Ximantsi 2. Bajo la luna de Ximantsi

El hñato

Un destrozado Bosthi encendía la pila funeraria donde se incineraría a su difunta esposa. Los hijos de ellos, ambos hechiceros, hicieron que algunas de las ramas encendidas se elevaran y estallaran en el aire como fuegos artificiales en honor a su madre. El funeral fue llevado a cabo en la isla original que Ndomi había creado, por lo que estaban presentes todos los miembros del círculo de protectores.

Kuamba y Noho observaban con lágrimas en los ojos los últimos momentos de su nieta en Ximantsi, pero aun con el corazón destrozado, Kuamba se acercó a Bosthi en un vano intento por aliviar su dolor.

―Desde que te soñó ella quedó perdidamente enamorada de ti ―le dijo―, y en esos dos niños, está el fruto de ese amor. Sabes que no es el final del camino, en algún otro mundo, ella te estará esperando.

―La espera será eterna ―respondió él, devastado―. Las cenizas fueron vertidas en un framboyán cercano a la casa de Kuamba.

―Estoy seguro de que mamá hará que emerjan flores sagradas de ese árbol ―dijo uno de sus hijos―. Combinado con las flores naranjas hará un árbol precioso.

―Odio tener que volver a la realidad en un momento como este ―dijo Ndomi dirigiéndose a Bosthi―, pero tenemos algunas cosas qué atender urgentemente. Primero, tanto tu familia como la de tu hermano deben venir a vivir, ya sea a esta isla o a la réplica. No pueden quedarse en la aldea con los tuki. La república no va a detenerse, en cuanto vean que los guardias comisionados no regresaron, enviarán más gente a buscarlos.

―Sí, lo hemos pensado ―dijo Bosthi―. Luego del funeral de Yich los tuki reubicarán su aldea para evitar que los culpen de complicidad. Se tomará la aldea como abandonada y ningún mboho sabrá que ellos son nuestros aliados.

―Lo segundo es que los videntes y sacerdotes han encontrado una energía bastante negativa en el Hemi. Tememos que las almas que escaparon del palacio están rondando libres por el bosque.

―No tengo idea de cómo lucharemos con esos espíritus malignos ―suspiró Kuamba―, va a ser bastante difícil.

―Lo lograremos ―dijo Noho―. ¿Alguien ha tomado en cuenta que todos los chicos que han nacido desde que cerramos el círculo, son hechiceros?

―¿Hechiceros? ―dijo Ndomi, frunciendo el entrecejo

―Desde que creaste esta isla y encontraste a Bosthi, Hojai y Xingu, de los miembros del círculo han nacido veintitrés nuevas vidas, incluyendo a Feza y Mbanga. Todos son hechiceros, sin excepción alguna y, aunque aún son muy jóvenes, estoy seguro de que los espíritus nos ayudan a prepararnos para vencer cualquier adversidad.

―Pero ninguno está preparado ―dijo Bosthi―. A todos ellos los hemos alejado de la maldad, y por ende no saben lidiar con ella. Feza y Mbanga lo demostraron, ambos tienen un poder único, pero fueron incapaces de comprender al enemigo contra el que luchaban, y en esa confusión, dejaron de defenderse.

Mientras los adultos discutían, Mbanga y Feza observaban a hurtadillas desde la puerta de la casa de Kuamba.

Cuando Feza cumplió cuatro años se mudó a la réplica de la isla, con su padre. Mbanga y Feza crecieron juntos y la conexión que había entre ellos era tal que no necesitaban hablar para comprenderse, simplemente se miraron uno al otro, asintieron y se encaminaron por las calles adoquinadas de la isla.

Los adultos aún discutían algunos planes cuando fueron interrumpidos por Handi.

―¡Algo está pasando! Los sacerdotes han detectado un cúmulo de energía negativa en el Made. Creo que las almas perversas están buscando viajar a Notse para unirse con los zuthus.

―¡Rápido! ―ordenó Ndomi―, vayamos al puerto. Necesitamos viajar…

―No me has dejado terminar ―los ojos de Handi se llenaron de lágrimas―, todos nuestros hijos desaparecieron, uno de los barcos fue robado.

―Pero ¿qué demonios? ―Bosthi salió de inmediato llamando a sus dos hijos.

―No están ―dijo Handi―, ninguno de ellos.

―Aun cabe la posibilidad de que fueran ellos quienes tomaron el barco ―dijo Ndomi― Estoy seguro de que estarán bien, tenemos que viajar al Made y ver cómo neutralizar a esas almas. Hojai, arma una comitiva para que vayan a buscar a los muchachos.

Con una angustia tremenda, Kuamba, Noho, Ndomi y Bosthi viajaron hacia el Made, en una de las naves de Hojai. En efecto, conforme se acercaban más se sentía aquella sensación de muerte, algo muy perverso estaba en el remolino central de la luna.

Lo que ahí encontraron, les quitó el aliento, cientos de almas descompuestas, llenas de heridas y con rictus de dolor y odio en sus rostros formaban una especie de malla que se elevaba por el halo de energía del Made.

―¡Por todos los espíritus! ―chilló Kuamba― ¡Son demasiados!

―¿Cómo haremos para evitar que crucen? ―gritó Bosthi.

De repente, los espíritus malignos se quedaron quietos, con los ojos desorbitados. Comenzaron a flotar en línea recta rumbo a un arrecife coralino.

―¿Qué es lo que pasa? ―preguntó Kuamba

―No lo sé, pero tenemos que seguirlos. ―Ndomi hizo girar la nave.

Había gritos de terror entre los espíritus, angustiados, la tripulación observó que de entre el arrecife, tentáculos gigantes salían del mar. Los espectros eran tragados por aquel fenomenal molusco. Todo terminó en pocos minutos. Entre el agua estaban Feza, Mbanga y un par de decenas de niños y adolescentes que rodeaban la criatura con tentáculos, tomados de la mano en un círculo.

―¿Qué demonios pasó aquí? ―preguntó Ndomi saltando al agua.

―Fue idea de Feza ―dijo Mbanga―, tú le platicaste sobre el hñato, esa criatura que ayuda a las almas de los bada a cruzar el umbral de la muerte. Sólo engañamos a las almas con un conjuro, para que el hñato los obligara a partir de este mundo.

―¿El hñato? ―exclamó Ndomi―. Me había olvidado por completo de esa criatura. ¡Oh Feza, esa fue una idea genial! Pero… ¡Se arriesgaron demasiado!




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