🐺 La Luz que Permanece
Narrado por Serena
El cielo estaba en calma.
No por ausencia de conflicto.
Por presencia de propósito.
Desde la derrota de Kael’Thar, el reino había entrado en un silencio sagrado. No de miedo. De reverencia. Como si todos supieran, sin palabras, que algo había cambiado para siempre.
Elian Roh caminaba entre los jardines, aún niño, pero con la mirada de quien ha visto más de una vida. Las raíces se abrían a su paso. Los cristales cantaban en su presencia. Y los lobos… lo seguían.
No como a un rey.
Como a un faro.
Esa mañana, me senté con él en el altar de integración.
—¿Sabes por qué estás aquí? —le pregunté.
—Porque el mundo aún está aprendiendo a escucharse —respondió.
—¿Y tú?
—Yo soy el eco que no se olvida.
Erkin se acercó. Me tomó la mano. Su mirada era serena.
—Es tiempo.
Asentí.
Convocamos a las manadas. A los sabios. A los guardianes. A los emisarios de los reinos aliados. El Círculo de Alianza se llenó de rostros conocidos y nuevos. Todos esperaban. No por una coronación. Por una transición.
Me puse de pie en el centro.
—He guiado este reino desde la sombra del eclipse hasta la luz de la alianza. He sido reina, madre, guardiana. Pero ahora… es tiempo de ser semilla.
Los murmullos se apagaron.
—Hoy, entrego el legado. No a un trono. A un camino. A Elian Roh, no como heredero. Como guía.
Erkin colocó sobre los hombros del niño una capa tejida con hilos lunares y raíces doradas. Erika le entregó el códice reescrito. Sienna le ofreció la llama blanca. Marcus inclinó la cabeza.
Y Elian Roh… habló.
—No gobernaré con poder. Caminaré con propósito. No seré el centro. Seré el puente.
Los lobos aullaron. Las raíces florecieron. El cielo se abrió. Y por primera vez en siglos… la luna y el sol compartieron el firmamento sin eclipsarse.
Esa noche, el castillo celebró.
No un fin.
Un florecimiento.
Los niños danzaron bajo la luz dorada. Los sabios contaron historias de unión. Y en el centro del jardín, Elian Roh plantó una semilla.
—¿Qué crecerá? —le pregunté.
—Lo que el mundo aún no sabe que necesita.
Y mientras la música se alzaba, supe que mi historia había llegado a su última página.
Pero la suya…
Apenas comenzaba.