El sol de Xento, bañaba las paredes de la nueva casa con un resplandor de miel. El aire no solo olía a jazmín y ozono; ahora también olía a vida, a tierra removida y al sudor honesto de quienes se niegan a ser víctimas de su destino.
En la explanada frente a la casa, el sonido del acero chocando contra el acero rítmicamente rompía la quietud de la mañana. Pietro y Atrono estaban sumergidos en un duelo de entrenamiento. No era una lucha a muerte, sino una danza necesaria para mantener los reflejos afilados en un mundo donde la paz todavía se sentía como un préstamo que podía ser reclamado en cualquier momento.
Pietro se movía con la fluidez de una sombra, sus ataques eran rápidos y elegantes, herencia de su linaje real. Atrono, por el contrario, era una muralla de precisión. Cada vez que Pietro lanzaba una estocada, Atrono la desviaba con el mínimo movimiento necesario, su rostro congelado en una máscara de concentración absoluta. A pesar de que le faltaba un cuerno, su equilibrio era perfecto; se había adaptado a su nueva asimetría con la misma disciplina con la que organizaba la biblioteca.
A unos metros de distancia, sentadas sobre un banco de madera tallada, Caelia y Helia observaban la escena.
Caelia tenía una sonrisa tranquila, disfrutando de ver a Pietro recuperar su vitalidad. Pero Helia estaba... diferente. La ángel guerrera, que normalmente gritaba ánimos o criticaba la técnica de los combatientes, estaba inusualmente callada. Sus ojos dorados estaban fijos en Atrono. No en sus movimientos de espada, sino en la forma en que el sudor hacía que su camisa de entrenamiento se pegara a su espalda, o en la firmeza de su mandíbula cada vez que bloqueaba un golpe.
Helia inconscientemente se mordió el labio inferior, y sus alas se estremecieron levemente, soltando un par de pequeñas plumas plateadas.
Caelia, que siempre había tenido una sensibilidad especial para las emociones ajenas, notó el cambio de inmediato. Observó a su amiga y luego miró a Atrono. La conexión fue instantánea en su mente.
—Se mueve bien, ¿verdad? —soltó Caelia con un tono casual, pero cargado de intención.
Helia dio un respingo, como si la hubieran pillado robando fruta de luz.
—¿Qué? Ah, sí. Su técnica de defensa es... aceptable. Aunque deja el flanco izquierdo demasiado expuesto cuando intenta un contraataque de bajo ángulo. Es un testarudo de la lógica, ya sabes.
Caelia soltó una risita suave y se inclinó hacia ella.
—No estaba hablando de su técnica de espada, Helia.
Helia se puso roja, un tono carmesí que contrastaba con su piel pálida. Intentó recuperar su porte de guerrera, pero sus manos jugueteaban nerviosas con el mango de su lanza, que descansaba a su lado.
—Caelia, por todos los coros celesti¿es eso lo que sientes? ¿Es así como me veo yo cuando miro a Pietro?ales, no empieces —murmuró Helia, bajando la voz—. Es un demonio. Un demonio con un complejo de orden obsesivo que probablemente tiene un horario para parpadear.
—Y un demonio que te escuchó anoche, que se quedó contigo hasta el amanecer y que, si no me equivoco, ahora ocupa más espacio en tus pensamientos que tus propias patrullas —replicó Caelia con ternura.
—¿Cómo lo...?
—¿Supe?—interrumpió ella—. Los escuché anoche.
Helia guardó silencio. Miró hacia el duelo. En ese momento, Atrono esquivó un golpe de Pietro con un giro elegante, su cabello oscuro ondeando al viento. El corazón de Helia dio un vuelco que le dolió en las costillas.
—¿Es eso lo que sientes? ¿Es así como te vez cuando miras a Pietro?
—Es una linda sensación ¿No?—dijo ella con una sonrisa en su rostro, una dulce y afectuosa.
—Me siento como si me hubiera vuelto loca —confesó Helia, enterrando el rostro entre sus manos, mientras sus alas se movian torpemente—. No tiene sentido. Se supone que somos polos opuestos. Se supone que debería estar irritada por su sola presencia. Pero cuando me mira cuando habla... o cuando puso esa cara de idiota cuando le dije que era un presuntuoso... siento que mis alas pesan una tonelada y que el aire de Xento no es suficiente. ¿Es esto, Caelia? ¿Es este el "desastre" que tienes con Pietro?
Caelia tomó la mano de su amiga y la apretó con cariño.
—No es un desastre, Helia. Es estar viva. Durante toda nuestra existencia nos dijeron que el amor era un orden sagrado o un pecado oscuro. Pero aquí... aquí es simplemente lo que sucede cuando dos almas dejan de luchar contra sí mismas. Si te gusta, ¿Por qué no se lo dices? O al menos, ¿por qué no intentas acercarte?
—¿Acercarme? —Helia soltó una carcajada nerviosa—. ¿Has visto a ese demonio? Si no le hablas en códigos lógicos o en protocolos de seguridad, cree que le estás pidiendo que recalcule la órbita de un planeta. No sé cómo... cómo hacer esas cosas que haces tú. Yo solo sé pelear y gritar.
Caelia arqueó una ceja, con una chispa de travesura en sus ojos.
—Bueno, para eso tienes a una experta en amores imposibles a tu lado. Vamos a enseñarle al Noble Caballero que hay cosas que no se pueden organizar en una estantería.
El entrenamiento terminó poco después. Pietro y Atrono se acercaron a las chicas, jadeando ligeramente y limpiándose el sudor con toallas de lino.
#5027 en Novela romántica
#1317 en Fantasía
fantasía amor personajes sobrenaturales, romantasy, romance +16
Editado: 06.01.2026