🐺 Ecos Más Allá del Reino
Narrado por Serena
Elian Roh dormía en paz.
Pero el mundo no.
Desde su nacimiento, los sueños del reino se habían vuelto más vívidos. Más simbólicos. Algunos lobos soñaban con tierras que nunca habían visto. Otros con voces que no pertenecían a este continente. Y yo… soñaba con un lugar que solo existía en leyenda.
El Santuario de los Ecos.
Erkin y yo partimos al amanecer.
No como reyes.
Como buscadores.
El Santuario estaba más allá de las Montañas del Silencio, en una región donde el vínculo lunar se había apagado siglos atrás. Según los textos antiguos, allí dormían los espíritus fundadores: los primeros lobos que caminaron entre luna y tierra, antes de que los linajes se dividieran.
—¿Crees que nos responderán? —preguntó Erkin.
—No si preguntamos como líderes. Solo si preguntamos como hijos.
El viaje fue arduo.
Las montañas estaban cubiertas de niebla. Las raíces no respondían. La luna se ocultaba. Pero Elian Roh, aunque lejos, parecía guiarnos. Cada paso que dábamos, el aire se volvía más claro. Como si su existencia hubiera despertado algo que nos abría el camino.
Al tercer día, llegamos.
El Santuario no era un templo.
Era un círculo de piedra rodeado por árboles que no tenían hojas, pero sí memoria. En el centro, una losa tallada con símbolos que no pertenecían a ningún linaje conocido. Rohana y Leonard se manifestaron. No como guías. Como guardianes.
—Este lugar… está vivo —dijo Erkin.
—Y nos ha estado esperando.
Nos sentamos en el centro del círculo. Cerramos los ojos. Dejamos que nuestras lobas hablaran. Dejamos que el vínculo mixto se abriera. Y entonces… los ecos llegaron.
No como voces.
Como memorias.
Vimos a los primeros lobos. No divididos. Unidos. Caminando entre estrellas y raíces. Creando manadas que hablaban con el viento. Protegiendo niños que nacían con luz en la piel. Y luego… vimos la ruptura. El miedo. La división. El surgimiento de Kael’Thar.
Y finalmente… vimos a Elian Roh.
No como niño.
Como señal.
Una voz emergió del círculo.
—El nacimiento ha despertado los reinos dormidos. Elian Roh no es solo vuestro. Es de todos. Y por eso… otros vendrán.
—¿Aliados? —pregunté.
—Algunos. Pero no todos.
—¿Y qué debemos hacer?
—Abrir las fronteras. No con ingenuidad. Con preparación.
Despertamos con el corazón agitado.
Erkin me tomó la mano.
—¿Lo viste?
—Sí. Elian Roh ha encendido algo más grande que nosotros. Y ahora… debemos preparar al reino para recibir lo que viene.
Regresamos al castillo al anochecer.
Elian nos esperaba. Sus ojos brillaban. No con poder. Con conciencia.
—Él ya sabe —dije.
—Entonces el reino… debe saber también.
Convocamos al consejo.
—El Santuario nos habló —dije—. Elian Roh ha despertado fuerzas dormidas. Otros reinos sentirán su nacimiento. Algunos vendrán en paz. Otros… no.
—¿Y qué haremos? —preguntó Marcus.
—Lo que siempre hemos hecho. Proteger. Guiar. Amar.
—¿Y las fronteras?
—Se abrirán. Pero no sin guardianes.
Esa noche, el castillo se iluminó con fuego dorado.
No como advertencia.
Como faro.
Porque el reino ya no era un refugio.
Era un llamado.
Y Elian Roh… su respuesta.