World Warriors Generación

Parte 1 Capítulo 5 El Claro

No fue una decisión, fue una inquietud que no se detuvo. Desperté antes de la sirena otra vez, con el cuerpo todavía cargando el cansancio del día anterior, pero era otra cosa lo que me mantenía despierta. La sensación del agua seguía ahí, más presente, más clara, como si algo dentro de mí se hubiera activado y ya no pudiera volver atrás. Intenté ignorarlo pero no pude. Me vestí sin pensar demasiado y salí al pasillo con la idea de encontrar a Finick o hablar con alguien para distraerme, aunque apenas di unos pasos supe que no era eso lo que estaba haciendo: no iba hacia él, iba hacia otra cosa.

El pasillo estaba casi vacío a esa hora, con luces más tenues y un silencio que parecía más real. Caminé sin apurarme, dejándome llevar por esa sensación difícil de explicar que no venía del pensamiento sino de algo más profundo, hasta que me detuve frente a una puerta que no había buscado conscientemente pero que de algún modo parecía haberme estado esperando. Era la habitación de Trent. Sentí el pulso acelerarse sin razón suficiente y dudé, sabiendo que no debía estar ahí, que entrar era cruzar un límite que no entendía del todo. Pero la sensación volvió, más clara esta vez, como un tirón suave pero constante. Respiré y entré.

La habitación era distinta a la mía, no en estructura sino en presencia. Había algo en el aire vivo, difícil de nombrar. Noté que uno de los muebles no encajaba del todo, una línea apenas visible que ocultaba una puerta. Al deslizar la mano encontré el borde. La abrí y el cambio fue inmediato: el aire, el aroma y hasta la luz parecían pertenecer a otro lugar. Di un paso y el espacio se abrió frente a mí, revelando un claro escondido dentro de la Academia, con árboles altos rodeando el lugar y un aroma a tierra húmeda que me hizo respirar profundo. En el centro descansaba un lago quieto, claro, hermoso de una manera que dolía un poco.

Avancé con cuidado y entonces lo vi. Trent estaba de espaldas al lago, con ropa ligera de entrenamiento, y la electricidad moviéndose alrededor de su cuerpo en descargas suaves que seguían cada uno de sus movimientos. No parecía controlarla, parecía ser parte de él. El corazón me dio un salto y por pura vergüenza retrocedí para esconderme entre los árboles, observándolo en silencio con una mezcla extraña de nervios y fascinación. No estaba luchando ni conteniendo, solo estaba siendo, y algo dentro de mí reaccionó.

—Puedes salir.

Su voz me sobresaltó mientras se giraba lentamente con una sonrisa, como si supiera que yo estaría allí. Salí despacio.

—No sabía que estabas aquí.

—Lo sé —su voz fue tranquila mientras se acercaba sin apuro.

—¿Qué es este lugar?”

—Un lugar donde no tienes que contenerte.

El silencio entre nosotros se volvió más cercano y señalé la electricidad que vibraba todavía alrededor de sus manos.

—¿Cómo haces eso?”

—No lo hago —bajó la mirada— dejo de impedirlo.

Sus palabras se quedaron conmigo mientras yo intentaba explicar que a mí me pasaba lo contrario, que al intentar controlarlo todo empeoraba.

—Porque lo estás enfrentando —me sostuvo la mirada— no es algo que tengas que dominar, es algo que ya es parte de ti.

El agua dentro de mí respondió apenas y le pregunté si a él le había pasado lo mismo. Hubo una pausa breve y su tono cambió al mencionar que el día del implante hubo un error que Norman corrigió, pero que no empezó ahí.

—Antes de la Academia… ya estaba. Desde siempre.

El agua dentro de mí reaccionó con fuerza ante esa revelación. Entendí entonces que Icy lo sabía y que por eso había reaccionado así conmigo, por puro miedo a que lo nuestro se hiciera visible.

—¿Y tú por qué me lo dices? —pregunté.

—Porque tú tampoco puedes ocultarlo.

Eso me dejó sin respuesta y supimos que teníamos que volver, pero antes de salir miré el lago una vez más sintiendo una calma que no existía en ningún otro lugar. Al salir nos esperaba Norman de pie como si supiera exactamente dónde habíamos estado.

—No deberían estar aquí, ninguno de los dos —su voz fue baja y segura— hay cosas que es mejor no hacer visibles. El Consejo observa más de lo que creen.

Sentí un escalofrío cuando nos advirtió que no todos los errores se pueden ocultar dos veces.

Cuando llegamos al salón principal Marín anunció desde las pantallas que mañana se publicarían los escuadrones y que recibiríamos la visita del Jefe de distrito. El ambiente cambió, se volvió pesado. Esa noche en mi habitación el silencio ya no se sentía igual: me acerqué a la ventana y al respirar el agua respondió de inmediato, no forzada ni contenida sino presente, real, moviéndose dentro de mí con una naturalidad inquietante. Cerré los ojos y por primera vez no sentí que estaba perdiendo el control; lo que sentí fue la sospecha de que tal vez nunca lo había tenido y que todo lo que yo había llamado control no era más que una ilusión que empezaba a romperse.




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