Wolves: La Reina Perdida de los Lobos

EPILOGO

🌕 El Camino que Respira

Narrado por Elian Roh

A veces me preguntan si recuerdo el día en que nací.

No con palabras.

Con energía.

Y sí… lo recuerdo.

Recuerdo la tormenta espiritual. El rugido de Kael’Thar. El círculo de fuego y raíces. Recuerdo la voz de mi madre, Serena, diciendo que yo no era el fin de una historia, sino el inicio de muchas.

Y ahora, años después, entiendo lo que quiso decir.

Camino por el bosque de las memorias. Las raíces me reconocen. No como rey. Como hijo. Las hojas susurran nombres antiguos. Algunos que nunca conocí. Otros que llevo en la sangre.

Rohana y Leonard ya no se manifiestan como antes. Están dentro de mí. No como guías. Como parte de mi pulso.

Hoy es el día de la ceremonia de los puentes.

Los cinco reinos se reunirán en el Círculo de Alianza. No para renovar pactos. Para sembrar nuevos. Reinos que antes temían el vínculo ahora lo estudian. Linajes que se creían extintos han comenzado a despertar. Y todo… por una semilla que mi madre plantó.

Una semilla que ahora respira en mí.

Me detengo frente al altar.

La losa de cristal y raíz brilla con luz dorada. El códice ha cambiado otra vez. No por magia. Por evolución. Los símbolos ya no son lunares ni terrenales. Son fluidos. Como si el lenguaje del mundo estuviera aprendiendo a hablar con todos sus corazones.

—¿Estás listo? —me pregunta Sienna, que ahora guía a los guardianes mixtos.

—No del todo —respondo—. Pero el mundo tampoco lo está. Y eso… nos hace iguales.

Ella sonríe. Me recuerda a Serena. No por su rostro. Por su fe.

La ceremonia comienza.

Los representantes de los reinos colocan ofrendas en el círculo. Arena, agua, niebla, fuego, canto. Y yo… coloco silencio.

Porque el silencio no es vacío.

Es espacio para escuchar.

Tomo la palabra.

—Hoy no vengo a liderar. Vengo a recordar. Que el linaje no es una línea. Es un círculo. Que el poder no es dominio. Es presencia. Que el vínculo… no es herencia. Es elección.

Los lobos guardan silencio.

Los sabios inclinan la cabeza.

Y el cielo… se abre.

La luna y el sol comparten el firmamento.

No como opuestos.

Como hermanos.

Después de la ceremonia, me siento en el jardín interior. Serena y Erkin están allí. Más sabios. Más tranquilos. Me miran sin expectativas. Solo con amor.

—¿Sabes qué soñé anoche? —les digo.

—¿Qué? —pregunta Serena.

—Que caminaba entre estrellas que no eran del cielo. Eran de otros corazones.

Ella sonríe.

—Entonces ya estás en camino.

Y mientras el mundo respira en silencio, sé que mi historia no será escrita en códices.

Será sembrada en decisiones.

Porque yo no soy el heredero de un trono.

Soy el guardián de un vínculo.

Y ese vínculo…

acaba de florecer.




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