El silencio que siguió a la maldición de Atrono fue tan denso que parecía que el aire de Xento se había convertido en plomo. Helia miraba a Atrono con los ojos como platos, olvidando por un segundo que su mejor amiga estaba tomada de la mano con el "enemigo".
—Puta sombra de las Tierras Bajas.
—¿Has... has dicho otra palabrota? —susurró Helia, parpadeando con incredulidad—. ¿El señor "Sintaxis y Protocolo" acaba de decir que esto es una mierda?
—Corrección dije Puta, no...
—Se entendió Atrono, se entendió—interrumpió Pietro.
Atrono no respondió de inmediato. Se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos con fuerza, como si estuviera tratando de reiniciar su cerebro. Su impecable compostura se estaba desmoronando; el nudo de su corbata de seda negra estaba ligeramente torcido y su aura de sombra vibraba de forma errática.
—Esto es apesta a mierda, Helia. Una mierda metafísica, teológica y logística —respondió Atrono, recuperando un poco de su voz de barítono, aunque ahora teñida de una fatiga milenaria—. Mi príncipe, el heredero de las Tierras Bajas de Siod... ¿Enamorado de una criatura que exhala purpurina y benevolencia? Si informo de esto, mi cabeza no será lo único que ruede por el suelo del abismo.
Pietro no soltó la mano de Caelia. Al contrario, la atrajo más hacia él, sintiendo cómo el corazón de la princesa latía contra su brazo.
—Entonces no informes, Atrono —dijo Pietro con una frialdad que cortaba—. Tú eres mi amigo antes que el siervo de mi padre.
Helia soltó un bufido que fue mitad risa, mitad sollozo de desesperación.
—¡¿Y qué pasa conmigo?! —exclamó, lanzando los brazos al aire—. ¡Dios me envió porque se supone que soy la que mejor conoce a Caelia! ¡Si se entera de que he estado aquí roncando mientras ella se dedicaba a... a esto! —señaló el espacio entre Pietro y Caelia con asco—. Me van a desplumar viva. ¡Me van a convertir en una paloma mensajera de verdad! Peor... ¡Me van a degradar!
Acto seguido Helia quedó en el suelo llorando tan lamentablemente.
—No, no quiero que me degraden, no quiero custodiar almas...es aburrido y huele raro.
Atrono le dio asco, Pietro no entendía nada y Caelia se moría de verguenza.
—No serás degradada—dijo Caelia sin mirarla.
Helia, tan pronto como lloró, volvió a estar feliz y despreocupada.
—Menos mal ¡Que bueno!
Caelia dio un paso adelante, soltando brevemente la mano de Pietro para acercarse a Helia. Sus ojos zafiro suplicaban comprensión.
—Helia, siempre dices y actuas como si las reglas son basura. Que lo único que importa es la fuerza de lo que sentimos. Pues esto es lo más fuerte que he sentido nunca. No es una debilidad, es... es lo que me mantiene cuerda en este lugar gris.
Helia miró a Caelia. Miró esa "flor delicada" que ahora se mantenía firme frente a ella. Por primera vez en semanas, el desorden de Helia se calmó. Vio la determinación en el rostro de su amiga y, por un segundo, la guerrera vulgar dio paso a la protectora feroz.
—Es una locura, Cae. Es una locura de proporciones de las santas escrituras —murmuró Helia, rascándose la cabeza—. Estás besando al tipo que te hizo una cicatriz.
—Él no quería hacerlo —intervino Caelia rápidamente—. Fue el teatro para ellos. Para los de arriba y los de abajo.
Atrono, que había estado observando la escena con una mirada analítica, dejó escapar un suspiro largo. —La situación es la siguiente: tenemos a dos herederos que han decidido cometer el acto de traición más estéticamente desagradable de la historia. Y tenemos a dos "vigilantes" que, por lealtad personal, están ahora implicados en dicho crimen por omisión.
Atrono miró a Helia. La ángel rosada le devolvió la mirada. Por primera vez, el odio racial y el desprecio intelectual fueron reemplazados por una comprensión mutua: ambos estaban metidos en el mismo fango hasta el cuello.
—Si ellos mueren, nosotros morimos —sentenció Helia, recuperando su tono brusco—. Porque si Siod o Dios se enteran de que esto pasó bajo nuestras narices y no los detuvimos... bueno, creo que preferiría que me arrancaran las alas a tener que explicarle esto al Creador. Por el señor espero eso a que me degraden.
—Por una vez, la criatura de cabello carmín tiene razón —admitió Atrono, haciendo una mueca como si le doliera estar de acuerdo con ella—. La supervivencia dicta que esta... "situación" debe permanecer dentro de los límites de este valle muerto. Pero, ¿cómo piensa en mantenerlo, príncipe...Pietro? Xento tiene ojos. Las proyecciones no siempre son lo que vemos nosotros.
Pietro apretó la mandíbula.
—Lo sé. Pero ahora que lo sabéis vosotros, podéis ayudarnos. Podéis cubrirnos cuando necesitemos... tiempo.
Helia soltó una carcajada seca.
—¿"Tiempo"? ¿Quieres decir que ahora mi trabajo es vigilar que nadie os vea mientras os dais el lote detrás de una roca? ¡Esto es humillante! ¡Soy una guerrera brillante, no una alcahueta de frontera!
—Y yo soy un lord de las Tierras Bajas —añadió Atrono, ajustándose finalmente el cuello de la túnica—, no un cómplice de un idilio prohibido que desafía toda lógica taxonómica.
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Editado: 06.01.2026