Xerxes: Domador de Sombras

CAPÍTULO II. Lo que significa ser el hijo de un rey

DARIEN

LA CAVERNA DE XANTHOS era una cavidad de piedra gris, desprovista de cualquier rastro de civilización, al este de Makán. El clima siempre húmedo traía consigo un suelo duro y cubierto de musgo, rodeada a su vez de una salvaje vegetación que parecía estar a pocos centímetros de tocar el cielo. Aunque antiguamente fue una colina próspera, gracias al enfrentamiento de hace más de cien años, cualquier atisbo de vida animal se esfumó, dejando consigo rezagos de aire vaporoso que se pegaba en la piel.

El séptimo grupo llegó al amanecer del quinto día de la expedición, recibidos por una guardia armada hasta los dientes. La entrada era un arco de al menos tres metros de altura, con la anchura necesaria para que tres carrozas se abrieran paso al interior. Pero conforme te internabas en él, las paredes se volvían más estrechas, y por ende era difícil andar entre los pasillos. Los diversos agujeros en el techo permitían la entrada de la luz natural, aunque también se contaba con antorchas encaramadas en las paredes para no perder la vista.

Sin importar que esa no era la primera vez que Darien ingresaba, permanecía aquella sensación desagradable. Tener a tantos prisioneros de miradas agudas sobre los recién llegados era inquietante, por lo que decidió pedirle a Egbert que se hiciera cargo de encerrar a los nuevos en sus respectivas celdas, mientras él terminaba el papeleo con el director de la prisión.

—Dice que son cuarenta, ¿verdad?

Aunque no lo parecía, el director estaba sorprendido, ojeando una y otra vez la lista de criminales capturados. Las arrugas sobre la frente, consecuencia de llevar un gesto enfadado durante una vida entera, se pronunciaron todavía más. Darien infló el pecho con orgullo y ocultó su sonrisa triunfal. Incluso si lo intentaba, no podía evitar la satisfacción de haber sido la misión con más brujos capturados en una noche. El director, todavía incrédulo, firmó de enterado y lo dejó irse. Pero antes de poder regresar a su hogar debía asegurarse de que todo concluyó satisfactoriamente.

Se acercó a la sección 0016, en donde sus cuarenta reos fueron despachados. Ubicada en el ala suroeste de la prisión, justo donde era más difícil respirar gracias a la disminución de oxígeno. Esta era una medida necesaria y una de las razones por las que la cárcel fue construida en aquel lugar. No importaba cuántos trucos aprendieran los brujos en toda su vida, seguían necesitando del oxígeno para sobrevivir. Eso, adicionado a los supresores de magia, eran los ingredientes que Volkia utilizaba para tratar con los brujos más despreciables del reino.

La razón principal por la que la prisión de Makán se encontraba ahí era algo banal en opinión de Darien, pues fue allí donde el rey Xanthos se ganó el derecho a la corona tras derrocar al antiguo monarca. Un combate sin oportunidad de revancha, ganado por un hombre hinchado por su ego, quien dio nombre a la mismísima penitenciaria para que así todo criminal que osara romper sus reglas lo recordara por el resto de su vida.

—Los grilletes se mejoraron recientemente con acero reforzado y ya se les aplicó la brugmansia.

Mientras uno de los guardias relataba las novedades, Darien echaba un vistazo de reojo a las celdas dispuestas a su lado. En cada una de ellas, al menos cuatro prisioneros se repartían el espacio, con miradas cargadas de odio y el fétido aroma de sus cuerpos sucios. Tan sólo ver la apariencia lastimera, no podía dar crédito al comportamiento bestial con el que se condenaron. Lo había de todo: desde chicos que apenas cumplían los quince años, hasta octogenarios de piel flácida y huesos frágiles. Por más que lo pensara, le parecía increíble, casi inhumano.

—¿Cuántos han sido trasladados al reformatorio? —preguntó entonces, pendiente de las celdas vacías a su lado. No eran demasiadas, pero la ausencia de reos ya era llamativa.

—Una docena esta semana.

A pesar de la falta de oxígeno y la tensión resultante de las miradas filosas a su alrededor, el único sonido presente era la voz titubeante del guardia y las pisadas de ambos al avanzar. Ni siquiera las respiraciones pesadas hacían eco. Vivir ahí debía ser una tortura, pensó él, sin olvidar ni un segundo que no eran personas honorables, pero consciente de lo horrible que debía ser pasar días enteros en Xanthos.

Cuando estuvieron a punto de terminar su paseo en la sección, un repentino agarre en su muñeca lo detuvo. Darien no se percató de lo cerca que se hallaba de las celdas hasta ese momento y, al agachar la cabeza, encontró una mano firme y llena de rayones negros. Poco a poco sus ojos estudiaron a la persona a quien le pertenecía: un hombre joven, de complexión ancha —presumiblemente fuerte—, y una mirada inquietante. Era como si unas pesadas nubes de tormenta se arremolinaran en el interior de sus iris, mas no había rastro de furia en ellos, tampoco de súplica, sino que daba la impresión de analizar todo lo que veían: con apenas un segundo, Darien sintió que aquel criminal fue capaz de ingresar a su mente y desentrañar sus pensamientos.

Con eso en mente, retrocedió con brusquedad, sin ser capaz de emitir palabra alguna. No hizo falta. El guardia que lo acompañaba reprendió con una patada al brujo antes de que pudiera esconder la mano dentro de la celda.

—¡¿Cómo te atreves a tocarlo, sucio animal?! —gritoneó el guardia.

—Ya está bien —Darien habló tras recomponerse—. No vale la pena.

—Sí, señor.



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En el texto hay: sombras, boyslove, fantasia aventura

Editado: 25.03.2026

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