🐺 Voces de Más Allá
Narrado por Serena
El fuego dorado del castillo se convirtió en faro.
Y como todo faro… atrajo barcos.
Los primeros emisarios llegaron al amanecer. No por rutas conocidas. Por caminos antiguos, abiertos por el despertar de Elian Roh. Eran lobos de otros reinos, algunos que creíamos extintos, otros que nunca habíamos conocido.
—¿Cómo supieron? —preguntó Marcus.
—No lo supieron —respondió Erika—. Lo sintieron.
Los emisarios eran distintos.
Uno venía del Reino de las Dunas, donde los lobos se funden con la arena y hablan con el viento. Otro del Dominio de las Aguas Silentes, donde los vínculos se transmiten por canto. Y uno… del Bastión de la Niebla, donde el linaje lunar fue corrompido hace generaciones.
—Hemos venido por el niño —dijo el emisario de la Niebla—. No para tomarlo. Para entenderlo.
—¿Y si no lo entienden? —preguntó Sienna.
—Entonces aprenderemos. O nos perderemos.
Convocamos al consejo.
Los emisarios fueron recibidos en el Círculo de Alianza. Elian Roh dormía en el centro, rodeado por raíces y cristales. Su energía era estable, pero expansiva. Como si su sola presencia tejiera puentes invisibles.
—El nacimiento ha tocado nuestros sueños —dijo el emisario del agua—. Y en ellos… vimos un mapa. Uno que no existe aún.
—¿Y qué quieren? —pregunté.
—Una alianza. No de poder. De propósito.
Los sabios lunares se tensaron.
—¿Y si es una trampa? —preguntó uno.
—¿Y si es una oportunidad? —respondió Erika.
—¿Y si el niño es demasiado para compartir?
—Entonces lo protegeremos. No con muros. Con visión.
Esa noche, me senté junto a Erkin en el jardín interior.
—¿Qué piensas? —preguntó.
—Que el reino ya no es un centro. Es un inicio.
—¿Y estás lista para abrir las fronteras?
—No del todo. Pero Elian Roh… ya las abrió.
Al amanecer, convoqué a los emisarios.
—El linaje lunar ha sido restaurado. El vínculo terrenal, integrado. Elian Roh es hijo de ambos. Pero su destino… no es solo nuestro.
Los emisarios guardaron silencio.
—No les ofrezco un trono. Les ofrezco una mesa. Donde cada reino pueda traer su sabiduría. Su dolor. Su esperanza.
—¿Y si no todos aceptan?
—Entonces sabremos quién está listo para el nuevo mundo. Y quién aún vive en el viejo.
Los emisarios se inclinaron.
—Entonces que comience la alianza —dijeron—. No como pacto. Como promesa.
Y mientras Elian Roh abría los ojos bajo el cielo compartido, supe que el reino ya no era un refugio.
Era un faro.
Y el mundo… acababa de responder.