Y sin más, con tan solo una llamada, en las dos casas se forma un aire caótico que prevalecerá durante toda la tarde. Ropa por aquí, maquillaje por allá. El estrés en busca de perfección hace que las amenazas de puñetazos sean dichas cada cinco minutos.
El tema de la última media hora en la habitación de Evangeline fue qué tipo de maquillaje harían, Jessica y Evangeline decidieron hacer algo ligero. Sarah las ayudará con su cabello, Sarah con su cabello. Ahora, el problema es su vestuario para esta tarde. Lisa se ha encargado de tirar todo el closet de Evangeline al suelo hasta que lo único que queda es una bolsa llena de ropa.
—Esa bolsa es de mi ropa desechada. —la pelirroja se voltea, Sarah hace que su cabeza siga en la posición correcta para poder seguir cepillando su cabello.
Lisa saca una tela color zafiro, examina la tela y la extiende en la cama con una sonrisa determinada.
—Este vestido se ve muy bien.
Evangeline arruga su nariz. El enojo que su clienta provocó hace meses todavía está intacto.
—Ese lo hice hace meses para una chica que no me contestó nunca más.
Sarah ojea el vestido.
—Parece de tu talla, Angie.
Como han desechado todas sus otras opciones, el vestido es aprobado por Evangeline con una sonrisa, así que Lisa va a plancharlo, o al menos hace lo mejor que puede. Encuentran un corto y apretado vestido negro para Jessica, ella lo desecha diciendo que parece que irá a un funeral, ya que trajo zapatillas del mismo color. Evangeline le busca una chaqueta color amarillo palido y un moño blanco en su cabello que hacen que el vestuario dé un cambio radical. Jessica se mira en el espejo con una sonrisa mientras Leila ayuda a Evangeline con el zíper de su vestido, que está algo difícil de subir.
—Bueno, Alex tendrá que poner un poco de esfuerzo cuando te esté quitando ese vestido —murmura Leila.
Evangeline jadea, su cara es igual de colorada que su cabello.
—Oye, todavía hay tiempo para que te pongas lo que te regalé el año pasado.
Sarah saca una fina tela roja de uno de los cajones: una tanga que le había dado a Evangeline el año pasado para su cumpleaños número diecisiete. Evangeline trata de esconder su cara mientras sus amigas se burlan de ella. Jessica le arrebata la prenda a Sarah, riendo pero sacudiendo su cabeza al mismo tiempo.
—Deja a la pobre chica, no va a hacer eso hoy —mira a Evangeline. —¿Siquiera sabes si es una cita de verdad?
La pelirroja frunce el ceño levemente antes de mirar al suelo y negar lentamente. Por un momento, un milisegundo, lo pensó. Pero no tiene sentido, y... ella no tiene por qué querer que algo así pase.
—¿Por qué sería una cita? Me invitó y ya.
Ella se encoge de hombros, Lisa rueda los ojos y se pone de pie.
—Evangeline, Alex nunca lleva a nadie, una vez le ocultó a Damien que iba a fotografiar una exhibición de autos solo para no llevarlo.
La pelirroja sacude su cabeza.
—Seguro quiere compañía, es una fiesta —se encoge de hombros.
Después de eso, se voltea hacia el espejo a mirar su vestido. Esas palabras, parecen ser más para convencerse a ella misma que a sus amigas, quienes ya tienen ideas que para ella son completamente estúpidas. Así que deciden dejar de pulsar los botones de Evangeline y se dirigen hacia Jessica.
—¿Y tú? —instiga Leila. —¿A dónde te llevará Creed esta noche?
—No lo sé, no me dijo —dice la rubia.
Suelta sus palabras sin importancia, no quiere emocionarse porque si lo hace, terminará decepcionada. Siempre es así. Aunque él todavía no la ha decepcionado, puede llegar a hacerlo en cualquier momento. Después de todo, sigue siendo un adolescente estupido.
Además, tal vez solo quiere cambiar el orden de su rutina, pero no las acciones. Siempre se acuestan y cuando terminan la lleva a comer o le compra comida. Tal vez hoy querrá comer y después ir a su casa a hacer lo de siempre. Lo de siempre, eso nunca debe cambiar.
—Entonces, ¿es como una sorpresa? —pregunta Lisa.
—Tal vez.
Jessica se permite sonreír un poco, la idea de una sorpresa no le parece nada mal. Pero, ¿qué sorpresa podría darle? Ella no le ha dejado conocer nada más que su cuerpo. Leila empieza a rociar un perfume por todas partes, causando una tormenta de tos y estornudos.
꩜ ‧.°. 𖦹.°.‧ ꩜‧.°.𖦹 .°.‧
Al igual que las chicas, la habitación de los chicos no tiene nada planeado. Lo diferente es que ellas fueron ágiles encontrando su solución y calmando el estrés. Los chicos... no tanto. Con corbatas, trajes, y chaquetas de cuero por el suelo, la incoordinación se nota solo con escuchar los gritos desde el primer piso. El rostro de Alex está lleno de molestia al ver como Josh y Zack sacaron casi toda la ropa de su armario, todo para discutir sobre si una corbata es apropiada para la ocasión o no.
—¿Cuando has visto a a alguien con corbata en una fiesta estilo cocktail, idiota? —argumenta Zack, sacudiendo su cabeza con desaprobación.
Josh le tira la corbata a la cara.
—¡Tú no sabes nada de una fiesta estilo cocktail!
Zack da un paso hacia atrás, con su mano sobre su corazón.
—¿Acaso te acuerdas de quién es mi madre?
Josh enarca una ceja.
—¿Te acuerdas de quién es mi madre?
Como todo lo que tiene que ver con moda, ellos traen a sus madres a la mesa. Dos diseñadoras prestigiosas que trabajaron juntas una vez, se hicieron inseparables, y desde entonces hicieron que sus hijos sean inseparables también. La discusión de Zack y Josh sigue con insultos que salen naturalmente a toda velocidad.
Mientras tanto, Damien está parado en frente de Alex haciendo señas raras con sus manos, según él, midiendo los ángulos de su cara para saber que peinado hacerle, pero Alex está muy ocupado estresandose por el desastre en su habitación. Michael está a su lado acostado en la cama, mirando al techo con aburrimiento. Damien intentó acercarse a medirle la cara, pero con la mirada de piedra que le regaló Michael, no quiso insistir más.