Wounds To Heal

3

Leila fue la primera en ser dejada en su casa, se despidió de sus amigos y le agradeció al chofer por haberla traído a casa. Sus amigos le aseguran que si algo pasa, solo basta un mensaje para que uno de ellos esté ahí en segundos, Leila asiente, prometiendo que los llamará.

Percibe la figura de su madre en la ventana, poco camuflada por las cortinas rojo vino. Por un segundo, ella pensó que Ryan no se iba a atrever a decir lo que pasó en el acantilado, fue una estúpida al pensar eso. Al abrir la puerta su madre se encuentra frente a ella, con los brazos cruzados, sus ojos llenos de ira y firmeza. En cuanto cierra la puerta, un manotazo choca con su cara a toda velocidad, su madre la obliga a mirarla antes de que siquiera pueda reaccionar.

—Lo que sea que estés haciendo, se acaba hoy. —sentencia, sus uñas incrustándose en la cara de su hija. —Pensé que solo eran tonterías mías, pero ya sé lo que te planeas.

Leila aleja la mano de su madre con firmeza

—Yo no estoy haciendo nada malo. —Se defiende. —No sé lo que te dijo él, pero no es cierto.

Su madre la toma del brazo bruscamente.

—No te hagas la estupida, Leila. —Dice su madre con poca gentileza. —Arregla las cosas con Ryan de inmediato.

La morena respira profundo, su mirada desafiante.

—No.

Pasa por el lado de su madre dirigiéndose a las escaleras, pero se detiene abruptamente.

—Por culpa de sus idioteces, Evangeline casi se muere —confiesa, los ojos de su madre se abren con asombro. —La tiró a un lago desde un barranco, y se fue sin mirar atrás. ¿Ese es el tipo de chico que quieres para mí, mamá?

Sin decir nada más, sigue subiendo las escaleras. Por los primero cinco minutos, la madre de Leila se queda pensativa por la revelación de su hija, y tiene razón. La empatía no tarda en desaparecer, en cambio, empieza a maquinar cosas. Planes que no favorecen a Leila, pero sí a ella y su marido.

˖*°࿐ •*⁀➷

Al día siguiente, después de pensarlo en la cama, en la ducha, en el comedor, Michael decidió ir a ver a Jessica a la Academia de Artes, donde ella se encuentra preparándose para su obra de teatro de este verano. Va al lugar de comida que le gusta a ambos, le compra su orden de siempre: una ensalada césar con tater tots en vez de croutons, y su café favorito.

Antes de salir del auto, piensa que aún necesita un detalle, así que toma un marcador y dibuja un ramo de tulipanes en la tapa del contenedor de plástico, o al menos trata de hacer lo mejor que puede.

Entra con toda la confianza del mundo, pero el lugar es tan inmenso que termina perdiéndose. Justo cuando está a punto de subir al tercer piso, una mano se posa en su hombro, un puño se forma en su mano libre, su mano se detiene abruptamente cuando nota que es Zack. El rubio chilla y da un paso hacia atrás.

—Idiota, un dia no me dará tiempo de verte y te romperé la cara.

El castaño rueda sus ojos, no es la primera vez que le da una advertencia sobre eso. Le explica el por qué está en el lugar y Zack con gusto lo lleva a donde Jessica se encuentra ensayando. El rubio le dice que la obra que han estado haciendo es “Legalmente rubia”, Jessica es la protagonista. Michael se sorprende y se siente culpable por no saber esos detalles tan importantes en la vida de ella. Al llegar al lugar también ve a Alex, parece estar editando fotos en su computadora. Zack le dice que Jessica está en el auditorio, justo enfrente.

Desde la ventanilla de la puerta, ve a la rubia sentada a orillas del escenario con el guión en mano, su cabello suelto es despeinado por un ventilador a unos metros de ella, las luces de seguridad la iluminan solo a ella. El crujido de la puerta al abrirse hace que ella dirija su atención hacia él. Sus grandes ojos azules se llenan de sorpresa, salta del escenario y deja el libreto atrás de ella en cuanto reconoce que es él. Michael levanta la mano mostrando la bolsa de comida, como si lo hubiera hecho miles de veces, pero es la primera vez. Se muerde el labio mientras se acerca a ella. Jessica juega con las mangas de su suéter amarillo pálido y se para frente a él.

—Tu ayuno termina a esta hora, ¿no? —murmura el castano.

Ella parpadea varias veces y se fija en la hora en el Rolex de él. Asiente lentamente, estaba tan sumergida en los ensayos que no se había percatado.

—Estaba ocupada, pero ya compraré algo.

Michael extiende su mano para que ella lo siga. Ambos salen y se sientan en una mesa de picnic que está afuera. Él le pasa la bolsa, la rubia la toma con desconfianza, sus dedos rozan por un momento. Sus labios se entreabren cuando ve la comida, es su orden favorita, incluso la bebida es perfectamente como ella la ordena. Sonríe con la comisura de sus labios, intentando ocultarlo

—¿Qué quieres? —pregunta ella con tono dócil, juega con el tenedor en sus manos.

Él sonríe de lado nerviosamente y se aclara la garganta. Ha estado pensando en la propuesta toda la mañana, dudando de cómo va a reaccionar ella. Sus ojos azules lo penetran con desconfianza, esconde sus nervios y toma una postura más segura. Lo que va a decir nunca fue trato de su acuerdo, pero no puede dejar de pensar en el tiempo que ambos pueden llegar a compartir fuera de una cama.

—¿Vamos al cine? Hay una película que creo que te gustará. —La toma de la cintura.

Jessica se queda en silencio, toma un sorbo de su bebida. Sus ojos evitan los de él, se fija en los pájaros que están volando hacia su nido.

—Te acordaste de mis órdenes. —Enarca una ceja.

—No es gran cosa… —murmura él.

Ella le da una pequeña sonrisa y se quedan en silencio, él piensa que su propuesta ha sido completamente tirada a la basura. Bueno, al menos no se quedó con las ganas de intentarlo. Sus hombros se tensan cuando ella se desliza más cerca. Jessica deja el tenedor en su plato y lo mira.

—¿A las 6:00 está bien?

꩜ ‧.°. 𖦹.°.‧ ꩜‧.°.𖦹 .°.‧



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En el texto hay: amigos, drama, humor amor

Editado: 16.03.2026

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