Wounds To Heal

5

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Cuando los llevaron adentro para el tour digital y la comida ellos se concentraron tanto juzgando, que se olvidaron por completo de que partes del equipo de fotografía se quedó fuera en la terraza.

—Nuestros techos y paredes tienen un sistema anti sonidos por privacidad —el hombre saca un control de su bolsillo y aprieta un botón.

De pronto el estruendo de la lluvia llena el lugar.

—Ha estado lloviendo, y no escuchamos una sola gota caer.

Alexander y Evangeline comparten una mirada llena de pánico antes de correr hacia la puerta. Alex dejó parte de su equipo afuera por petición del dueño, que no quería tanto “aparataje” en el evento. Maldito viejo.

Abren la puerta del comedor al mismo tiempo, y como si fuera un instinto, se toman de la mano mientras corren hacia afuera. La lluvia cae a cántaros, el equipo está del otro lado de la piscina.

—Espérame aquí, ¿okay?

Alex la deja donde la lluvia no la puede alcanzar, pero son demasiadas cosas para él solo. Evangeline se quita sus tacones, hace caso omiso a las palabras del castaño y corre detrás de él.

—¿Por qué eres tan terca? —pregunta él, tomado su mano de nuevo, pero ella solo sonríe inocentemente.

Ella quiere cargar más, pero él sólo le permite tomar dos cosas, y a regañadientes ella se apresura al lugar techado. De milagro Evangeline encuentra un par de toallas y ambos empiezan a secar el equipo.

La concentración de Alex desvía hacia ella sin saber por qué. Tal vez sus ojos verdes resplandecientes bajo el cielo nublado, o tal vez su cabello, que aún estando mojado y desarreglado sigue siendo el más hermoso que ha visto. No. No. Sus pensamientos están yendo demasiado lejos. Su corazón… latiendo demasiado fuerte.

—No se van a descomponer, ¿verdad? —pregunta ella, sacándolo de sus pensamientos.

¿Qué mierda está pasando por su mente? Evangeline es su amiga, está fuera de alcance y no hay nada por alcanzar. La voz no le sale, ella no puede evitar notar el sonrojo en las mejillas del chico. Él sólo sacude la cabeza, sus ojos fijos en el suelo hasta que ella da un paso adelante.

Los ojos de Evangeline se encuentran con los de él, y de nuevo aparece esa repentina calidez en su pecho. Ella da otro paso sin pensarlo, y casi puede jurar que las respiraciones de ambos paran por más de un segundo.

Lleva la toalla hacia su cabello castaño y lo sacude con delicadeza. La mano de él se mueve hacia la cara de ella, secando sus mejillas suavemente, sus ojos siempre en los de ella, o en sus pecas.

Vuelve a la realidad cuando uno de los meseros abre la puerta, están buscando a Alex. Adentro se encuentra con el dueño del hotel, que le agradece por venir.

—Un gusto tenerlos aquí a ti y a tu novia —dice el hombre, mirando a Evangeline.

Ella se sonroja inmediatamente, la respuesta de Alex sale clara y firme:

—No es mi novia —dice el castaño en menos de un segundo—Solo es mi amiga.

Y esas palabras, no debieron afectar a Evangeline. Pero lo hicieron. Novia. Esa palabra nunca había sonado tan interesante. Si ese hombre lo pensó, hay una posibilidad de que… no. No, no hay posibilidad de nada. Nada de lo que ella quiera imaginar podrá ser real. Han sido amigos por años y amigos se quedarán.

El viaje a casa está cubierto por la suave música del radio, pero no como lo hizo de camino al hotel. Es una de las pocas veces en las que Alexander nota a Evangeline siendo tan silenciosa. La lleva hasta la puerta de su casa, todavía en silencio.

—Gracias por venir conmigo.

La mirada de ella viaja hacia él. Ni siquiera la luz de la luna puede opacar el brillo en sus ojos azules.

—No fue nada —murmura ella, la pregunta atascada en su garganta no puede evitar salir: —Te incomodó el comentario que hizo el señor, ¿verdad?

Alexander frunce el ceño al ver la timidez en la pelirroja. Está completamente equivocada y esta vez, él no se guarda las palabras que tiene para ella:

—No me incomoda, Evangeline —dice él suavemente. —Me halaga que piensen que alguien como yo, pueda estar con alguien tan maravillosa y hermosa como tú.

Ella sonríe tímidamente. Todo el aire retenido sale de su cuerpo en un suspiro, y la tensión que no sabía que tenía desaparece de sus hombros. Ella se acerca y lo abraza, y se siente como si ninguno de los dos quisiera soltarse.

Cuando pretenden hacerlo, sus brazos aún están alrededor del otro, sus rostros a escasos centímetros. Los ojos de Alex van hacia los labios de Evangeline, no por primera vez desde que ha empezado a reprimir sus sentimientos, pero por primera vez con impulso detrás de su mirada.

Cuando él se acerca más, su corazón salta como nunca lo ha hecho por él, o al menos ella no se había dado cuenta hasta ahora que solo salta así cuando está cerca de Alexander. Cuando piensan que sus labios por fin se posarán en los de ella, la calidez y el impulso en él se enfrían cuando sus ojos verdes son reemplazados por un par de zafiros, los de su madre.

Alex toma tres pasos hacia atrás, pone sus manos en sus bolsillos. Evangeline trata de esconder la confusión y el inevitable rubor en su cara.

—Uh… buenas noches —murmura él, evitando mirarla.

Evangeline se da la vuelta y entra a su casa, un escalofrío la llena cuando cierra la puerta. ¿Qué mierda pasó esta noche?

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Por los últimos cinco minutos, Jessica ha estado tratando de enseñarle a Michael como usar los palillos, pero él falla miserablemente.

—Es porque soy zurdo —dice él por milésima vez.

Ella ríe como las otras veces que él usó esa excusa, Michael rueda sus ojos. No le encuentra nada de gracia a la pequeña situación.

—Eso no tiene que ver, tonto.

—Tú no sabes lo difícil que es ser zurdo —se cruza de brazos.

—Claro que sé —dice ella, de repente seria. —Sé lo mucho que te cuesta limpiarte el culo.



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En el texto hay: amigos, drama, humor amor

Editado: 01.04.2026

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