ese instante, lo supe.
Elian Roh no era solo heredero.
Era catalizador.
Convocamos al círculo de guardianes. Les contamos lo ocurrido. Algunos se asombraron. Otros se inquietaron.
—¿Y si su poder no puede ser controlado? —preguntó Marcus.
—Entonces no lo controlaremos —respondí—. Lo acompañaremos.
—¿Y si el reino no está listo?
—Entonces lo prepararemos.
Erika se acercó después de la reunión.
—¿Vas a revelarlo?
—No aún. Primero debemos entenderlo. Protegerlo. No por miedo. Por respeto.
—¿Y si Kael’Thar lo siente?
—Ya lo hizo. Pero esta vez… no podrá tocarlo.
Esa noche, me senté junto a Elian en el jardín. La luna brillaba. La tierra cantaba. Y él… dormía entre ambas.
—Tu poder es nuevo —susurré—. Pero tu alma… es antigua.
Erkin se acercó. Nos rodeó con su energía.
—¿Y si él es más que heredero?
—Entonces el reino… será más que historia.
Y mientras la loba dorada se desvanecía en el cielo, supe que los últimos capítulos no serían sobre coronas.
Serían sobre transformación.
Porque Elian Roh no vino a continuar.
Vino a comenzar.